En la Apertura del II Simposio Internacional  sobre Agroecología convocado por la FAO en Roma del 3 al 5 de abril, La Vía Campesina se manifestó en pleno con una puntualización crucial: “sin nuestros pueblos no hay agroecología”, porque es un hecho que sin los saberes y prácticas agrícolas ancestrales que son legado de las comunidades indígenas no habría eso que hoy llamamos agricultura agroecológica.

En el encuentro participaron cerca de 400 personas, entre responsables de políticas y representantes gubernamentales, profesionales de la agroecología, investigadores y académicos, y gente de la sociedad civil. La Vía Campesina participó con una amplia representación de organizaciones campesinas de 13 países de África, Asia, América y Europa.

Según sus objetivos expresos, el centro del simposio era impulsar la agroecología —del diálogo a las actividades regionales y nacionales— y brindar la oportunidad de intercambiar ideas y experiencias, y analizar políticas y acciones que apoyen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de FAO.

En el marco de políticas de la FAO, y según la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, existe la exigencia de transformar “los sistemas alimentarios y agrícolas integrando tres dimensiones: ambiental, social y económica”, y requiere que las personas sean “agentes críticos del proceso de cambio”.

Según la Iniciativa para ampliar la escala de la agroecología y transformar la alimentación y los sistemas agrícolas, (1) documento que se presentó durante el Simposio Internacional, “La agroecología es clave para transformar los sistemas alimentarios y agrícolas. Hay un creciente conjunto de evidencias científicas y experiencias locales que demuestran que facilita y contribuye a las transiciones hacia sistemas alimentarios y agrícolas ambientalmente sustentables, económicamente justos y socialmente equitativos”. En el documento de FAO, la agroecología “aborda las dimensiones ambiental, económica y social de los sistemas agroalimentarios y persigue soluciones innovadoras e integrales [holísticas] a los problemas interrelacionados de la pobreza, el hambre y la malnutrición, el abandono rural, la degradación ambiental y el cambio climático”. Según FAO, esta agroecología “reconoce y reúne el conocimiento y la experiencia de diversos actores, incluyendo mujeres, jóvenes, agricultores, pescadores, pastores, comerciantes, consumidores, responsables políticos, científicos y ciudadanos”. (2)

Esto significaría, llanamente, que la agroecología es vista por FAO como herramienta que “contribuye directamente a diversos ODS: erradicar la pobreza y el hambre, asegurar una educación de calidad, alcanzar la igualdad de género, incrementar la eficiencia del uso del agua, promover un trabajo decente, asegurar la producción y el consumo sostenible, aumentar la resiliencia económica y frenar la pérdida de la biodiversidad”. (3)

En la apertura del Segundo Simposio Internacional de Agroecología de la FAO en Roma, representó a la sociedad civil a nivel global (con un discurso en la plenaria) Rilma Román, delegada de La Vía Campesina e integrante de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) de Cuba, que forma parte de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y La Vía Campesina.

Rilma Román impulsó el escalamiento y multiplicación de la agroecología en toda Cuba logrando la organización social de los territorios mediante la metodología de aprendizaje horizontal “de campesino a campesino”, un movimiento agroecológico dentro de la ANAP que logró que la mitad del campesinado cubano hiciera agroecología en apenas quince años.

“La agroecología no es algo nuevo. Es fruto de la sabiduría de los pueblos originarios que se fortalece hoy con el rescate de prácticas e innovaciones campesinas, el cuidado de la Madre Tierra y la producción de abundantes alimentos saludables para nuestros pueblos”, afirmó Rilma con toda claridad durante su discurso y recalcó que los movimientos sociales y la sociedad civil organizada tienen una visión común de la agroecología, construida en el encuentro de soberanía alimentaria en Nyéléni, Mali en 2015, e insistió: “este tipo de agricultura es el legado que nos han dejado los ancestros; la agroecología campesina y popular abreva y genera saberes locales, promueve identidad campesina e indígena y fortalece la economía local campesina promoviendo la justicia social. Es una alternativa poderosa ante el modelo alimentario industrial que ha generado una crisis económica, política, social y ambiental. No es únicamente una forma de producir ni un conjunto de técnicas, es un modo de vivir que se adapta a cada lugar, a cada territorio y a sus características sociales y ambientales únicas”.

También resaltó el rol vital de las mujeres en la producción de alimentos, en los cuidados cotidianos y en promover una agricultura agroecológica: “Las mujeres son protagonistas activas en nuestra agroecología”, afirmó. También recalcó que “la agroecología es política, y significa el derecho al agua, a la tierra, a las semillas, y demás bienes naturales”. “Para nosotras y nosotros”, dijo, “escalamiento o multiplicación significan tener cada vez más campesinos y campesinas practicando agroecología en más espacios y en territorios campesinos agroecológicos completos”. La agroecología de los pueblos promueve valores compartidos, no utiliza transgénicos ni agrotóxicos u otras tecnologías dañinas. “Se construye y se comparte a través del diálogo de saberes, mediante una educación popular, en la metodología de campesino a campesino, y en las escuelas campesinas de agroecología construidas y conducidas por las propias organizaciones y movimientos sociales”, enfatizó.

También denunció la alarmante ola de criminalización de las y los luchadores sociales quienes incluso son asesinados por defender sus territorios “Reclamamos paz al mundo. Con la  guerra no podemos hacer agroecología”, recalcó.

Rilma Román resumió la historia del éxito nacional del movimiento agroecológico en Cuba, con el que ha podido enfrentar el bloqueo económico de 60 años impuesto por Estados Unidos —gracias a que el gobierno cubano históricamente apoya al campesinado con políticas públicas y con un proceso de reforma agraria popular amplísimo.

Esa historia comenzó con la fundación de ANAP el 17 de mayo de 1961 “por voluntad y decisión expresa del campesinado cubano, como la organización de masas de los cooperativistas, campesinos y sus familiares, cuyos intereses económicos y sociales se corresponden con el desarrollo armónico de la construcción del Socialismo; sus proyecciones están basadas y orientadas hacia el cumplimiento de la política agraria de la Revolución” y ahora cuenta con 4 mil 331 organizaciones de base que agrupan a 331 mil 874 asociados, de los cuales 35 mil 971, el 11%, son mujeres, según datos aportados por su propio sitio electrónico. (4)

Rilma enfatizó: “Somos campesinos y campesinas felices, y hemos logrado involucrar a más de 300 mil familias campesinas en la agroecología (la mitad del campesinado cubano), con gran impacto en la producción de alimentos” y en la construcción de soberanía alimentaria.

No dejó de alertar en torno a las tendencias corporativas mundiales que en aras de mantener el control de la agricultura y la alimentación sin dejarle espacio a la agricultura independiente asumen un discurso agroecológico por capturar la narrativa de la sustentabilidad.

Rilma Román dijo: “¡Sin nuestros pueblos no hay agroecología! La agroecología la construyen nuestros pueblos y organizaciones, en nuestros territorios”.

Previo al Simposio, miembros de la sociedad civil se reunieron con el director general de la FAO, José Graziano da Silva, y expresaron preocupación por los intentos del agronegocio y las transnacionales de cooptar técnicas de la agroecología y “pintarse de verde”.

José Graziano respondió que no había que preocuparse por los agronegocios que “ni siquiera son una categoría de análisis” y que “la agroecología tendrá que salir del gueto y asumirse en la corriente principal”, dejando de ser marginal. Otro funcionario de la FAO comentó que “el sector privado también está definiendo la agroecología, y esto no lo podemos parar”.

Lo real es que para la sociedad civil participante en el encuentro es central esta preocupación por este “robo” del relato agroecológico, por su mercantilización por parte de las corporaciones. Es un hecho que para una gran mayoría, la agroecología verdadera tiene un sujeto social que es el campesinado, los pueblos originarios, los pastoralistas nómadas, las comunidades que se dedican a la pesca artesanal y a la agricultura urbana y otros productores de alimentos en pequeña escala.

Gilbert Houngbo, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), mencionó que “los pequeños agricultores producen más de la mitad de todos los alimentos del mundo en sólo 30% de la tierra. Y tienen la capacidad de producir mucho más”. E instó a cambiar de paradigma “para no ver la naturaleza como amenaza” pues la agroecología “es una forma de combatir la actual pérdida de biodiversidad y promover dietas saludables, por lo que insistió en apoyar proyectos de alcance global con inversiones y políticas”.

El exministro francés socialista de Agricultura, Stéphane Le Foll, subrayó que la agroecología es un “proyecto colectivo que se apoya en experiencias diferentes en función de los ecosistemas”, y reclamó tomar en cuenta las experiencias de los agricultores que tan bien conocen esos ambientes.

Graziano da Silva llamó a emprender una transición agroecológica global. Señaló que desde la Revolución Verde la producción de alimentos se enfocó en sistemas agrícolas de altos insumos químicos (como pesticidas y fertilizantes) y uso intensivo de recursos, con “un alto impacto ambiental”, donde “el suelo, los bosques, el agua, la calidad del aire y la biodiversidad continúan deteriorándose”. “El enfoque de aumentar la producción a cualquier costo no ha sido suficiente para erradicar el hambre pese a que actualmente producimos más que suficiente para alimentar a todos, y estamos viendo una epidemia mundial de obesidad”, concluyó. (5)

La declaratoria final del Simposio, en voz de Mariam Sou, de ENDA-Tiers Monde, de Senegal, resaltó varios puntos cruciales (además de lo que ya esbozamos) y que sintonizan colectivamente con la visión que de los quehaceres tienen la CLOC y La Vía Campesina.

 Que sólo una agroecología que reconozca el legado de saberes de los pueblos originarios de la agricultura campesina, será una herramienta para resaltar el trasfondo tradicional que la Revolución Verde vino a intentar erradicar con el fin de imponer un modo industrial que a la larga esperaban que desalojara de sus tierras al campesinado.

Que las mujeres son sujetas cruciales de la agroecología y guardianas de la biodiversidad y que debe reconocerse su papel crucial en la producción de alimentos y en la reproducción de la vida y la economía familiar y comunitaria.

Que la agroecología no puede ser “instrumento de la expansión del modelo de producción agroindustrial”.

Que es crucial garantizar que los pueblos que alimentan al mundo gocen sus derechos colectivos al control de las semillas, a la biodiversidad, a la tierra y los territorios, al agua, a sus saberes, a la cultura y sus bienes comunes. (6)

 

Biodiversidad

Notas:

1 Ver http://www.fao.org/3/I9049ES/i9049es.pdf

2 Ibidem

3 Ibid.

4 Asociación Nacional de Agricultores Pequeños https://www.ecured.cu/ANAP

5 Con base en la nota “Apertura del II Simposio Internacional sobre Agroecología convocado por la FAO Roma: La Vía Campesina ¡Sin nuestros pueblos, no hay Agroecología!” https://bit.ly/2uOuDB6 y “FAO pide más apoyo a la agroecología, que puede mejorar la produccion mundial” https://acento.com.do/2018/economia/8552099-fao-pide-mas-apoyo-la-agroecologia-puede-mejorar-la-produccion-mundial/

6 https://viacampesina.org/es/roma-declaracion-de-organizaciones-de-productorxs-de-alimentos-a-pequena-escala-y-organizaciones-de-la-sociedad-civil/

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