El G-20 y sus mentiras sobre la agricultura y la alimentación Download PDF Document Tools

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Author: Acción por la Biodiversidad, GRAIN y CALISA
Date: 05 July 2018
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Acción por la Biodiversidad, GRAIN y CALISA | 05 July 2018 | Biodiversidad 97 / 2018-3


Argentina propuso para la Cumbre del G-20 tres ejes: “el futuro del trabajo, infraestructura para el desarrollo y un futuro alimentario sostenible”. En relación al eje “un futuro alimentario sostenible” plantea que:

“la seguridad alimentaria es un eslabón importante para lograr estabilidad y paz. En ningún otro caso la seguridad y el desarrollo están tan evidentemente interconectados y se refuerzan mutuamente como en los alimentos. Satisfacer las necesidades nutricionales de las poblaciones futuras requiere una manera sostenible de aumentar la productividad agrícola. Suelos sanos, fértiles y productivos son necesarios para la seguridad alimentaria y la salud humana, y su preservación resulta crucial para el desarrollo sostenible y para la vida en nuestro planeta”

Pensamos que es fundamental desarmar este discurso perverso de Cambiemos que utiliza un lenguaje despolitizante, engañoso, de “autoayuda”, maquillando con términos y expresiones que vacían de contenido político cualquier mensaje, ocultando el entramado del poder político y económico para aplicar con legitimidad las peores políticas neoliberales. Estas políticas son las que, con diferentes matices, dominarán el escenario de la reunión del G-20 el 30 de noviembre y 1 de diciembre en Buenos Aires.

En primer lugar, es importante vincular este tercer eje con el segundo, infraestructura para el desarrollo. La infraestructura que se plantea impulsar en la región y a nivel internacional (como es el caso del cinturón verde o ruta de la seda china) es infraestructura para el extractivismo y el traslado de mercancías de exportación agrícolas de una parte a otra del mundo.

La continuidad de las Venas abiertas de América Latina se hace hoy más vigente que nunca. Y los planes existentes como el IIRSA-Cosiplan (fuertemente cuestionados durante las últimas dos décadas por las organizaciones sociales) se verán reforzados ahora con las nuevas iniciativas de participación público-privadas (PPP) que facilitarán aún más los negocios de las empresas de las que el equipo gobernante es parte.

Revisemos punto por punto el discurso de la propuesta:

“Un futuro alimentario sostenible”: un discurso alejado de la realidad y desmentido desde ámbitos científicos e internacionales, que desconoce que son las políticas que el G-20 promovió hasta el presente las principales causantes del desastre socioambiental y nutricional que hoy sufre la humanidad. La crisis climática, la masiva pérdida de biodiversidad, la degradación y contaminación dramática de los suelos, recién denunciada por la FAO, o la situación de más de la mitad de la humanidad sufriendo hambre, malnutrición, obesidad o sobrepeso y enfermedades crónicas no transmisibles asociadas al modelo productivo dominante y los alimentos industrializados ultraprocesados que él mismo impone, son indicadores que hacen que esta Cumbre merezca el mayor de los repudios.

“La seguridad alimentaria es un eslabón importante para lograr estabilidad y paz”: más mentiras e hipocresía. No se puede pensar en estabilidad y paz cuando a quienes producen la mayor parte de los alimentos les están expulsando de sus territorios y persiguiendo y envenenando por parte del agronegocio.

“En ningún otro caso la seguridad y el desarrollo están tan evidentemente interconectados y se refuerzan mutuamente como en los alimentos”: la noción de “desarrollo” es un absurdo cuando para lograr el “desarrollo” de los países poderosos necesitaríamos de 5 planetas tierra.

 “Satisfacer las necesidades nutricionales de las poblaciones futuras requiere una manera sostenible de aumentar la productividad agrícola”. Se parte de la falacia de que la solución pasa por “aumentar la productividad” cuando es claro que la problemática de la alimentación a nivel global no tiene absolutamente nada que ver con el aumento de la productividad, sino que es centralmente un problema de acceso, derivado de los niveles de desigualdad de riqueza y poder, inauditos en la historia de la humanidad.

“Suelos sanos, fértiles y productivos son necesarios para la seguridad alimentaria y la salud humana, y su preservación resulta crucial para el desarrollo sostenible y para la vida en nuestro planeta”. El reciente informe de la FAO sobre los suelos muestra que es el modelo vigente e instrumentado por el G-20 el que está amenazando los suelos del mundo. Más allá del discurso, veremos ahora como las propuestas siguen siendo las mismas que provocaron este problema.

Es importante detenernos un momento en la Declaración que hicieron desde el G-20 el año pasado (Declaración de los Líderes del G-20 Alemania 2017, Hamburgo) en relación a la “seguridad alimentaria”: Para lograr la seguridad alimentaria, nos comprometemos a aumentar la productividad y resiliencia agrícolas de forma sostenible, apuntando, al mismo tiempo, a proteger, gestionar y utilizar el agua y los ecosistemas acuáticos de forma eficiente”.

Pero nada tiene que ver el aumento de la productividad con resolver el problema del hambre en el mundo ¿Cómo pueden ignorar los gobiernos que integran el G-20 que se producen alimentos suficientes en el mundo como para alimentar a 12 mil millones de personas y que más del 30 % de lo que se produce va a parar a la basura?

Una vez más se encubren los verdaderos objetivos: seguir alimentando al monstruo del agronegocio, pero adornando los discursos con palabras apropiadas para engañar a las grandes mayorías: “resiliencia, forma sostenible, proteger, gestionar y utilizar el agua y los ecosistemas”.

El discurso se cae a pedazos en la medida en que se analizan los indicadores actuales que muestran que el agua potable, los suelos, los ecosistemas, los bosques y el clima están sufriendo daños que muy pronto serán irreversibles.

Para ver cuál es la propuesta de fondo del G-20 es necesario dirigirse al Capítulo de la declaración que habla de Comercio e Inversiones. Allí se explicitan cuáles son las políticas con las que el G-20 piensa impulsar la “seguridad alimentaria”. Echémosles un vistazo:

Comercio e inversiones: El comercio y las inversiones internacionales son importantes motores para el crecimiento, la productividad, la innovación, la generación de empleo y el desarrollo. Mantendremos los mercados abiertos advirtiendo la importancia del comercio recíproco y mutuamente beneficioso, los marcos de inversión y el principio de no discriminación, y continuaremos combatiendo el proteccionismo, incluidas todas las prácticas comerciales desleales y reconociendo el rol de los instrumentos legítimos de defensa del comercio en este sentido […]

Nos esforzaremos por garantizar reglas de juego equitativas, en especial mediante la promoción de un entorno favorable al comercio y a la inversión en este sentido […]

Estamos dispuestos a intercambiar experiencias sobre la reducción de los costos de adaptación a la liberalización del comercio y las inversiones […]

Reconocemos que los beneficios del comercio y las inversiones internacionales no se han expandido lo suficiente.

El enfoque es el mismo que se impulsa desde la OMC y los tratados de libre comercio: liberalización del comercio, apertura a inversiones, trato nacional para las corporaciones y sobre todo profundización de este modelo.

Las consecuencias ya las hemos compartido el año pasado frente a la Cumbre de la OMC:

1. Transformar los alimentos, la agricultura y las semillas en meras mercancías.

2. Producir alimentos allí donde es más barato hacerlo abriendo paso a las corporaciones del agronegocio con sus sistemas agrícolas industriales.

3. Se impone un sistema industrial de producción, consumo y comercio que prioriza los beneficios económicos por encima del medio ambiente con la consecuente destrucción de los ecosistemas.

4. Pérdida de la autonomía de los países y de las autonomía locales y los derechos sobre los territorios, permitiendo la privatización de todos los bienes naturales (semillas, agua, tierras, saberes).

5. Finalmente, la expulsión (muchas veces a través de la violencia directa) de las comunidades locales campesinas e indígenas.

Por todo ello, decimos una vez más que frente al modelo agroindustrial dominante promovido por el capitalismo y sus más feroces representantes, el G-20, es necesario, urgente y posible que los pueblos nos unamos para construir, desde abajo, relaciones que disputen y hagan posible otros modelos de vida y organización social, y otro modelo de producción y alimentación basado en la soberanía alimentaria y la agroecología de base campesina que sirva para satisfacer las necesidades de nuestros pueblos y no del capital.

¡Por pueblos soberanos, libres,
con suelos sanos, plantas sanas,
animales sanos y alimentos sanos!

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