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Autor(a): Alianza Biodiversidad
Fecha: 08 agosto 2017
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Alianza Biodiversidad | 08 agosto 2017 | Biodiversidad 93 / 2017-3


He aquí una conversación colectiva sobre nuestra experiencia acumulada en años de trabajo con las semillas, cada quien en su particularidad y su especificidad, desde donde cada quien laboramos y resistimos la imposición de leyes, normas, estándares, patentes, certificados y registros por parte de agroindustrias, gobiernos y organismos internacionales. Resistimos también la imposición de semillas de laboratorio que no corresponden a la milenaria conversación de campesinas y campesinos con sus cultivos y sus cauces de confianza y responsabilidad.

 Quienes participamos queremos compartir lo que podemos hacer en cada lugar (y juntos) en este camino que es la defensa de nuestras semillas en manos de la gente, contribuyendo a mantener viva la soberanía alimentaria, y por ende, la independencia material y moral de las comunidades campesinas y originarias, en particular, y de la población en general.

Alianza Biodiversidad

Elizabeth Bravo (Acción Ecológica). Creemos que la nueva ley de semillas en Ecuador fue una imposición del tratado de libre comercio con la Unión Europea, que le exigía al país que se uniera a UPOV-91, por el tema de la propiedad intelectual de las semillas. Pero Ecuador negoció para mantenerse en UPOV-78.

Allá no es tan importante UPOV, porque hasta ahora la propiedad intelectual sobre semillas se aplica sólo a flores. Mucho más grave, y creo que a nivel mundial es la tendencia, está la certificación de semillas, la obligatoriedad de que las semillas sean certificadas. Ahora, si bien quedó un artículo sobre la certificación de semillas, lo que se consiguió es que la semilla nativa no tenga que certificarse, y eso creo que fue importante.

Preocupa también que la estrategia en Honduras sea declarar las semillas patrimonio de los municipios. En Ecuador los asambleístas querían que las semillas sean patrimonio del Estado y que tengan el mismo estatus que el petróleo. Eso fue realmente lo que movilizó a las organizaciones campesinas, porque significa que ya no son de los campesinos y que el Estado puede concesionar las semillas. Entonces no sé cómo será exactamente, porque cada país es diferente, pero cuando son patrimonio de los municipios, o del Estado, suena algo peligroso. Esa cláusula se eliminó de la ley en Ecuador, y dice claramente que las semillas son patrimonio de los pueblos; al servicio de la humanidad ya no alcanzó.

Camila Montecinos (GRAIN). Los tratados de libre comercio, en los capítulos de propiedad intelectual, las leyes de semillas, tienen que cumplir con la idea de la autoincriminación, la delación, los juicios en ausencia. Esto no viene de UPOV, aunque UPOV lo permite y hay documentos interpretativos de UPOV que dicen que eso sí se puede incluir. Entonces ocurre que siempre piden más. UPOV pidió eso, y ahora vienen los tratados de libre comercio y piden e imponen aun más que UPOV. No hay que olvidar que hoy todos los tratados de libre comercio tienen las cláusulas de renegociación permanente. Son cláusulas que tal vez no están cuando se firma el tratado, pero si existe el compromiso de renegociar al cabo de ciertos años, allí sí se van a incluir.

Germán Vélez (Grupo Semillas). Cuando hablamos de las normas que ponen cercos a las semillas, un despojo y un control general sobre éstas, tenemos que mirar integralmente todas las normas. A veces insisten en que cada una de esas normas son absolutamente independientes y que una no tiene que ver con la otra, que las normas de propiedad intelectual no tienen que ver nada con las normas de certificación de calidad y sanidad, que son cosas diferentes y por lo tanto no afectan a los agricultores de la misma forma. Eso nos lo han intentado imponer en Colombia y supongo que en todos los países de América Latina.

Pero hay una gran cantidad de normas que se interrelacionan entre ellas, como las de propiedad intelectual, las de certificación de calidad y sanidad, las normas de bioseguridad —otro puntal de la entrada de los cultivos transgénicos.

También hay que mirar los programas nacionales de producción de semillas criollas de buena calidad, porque los gobiernos nos dicen, “estas normas de UPOV y estas normas que controlan la producción y comercialización de semillas, no tienen nada que ver con las semillas criollas, sólo nos vamos a concentrar en controlar las semillas de las empresas. Vamos a hacer programas nacionales para producir semillas criollas de buena calidad”. Y es una trampa mortal, porque muchos agricultores dicen, “por fin el Estado se acordó de nosotros y nos está ayudando a producir semillas criollas de buena calidad”. Pero no.

No sé cómo sea en otros países, pero en Colombia ese programa lo está haciendo una entidad oficial que se llama ICA, que es el que hace la investigación en este tema, y sencillamente les dicen a los agricultores, “miren, como las semillas criollas que ustedes tienen son de tan mala calidad y sanidad, entréguennos las semillas criollas, nosotros se las limpiamos y se las devolvemos, pero se las devolvemos ya con estándares de calidad y certificadas”. Ahí ya van a declarar que eres un productor oficial de semillas criollas, porque —como decía Camila— estas normas dicen que los únicos que pueden producir semillas en el país son los productores certificados y registrados, o sea las empresas. “Ustedes produzcan toda la semilla que quieran, pero cómansela o échenla a los marranos y no la saquen de sus fincas”. Eso es lo que dicen las normas hoy en día. Y entonces al final dicen: “ahora sí van a poder vender semillas criollas, pero con el sello y la certificación de que usted es un productor de semillas”.

Si no miramos integralmente todas estas normas, no miramos que quizás nuestro puntal de batalla siempre ha sido tumbar UPOV-91 porque es el demonio, pero a veces dejamos de lado que UPOV-78 es casi igual, les cumple la función que necesitan. De hecho en Colombia se logró por presión de la sociedad que se derogara la ley de UPOV-91 hace cuatro años, y las empresas y el gobierno se quedaron quietos, quizás porque no necesitan la norma, porque dicen, “en este momento con UPOV-78 más la sumatoria de las otras normas se cumplen las funciones que necesitamos”. Me imagino que Estados Unidos debe estar presionando. “Ustedes firmaron un TLC, qué pasó, por qué no avanzan”.

Tenemos que dejar de pensar en si cambiamos las normas de certificación para que incluyan un capítulo que proteja las semillas de los agricultores.

Lo que tenemos que decir es NO a ninguna norma de propiedad intelectual y de control de las semillas. Y punto. Porque si las semillas son un patrimonio colectivo de los pueblos, deberían estar por fuera del ámbito del control oficial; no deberían estar en ese ámbito. Entonces el punto es cómo atacamos esta integralidad de normas.

Rigoverto Albores (DESMI). Parece que estamos como en la fábula del cocinero y la asamblea de pavos, donde les preguntan a los pavos cómo quieren ser cocinados, si con el UPOV-91 o UPOV-78, pero al final nos van a llevar al platillo a terminar cocinados. El planteamiento que podríamos hacernos ahora y con los grupos que acompañamos, es precisamente plantear el paradigma de si todo este sistema de leyes y normatividades nos están cercando. Qué entonces tenemos que construir, en el ámbito de la legitimidad de la posesión de semillas. Ahí hay un campo que tenemos que abordar como estrategia de defensa: la posesión es ancestral y viene de tiempos inmemoriales.

Por ejemplo, en Francia estaba la discusión, previa al Tribunal Monsanto, de cómo se conceptualizaba la propiedad intelectual, cómo afinar los conceptos de la propiedad de las semillas, y entonces los tecnócratas decían, es que al productor original no se le debe ningún crédito, sino que adquiere valor a partir de que una compañía adquiere la semilla y la mejora. ¿Y todo el trabajo ancestral y generacional que se ha dado? En México, todavía prevalecen por lo menos 59 variedades de semillas nativas de maíz en manos campesinas.

Pero se echan a la basura todas estas semillas para tener acceso a diez variedades de semillas que distribuyen las empresas. Ponen en ese límite las posibilidades la vida de las comunidades, la alimentación de las comunidades. Es como quemar nuestras barcas. Si estos cultivos son vulnerables a enfermedades o cataclismos, pues ésas son las posibilidades de sobrevivir, cuando en las mismas comunidades hay muchas más posibilidades. El material de un solo campesino que tiene 64 variedades de maíz, tiene 64 posibilidades de salvar nuestra alimentación. La multiplicamos por el número de campesinos que tienen en sus manos semillas nativas y ésas son las posibilidades de la humanidad de sobrevivir.

El paradigma sí lo tenemos claro. Quizás hay que afinar las estrategias de cómo hacer frente y contar con una fuerza suficientemente amplia para poder revertir o incluso dejar de lado estas normatividades y crear quizás reglamentos más comunitarios de manejo de recursos.

Henry Picado (Red de Coordinación en Biodiversidad). En Costa Rica, las leyes de semillas propuestas por la FAO, también quieren amarrar las compras estatales por parte de todas las instituciones que tengan que ver con semillas o agricultura, y empujan la normativa para que el Estado compre sólo semillas certificadas. Para las organizaciones que trabajamos con semillas es un doble golpe, porque no sólo intentan el certificado de las semillas, también están prohibiendo el uso público o estatal de las semillas a nivel general. Si bien es cierto que no han podido pasar la ley de semillas, se van a las estrategias más ejecutivas, y les piden a los presidentes y a los ministros que pongan medidas que sustituyan las leyes vigentes.

Verónica Villa (México), Grupo ETC. Contribuyendo con la reflexión general de lo que se puede hacer, el Tribunal Permanente de los Pueblos en México detalló cómo privilegian los Estados a las corporaciones por encima del interés de los pueblos, de los gobernados y las naciones, y ese mismo Tribunal impulsó el sueño de ampliar la investigación de cómo la economía sojuzga al derecho. De cómo quitarle a la economía todo lo economicista, cómo es que el sustento tiene que atravesar por los dineros, los mercados, las inversiones, los libres comercios.

Silvia Rodríguez (Red de Coordinación de Biodiversidad). En nuestro caso, estábamos tratando de reformular la ley de certificación de semillas y el decreto de registro de semillas, y una de las cosas que nos decía el ministro de Agricultura, que antes era compañero, es que iban a hacer un registro especial para la semilla campesina. Y se preguntaba por qué nosotros defendíamos tanto la semilla campesina. Que las semillas tenían que registrarse.

¿Se imaginan tener el acopio de semillas campesinas registradas siguiendo el tratado de las semillas en el que hay una cláusula que dice que no se podrán privatizar o ponerle propiedad intelectual a las semillas “en la forma recibida”, una frase terrible que contradice la no propiedad intelectual?

O sea que si llegamos a registrar nuestras semillas para protegerlas, perfectamente tienen allí todo el acopio para sacarlas, hacerles cualquier modificación y ya poderlas patentar. Los funcionarios dicen que la ley es lo máximo. Pues no, les haremos sentir que por desgracia están totalmente equivocados.

Francisca Rodríguez (CLOC). Me parecen súper importantes estos espacios de conversación, de intercambio de información, pero también de construcción de propuestas e ideas, porque si no, tendríamos que irnos de acá con hartos conocimientos, pero con pocas ideas de cómo continuar. Y al reunir un pensamiento de América Latina, no miramos sólo lo que pasa en nuestros países, sino que lo que pasa en nuestros países pasa en todos. Es muy importante esta mirada continental, levantar luchas continentales, de lo contrario podemos estar en la constatación,  en la denuncia, pero se nos va la vida y no logramos los cambios a los que aspiramos.

Cuando surgieron las leyes de semillas como un torbellino que se nos vino en nuestro país, nosotros propusimos la soberanía alimentaria. Cuando propusimos la soberanía alimentaria —de aquí en México surgió en nuestro tercer congreso de la CLOC la propuesta de una campaña continental de la semilla, que nosotros decíamos que era ponerle corazón a la soberanía alimentaria y significaba la confrontación más fuerte contra el capital. 

Cuando nos encontramos con la FAO, parecería un templo sagrado, porque además se lo cree. La FAO cree que lo está haciendo bien y somos muy pocos los que le decimos que lo hace mal, y somos muy pocos los que nos hemos planteado recuperar la FAO para lo que fue creada.

La FAO no surgió por casualidad. Surgió como una instancia que tenía que defender no solamente la alimentación, sino la agricultura, después de los periodos de guerra.

Nosotros siempre reclamamos que la FAO vuelva a su origen, y que no esté hoy al servicio de las empresas transnacionales. Y de repente nos plantea la agricultura inteligente, el manejo del clima inteligente. Cómo nos pueden decir eso, es un insulto. Si los campesinos toda la vida hemos sido inteligentes. Y el manejo del clima, de dónde viene. No viene de los científicos, viene de la observancia, de la constancia campesina, y después se convierte en una ciencia, pero primero surge de acá.

En ese sentido, estamos entrampados porque todo este mundo está tan acelerado y tenemos que estar mirando leyes de semilla, las leyes de biodiversidad, las leyes forestales; y tenemos que compararlas con los acuerdos comerciales y las cláusulas secretas de los acuerdos. Esas cláusulas secretas de los acuerdos nunca las conocemos hasta que no nos aprietan el cuello, hasta que no nos asfixian.

En este sentido tienen tanta fuerza estas alianzas, estas construcciones comunes, porque lo que decía el compañero de Honduras es cierto: no podríamos pedirles a las organizaciones campesinas a las que les están asesinando todos los días campesinos, que tienen más de 5 mil compañeros en las cárceles, que estén atentos a las leyes de semillas. Imposible, porque están tratando de sobrevivir encima de resistir, de hacer los esfuerzos por cambiar todo esto y regar la vida.

Entonces es súper importante tener publicaciones sobre la aparición de las leyes de semillas. Chile, por ejemplo, aprobó UPOV-91 sin que tuvieran idea qué era lo que estaban aprobando, pero era elegante para los parlamentarios decir UPOV-91, y lo aprobaron en un día sin discusión y nosotros no tuvimos ni idea. Pero qué es lo que pasó, que no podían aplicar su UPOV-91 porque no tenía reglamentación, no tenía ley, por tanto había que reformar la ley de obtentores vegetales, y menos mal que ahí sí que tuvimos idea, y hoy día tenemos parado UPOV- 91 y tenemos parada la ley de obtentores vegetales.

Logramos que se sacara del parlamento, porque estaban en elecciones, pero mañana viene la derecha y nosotros decimos, si se aprueba el Transpacífico, cuando empezamos a analizar, no necesitan que sigamos peleando por UPOV-91 porque va a caer por sí sola.

Hay aportes importantes y trabajos significativos que permiten que las organizaciones vayamos tomando elementos para darle una mayor proyección a nuestras luchas. No es solamente por territorio, no es solamente por soberanía alimentaria o por el derecho de los campesinos a producir sus alimentos: son luchas que tienen que significar un cambio profundo de sociedad, y por tanto nosotros definimos que nuestras luchas son anticapitalistas, son antiimperialistas.

Como CLOC nos planteamos que no estamos censurados ni condicionados a no poder discutir cuál es esa sociedad que queremos, y nosotros nos planteamos una sociedad socialista.

Cómo será esa sociedad socialista es lo que conjuntamente tenemos que tejer, porque no son los tiempos de antes, son estos tiempos actuales donde la tecnología, donde las ciencias al servicio del capital manejan nuestras vidas.

Cuando fuimos a Venezuela, se nos cayó el pelo cuando vimos su ley de semillas, 2005. Se nos cayó el pelo porque decíamos, pero ésta es la contradicción de la contradicción, lo que pasa en Ecuador es así una gotita de lo que pasaba en ese minuto en Venezuela frente a la ley de semillas, y tuvimos que ir a mostrarle al Ministerio de Agricultura lo que era la ley de semillas que ellos tenían y las contradicciones dentro de la ley, y ahí le pudimos mostrar las contradicciones —con Camila [Montecinos],  Carlos [Vicente] y otros compañeros que estaban haciendo análisis—, y de verdad fue sorprendente. Porque resulta que nadie sabía de dónde salió la ley y lo peor de todo es que el presidente la firmó, [Hugo] Chávez la había firmado. Pero pudimos parar la ley de Venezuela con este trabajo de acá, con este análisis, con esta información, fuimos a decirles, oye no estamos contra el gobierno, estamos asustados porque el gobierno se está poniendo una soga al cuello en relación a una ley que no corresponde ni a su Constitución ni al alma.

Después de eso analizamos UPOV-91, y fíjense que nos ha hecho escarbar hasta lo último el UPOV-91. Ahora está en una mesa el gobierno, exportadores de semilla, los expertos de UPOV del gobierno, y resulta que los expertos no tienen ni idea, manejan cuatro conceptos y punto.

Estamos ante una ofensiva del capital, ante la ignorancia de quienes hoy están en el gobierno, quienes determinan lo que pasa en nuestro país. Y creo que el único y gran paso que tenemos es que, a pesar de los problemas que hay, estamos con movimientos medianamente informados pero muy conscientes de lo que está pasando. Por eso nuestros espacios nos permiten fortalecernos. No es que no estemos preocupados como CLOC en relación a esto, para nosotros es esencial. Estamos frente a la conferencia de la Vía Campesina y una de nuestras propuestas que venimos haciendo desde hace bastante tiempo, es promover una campaña internacional contra los tratados de libre comercio. Las campañas se han convertido en los medios para socializar con la población que está al margen de todo esto. Y tienen que ser campañas dinámicas, campañas sencillas, pero hay que hacerlas. Promovamos campañas contra los tratados de libre comercio, y estamos haciendo ese gran esfuerzo y nuestra jornada continental va en esa dirección.

No es posible que para parar el ALCA tuvimos luchas continentales y fuimos capaces de hacerlo, pese a que tuvimos dificultades e incapacidad de continuar. A veces no estamos mirando que el capitalismo que tenemos hoy es tan salvaje que domina todo, pero lo que no puede, y no podemos permitir, es que domine nuestras conciencias.

Por eso me parece que estos encuentros nos fortalecen, nos entregan los elementos necesarios, para que podamos mirar lo que estamos haciendo desde nuestros países y darnos cuenta que estamos haciendo lo correcto, pero que todavía nos falta.

Camila Montecinos (GRAIN). Yo quiero agregar un par de cosas. No solamente enfrentamos una especie de epidemia de iniciativas legales, a las cuales es imposible prestarles atención ya sea porque son muchas, porque hay poca gente, o porque estamos sometidos a todo el proceso represivo y criminal de parte sobre todo de los gobiernos pero no exclusivamente.

También enfrentamos que todas estas nuevas leyes son redactadas en un lenguaje cada vez más oscuro e incomprensible, y eso no es casualidad, no es que los abogados estén cada día más exigentes en el lenguaje, sino que es una estrategia para que no entendamos.

Yo diría que los tratados de libre comercio hace mucho tiempo que dejaron de ser tratados de libre comercio. En realidad el último tratado de libre comercio probablemente fue el tratado de la OMC. De ahí en adelante son tratados de protección a la inversión y al capital, porque no son tratados de libre comercio, porque incluso ponen trabas de alguna forma al comercio o fijan monopolios, pero sí tenemos tratados de protección al capital y a la inversión.

Ahora, incluso las concesiones unilaterales van a pasar a ser centro de las renegociaciones de los tratados de libre comercio, pero estamos lejos de que se acaben los tratados de libre comercio. Para confirmar eso, entre otras cosas, recordemos que el TPP o ATP, acaba de ser reflotado, va a seguir adelante con o sin Estados Unidos, y por lo tanto la pelea contra él va a tener que tomar fuerza de nuevo.

Gabriel Fernandes (AS-PTA). Para mí está muy claro que un punto de partida que nos une a todos nosotros, nuestro punto común, es el total rechazo a la apropiación privada sobre las semillas y las formas de intentar patentarlas o poner distintos órdenes de propiedad intelectual.

Otra cosa que está muy clara es que las leyes de semillas en cada uno de nuestros países fueron conformadas según intereses corporativos de las empresas semilleras, de las empresas de biotecnología, y son más que todo formas de legitimar la apropiación corporativa sobre las semillas.

Tenemos que escuchar un poco más hasta qué punto nos interesa que esas mismas leyes de semillas no tengan ningunas referencias a las semillas criollas, porque si tenemos una ley de semillas en cada uno de nuestros países que ya como quiera no consideran la existencia de las semillas criollas, no vamos a tener políticas públicas para trabajar con esas mismas semillas.

Sabemos que la agricultura industrial, la Revolución Verde, los transgénicos, avanzan con muchísimo apoyo de las políticas públicas, con fondos estatales de muchísima inversión, nuestro papel debería ser disputar esas políticas públicas, disputar recursos, fondos de nuestros gobiernos para impulsar otra forma de agricultura. Claro que alguna mención sobre semillas criollas dentro de las leyes comerciales de semillas tiene que ser en el sentido de reafirmar su existencia, de gestionar su calidad y reafirmar y legitimar el derecho que tienen los campesinos de producir, intercambiar y comercializar sus semillas.

Con base en ese reconocimiento legal, abrimos algunas posibilidades de trabajar con políticas públicas para escalar en la producción de semillas criollas, y relacionarlo con las compras estatales. Hoy tenemos un escenario donde casi 90% del maíz que se produce en Brasil es transgénico, entonces para que los campesinos, los indígenas, los agricultores familiares puedan volver a tener acceso a sus materiales criollos, los grupos y las organizaciones que mantienen sus materiales deben tener algún apoyo de las políticas públicas para escalar la producción de sus semillas, y que esos materiales puedan circular en escalas más amplias. Que esas semillas no se pierdan.

No podemos dejar de disputar políticas justamente para fortalecer los diferentes procesos de metodologías y enfoques de conservación de las semillas de la agrodiversidad.

Octavio Sánchez (Anafae). Una de las preocupaciones con relación a las leyes que se plantean en los países, es que están alineadas a esas políticas internacionales, y los congresos y los gobiernos nuestros simplemente son caja de resonancia de esas políticas globales. Sí es cierto que hay un tremendo desgaste en intentar detener la avalancha de leyes. Luego puede ser que se logre detener una ley pero vienen otras que ya están en el horno. Hay veces que cuando se logra un avance, como parar un reglamento con una gran movilización usando todos los recursos, toda la capacidad de la sociedad, puede que por un acto populista el gobierno le diga al Congreso “miren, la gente en la calle se movilizó por esa ley, elimínen esa norma”. Pero al día siguiente aparece otra ley, y como dicen en las películas, “recargada”.

Es una lucha así tan dispar contra toda la capacidad instalada de esas lógicas, de esas leyes, de ese lenguaje tan oscuro. Cuando leí por primera vez la ley de protección de obtentores vegetales, me tomé la tarea de leerla yo solo y me sentí idiota. Después de leerla cuatro veces, yo decía, y esta palabra qué significa, púchica, qué he hecho en mi vida, no entiendo nada, pues. Luego me pude reunir con un abogado, un biólogo, un economista, y juntos nos pusimos a leer y comenzamos a encontrar la trampa. Y la primera era que yo quería encontrar en esa ley dónde estaban las semillas criollas, el tema de estos discursos de la homogeneidad, de la estabilidad. Cuando uno llega a profundizar, uno dice: éste es un tema ideológico, no es un tema científico, porque la primer característica de los seres vivos cuando se reproducen es cambiar; es imposible que haya una variedad que se mantenga igual en el siguiente ciclo. Entonces comenzamos la discusión y nos dimos cuenta de que hacíamos una lucha pero también venía toda esta avalancha. Y uno ve que el Estado está simplemente alineado, y cuando uno está dialogando con funcionarios del Estado, lo que dicen es que nosotros nos oponemos a todo, que no tenemos propuesta, y resulta muy complicado.

El punto es cómo fortalecemos las luchas desde los territorios. Probablemente lo que Elizabeth decía, la manera como estamos planteando nosotros esta idea de las semillas como patrimonio de los pueblos y los municipios tales y tales, puede ser que tenga sus riesgos, pero a mí me parece importante que haya grupos campesinos en los territorios que comienzan a apropiarse de sus historias y deciden.

En la discusión que hubo en el municipio de Concepción de María, cuando comenzamos a ver las multas y comenzamos a ver las sanciones, uno de los campesinos líderes de allí me decía, “mira, pues a mí y a mi familia nos van a meter presos, porque  yo no voy a pagar esas multas, pero además se van a llevar a todos los de mi comunidad”.

Todas estas estrategias de defensa de los derechos de los campesinos comenzamos a tener un colectivo sensibilizado, concientizado, para dar la cara y enfrentar al Estado, pero de manera masiva. 

Y resulta que ellos tienen a muchos expertos en esos lenguajes oscuros, difíciles de entender y poder dialogar. No encuentra uno en la institucionalidad nacional personas interesadas en este diálogo, no creen que la semilla campesina exista.

Yo soy miembro del colegio de ingenieros agrónomos y tuve que estar toda una tarde con la directiva para demostrarles que con los estudios que Anafae había hecho había maíces que ellos no creen que existan, porque están vinculados a esa lógica de la industria semillera, a lo que el Estado hizo con las plantaciones experimentales. Y desconocen que hay otras realidades que existen.

Vamos identificando algún par de ideas. El fortalecimiento de las luchas desde el territorio, que entendamos la capacidad del Estado para reprimir. Cuando somos sólo dos o tres personas pasa lo que las compañeras saben. En Honduras, a los grupos que se oponen a que les despojen de sus territorios, les matan dos líderes y se acabó. Los lenca que se están defendiendo contra las hidroeléctricas, ya tienen catorce compañeros que los han matado. En estos encuentros tenemos que encontrar las maneras para emprender esas luchas más fuertes de la sociedad.

Silvia Ribeiro (Grupo ETC). Para mí una de las cosas que es realmente riesgosa y que otros mencionaron también es el tema de la “calidad” de semillas. Digamos que las leyes o lo que ustedes describen tiene dos vertientes. Una que apunta a favorecer a las transnacionales, a proteger sus privilegios y asentar la propiedad intelectual; pero la otra vertiente, concomitante y gravísima, es cómo destruir las semillas campesinas. Se trata de ganar la mayor cantidad del mercado para las transnacionales y que todos tengan que usar éstas, y destruir las otras semillas.

Y nosotros, que rápidamente entendemos las semillas campesinas, la diversidad, la variedad (porque somos nosotros quienes estamos acá y nos parece casi como el agua a los peces), ni la vemos. Pero cuando en las leyes se ponen a promover semillas “de calidad”, a la gente le parece bien, a cualquiera que lo lea y no sabe piensa, qué bueno, semillas de calidad. Y ésa es una de las trampas para luego decir, “no, pero para eso hay que certificar, tiene que haber un estándar, se tiene que decir cuáles son y cuáles no”, y así empiezan a eliminar.

Tenemos que hacer una denuncia que sea pedagógica para que la gente lo entienda, para que no parezca que estamos atacando las semillas. Hay que decir, no son de calidad. Hace dos semanas me tocó oír a un funcionario de Du Pont diciendo, “es que en Ruanda los agricultores tienen semillas desde hace cuarenta años, una semilla tan vieja, qué van a hacer con eso, por eso mueren de hambre” —imagínense, las semillas tienen miles de años. Ése es el discurso de las transnacionales, pero no crean, la gente escucha esto y dice, sí, cuarenta años, qué viejo.

Lo que quiero decir es que tenemos que trabajar más allá de nosotros reafirmando todo esto, porque para el campesino, la campesina, los pueblos indígenas y todos los que estamos en este tema lo tenemos clarísimo, pero por ahí vienen las trampas, por eso aprueban esas leyes así. Como decía Pancha, votaron UPOV porque les parecía elegante, parece mentira pero así es.

Camila Montecinos (GRAIN). Las leyes de propiedad intelectual han logrado imponer que se considere que los delitos de propiedad intelectual son siempre delitos inminentes, o sea que se van a producir en cualquier momento y que el Estado, digamos el poder judicial, tiene el deber de prevenirlos. Entonces, como tiene el deber de prevenirlos, dice tener la potestad de confiscar por sospecha, porque si efectivamente algo es pirata (pueden ser carteras, semillas, lo que sea), el delito de venderlos es inminente y por tanto hay que evitarlo y se confisca por sospecha, sin necesidad de probarlo.

Los juicios en ausencia son lo mismo. Cuando se sospecha de alguien que está a punto de cometer el delito —por ejemplo, de vender o reproducir semillas “piratas” o de reproducirlas–, se le puede hacer juicio en lo penal sin siquiera advertirle que está siendo sometido a juicio. Si nosotros hubiésemos dicho esto hace quince o veinte años, nos hubieran dicho paranoicos, locos, mentirosos e irresponsables, pero la propiedad intelectual está llegando a esos extremos y viola las convenciones fundamentales: la Declaración Universal de los Derechos Humanos, desde el punto de vista de la propiedad intelectual, ya no existe.

Ana de Ita (Ceccam). En México, como pegó tan duro la llegada de Trump, hubo muchas interpretaciones que se han ido modificando. En marzo se veía un interés de Trump de tirar el TLCAN a la basura, pero a lo largo de estos tres meses, por supuesto que ya no es el interés de Trump tirar el TLC a la basura, sino más bien sentar a México, al gobierno mexicano —que es un gobierno débil y transnacional— a que dé más concesiones de las que ya otorga. Están diciendo que la renegociación tiene 500 asesores de las corporaciones, que ésos son los que le van a decir por dónde (empresarios y granjeros gringos) que están diciendo, “cuidadito tienes que sacar más”, y su sacar más es promover al sector de energía, que en México no estaba metido porque en aquel entonces en el 94 todavía la paraestatal Pemex tenía el monopolio del control de la energía petrolera. Con las reformas del 2014 ya se cedió esta soberanía energética a los privados y a las empresas transnacionales. Y ellos dicen, tenemos que fortalecer la parte de servicios y tenemos que fortalecer la propiedad intelectual. En estudios de GRAIN y de bilaterals.org, algunos autores dicen que es la manera de meter el TPP (o ATP) por la puerta de atrás. Con el ATP, nosotros tenemos en principio un verdadero problema y es que vamos a cambiar de UPOV-78 a UPOV-91, porque en el TLC tenemos UPOV-78, pero nos van hacer brincar a UPOV-91

Para Trump el problema es el sector automotriz. Quiere sacar concesiones —no sé cuáles concesiones, todavía hay mucha especulación—, pero están diciendo que México podría ser la segunda China si no fuera por los cárteles, y uno que vive en México dice, por favor, si siempre estamos importando todo, si no tenemos nada.

Pero no, lo que pasa es que el sector maquilador de autopartes y de autos y de aeronáutica está totalmente desvinculado del total de la economía, corre por su lado, mientras acá el común de los mortales decimos, pero si estamos importando todo, cómo que somos una potencia exportadora.

El sector automotor creó 600 mil empleos, pero  se perdieron 2 millones de éstos en el campo. Ellos han cambiado unas por otras, y el gobierno mexicano trata de decirnos que tienen mucha fuerza para renegociar, que no se va a dejar. Y hay gente que quiere hacer de la necesidad virtud —incluso ONGs—, pensando que van a sacar el maíz del tratado.

Claro que no lo van a sacar, los granjeros votaron por Trump, a ellos les interesa que se siga exportando su maíz a México.

Otra cosa que quería comentar para que ustedes pongan ahí sus ojos, es que el CIMMyT (el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y Trigo) tiene ahora un programa con la Sagarpa que se llama Masagro. Eso en principio le está dando a esa instancia internacional, que ya no tiene dinero, recursos nacionales de la Sagarpa y ellos dicen que es para mejorar la agricultura tradicional, lo cual es un verdadero peligro. Quieren aumentar los rendimientos del maíz y trigo, pero la trampa está en que quieren poner lo que le llaman labranza de conservación, y entonces en cinco años los suelos se van a endurecer y el maíz criollo no se va a poder plantar ahí, porque se va a caer.

Lo único que va a servir son sus maíces híbridos. Esto es lo que están tratando de meter en las comunidades para cambiarles las semillas nativas por estos híbridos que van a estar en paquete y van a provocar una erosión genética terrible.

Cargill dio un premio desde el CIMMyT a la tecnología, entonces ya están las corporaciones metidas en todos lados tratando de deshacerse de la agricultura campesina.

Martín Drago (ATALC). No podemos pensar en la nueva ofensiva del libre comercio que se nos viene como la pensábamos antes. La profundidad de los acuerdos y de la ofensiva nos obliga a pensar de manera diferente, en las dimensiones que implica, no sólo en términos temáticos sino en que son herramientas de disputa geopolítica. No son sólo herramientas para profundizar el libre comercio o defender sus intereses, son herramientas de disputa geopolítica central, contra China pero también contra los BRICS, y es parte de la disputa por la división internacional del trabajo.

De acuerdo con la etapa del capitalismo que estamos viviendo, la voracidad de ese avance también es otra. Tenemos que  empezar a pensarlo en perspectiva, con una lógica un poco diferente, porque no nos van a alcanzar las formas que dimensionamos.

Es como cuando comenzó la financiarización de la naturaleza y no entendíamos por dónde podía ir, todo era tan maquiavélico, todo parece tan de ciencia-ficción, que nos gana el horror o nos toma la incredulidad o una mezcla de las dos.

Esta nueva ofensiva aprende de lo que les ha funcionado. Cuando Trump amenaza con no negociar, con que se caiga todo, hace que todo el resto se ponga como loco y se ponga mucho más dispuesto a negociar, porque es impensable para la economía, para este capitalismo actual, no dialogar con Estados Unidos, no se les ocurre pensarlo.

Está la inversión de la carga de la prueba, algo que los tratados de libre comercio tienen desde hace bastantes años, pero se está profundizando. Lo que plantea Camila de los juicios en ausencia, son una profundización de herramientas que les han funcionado como elementos de control y presión. Esto del oscurantismo, de la indescifrabilidad del lenguaje, de la dificultad, de la visión multidisciplinaria que se necesita para entender un párrafo, sumado al secretismo, hace cada vez mucho más difícil acceder a las negociaciones. No sólo es difícil entender lo que se dice, es casi imposible acceder a lo que están negociando, y esto es experiencia pura, aprendizaje de lo que les ha funcionado. Como planteaba Germán, en Colombia lograron frenar el UPOV-91, pero te armaron una red por otro lado y dejaron que UPOV-91 pase porque te tienen controlado por otro lado.

Eso de ir de lo regional a lo bilateral a lo mega-regional, esa lógica de no saber para dónde van, también es parte del aprendizaje de lo que les funciona.

Como bien decía Pancha, estos espacios de reflexión nos permiten tener una visión desde todos nuestros territorios y armar una comprensión más latinoamericanista. Para construir salidas.

Sin integración regional, sin pueblos integrados, sin comunidades dentro de distintos niveles —es una conversación bastante compleja y larga, en la que hay que entrar mucho todavía—, no hay resistencia posible, no hay camino alternativo posible.

Solos contra este monstruo no podemos. Contra el monstruo se pelea intentando construir una correlación de fuerzas medianamente parecida, por lo menos.

Me parece que es bien importante este intercambio de experiencias, desde las distintas miradas que se tienen sobre el problema, y cómo las imbricamos para entender pero sobre todo para construir salidas.

En definitiva nos viene una avalancha cultural de dimensiones gigantescas. No sólo estamos peleando contra el capital, peleamos contra el sentido común que el capital nos construyó y le construyó a los compañeros que tenemos al lado: esa incapacidad que tienen muchos compañeros de entender que hay salidas fuera del sistema, que hay un mundo posible sin transnacionales, que no es una cosa inconstruible. Entonces parte de la construcción es este intercambio, desde la resistencia y la transformación, entendiendo que la resistencia es fundamental a la transformación.

Magdalena Alvarado (Red Sana). Pensando en qué hacer para la protección de nuestra biodiversidad, también estar alertas porque hay gente del pueblo campesino, del pueblo maya, que se conforma con pequeñas regalías. En Guatemala, en la región Norte y en la región Occidente, el Conap, que es del gobierno, está yendo a entrevistar a los ancianos de las comunidades para que les den información sobre la biodiversidad, lo que utilizan para sus trabajos en la agricultura, en las plantas medicinales. Dicen que es para una ley, pero con una ley hay que tener cuidado. Cuando nos dimos cuenta, Red Sana actuó rápido y dijo “ustedes tienen que decirlo con palabras más sencillas, qué es lo que quieren hacer, y aquí nosotros vamos a juntar un documento donde la biodiversidad y la protección genética de todos estos maíces, frijoles y plantas medicinales, vayan también en esta ley, porque si no, pues sí que nos perjudican”.

Lo que queremos es que desde aquí haya tal vez palabras de cómo hacer para que estas comunidades, el pueblo campesino y el que trabaja sus plantas nativas, les llegue la información que tenemos para que también ellos estén alertas y no se dejen convencer con pequeñas regalías que el gobierno lleva, para que ellos vean esa información y luego puedan tener materiales para apropiarse de toda la información.

Luis Rosales (Serjus). Como miembro de Anapro, Serjus, en conjunto con Red Sana y otras organizaciones, tuvimos el año pasado una coordinación con las autoridades ancestrales, que han tenido mucha articulación en los últimos años, como producto de la firma de los acuerdos de paz y la entrada de los acuerdos sobre identidad y derechos de los pueblos indígenas y su autodeterminación, pues ahora la autoridad comunitaria y ancestral se está fortaleciendo. A través de esta articulación, en coordinación con otras organizaciones en defensa del territorio, se han interpuesto acciones de amparo e inconstitucionalidad en defensa de la biodiversidad. A través de las autoridades ancestrales el año pasado las organizaciones interpusieron esta inconstitucionalidad al Protocolo de Nagoya y hoy está suspendido. Son experiencias que se han compartido y Guatemala es tomado en cuenta como ejemplo de haber suspendido el Protocolo de Nagoya.

En Guatemala existe una política sobre biodiversidad y la Política Nacional sobre Bioseguridad de los Organismos Vivos Modificados (2013-2023). Dentro de sus objetivos está regular mediante una ley la biodiversidad. En el Congreso existen cuatro iniciativas para normar la biodiversidad; sin embargo, estas cuatro iniciativas dan lugar a la experimentación con semillas transgénicas. Entonces la alternativa a eso que hemos ido construyendo a través de esta Alianza Nacional para la Protección de la Biodiversidad (Anapro), es una iniciativa de ley en la que buscamos prohibir la experimentación, el transporte y el comercio de los transgénicos.

Carlos Vicente (GRAIN). Cuando empezó a salir la revista Biodiversidad, Camila hizo un artículo donde afirmó que la mejor ley para proteger la biodiversidad es la que no existe. Todas las leyes tienen su vuelta. El artículo se llamaba “En que callejón nos hemos metido”, y hablaba justamente de leyes de acceso. Cómo era que el acceso se había convertido en una trampa para la mercantilización. Lo que los compañeros han logrado con el rechazo en Guatemala del Protocolo de Nagoya, viene de que ahora es más que clara la trampa.

Todas las leyes de protección de la biodiversidad que plantean registros, que plantean relevantamientos, que plantean listados, suenan como compendios para la biopiratería, por decirlo de alguna manera, y tenemos casi 30 años de historia de rechazo por parte de las comunidades, que lo que hacen cuando les vienen a preguntar es decir: NO QUEREMOS.

Creo que fue significativo que en Brasil hayan podido utilizar la semilla criolla para un proyecto donde hay dos cosas que son fundamentales. Una es que no se pretenda normatizar las semillas, que no se pretenda decir que tienen que tener estos criterios de calidad, hacer esto o hacer aquello. Lo segundo fundamental, es que haya movimientos sociales, o lo que ocurrió en Honduras cuando hay una base comunal que defiende la semilla.

Hay posibilidades si quien justamente instrumentaliza la ejecución de esas leyes puede ser una promotora de movimientos sociales en Brasil para venderle semillas criollas al Estado o asegurar compras gubernamentales. Pero me parece que el límite es ése, cuando se pretende decir que creamos listados para proteger o creamos normas de “calidad”, ahí se arruinó.

José Godoy (Colectivo por la Autonomía). Mencionaban que en Honduras ocurrió lo mismo que en México. Aquí de pronto se vino una avalancha de leyes impresionante, hicimos una serie de foros y encuentros, sobre todo el tema de leyes indígenas, de 1994 a 2004, y nomás veíamos que las avalanchas de leyes venían y venían, y creo tenemos que pensarle cómo abordarlas, qué mecanismos, herramientas allegarnos. Porque nos preocupa mucho, nos quita tiempo. Los campesinos nos hacen preguntas, nos ponen tareas.

Las comunidades huicholas en un momento nos dijeron, a ver, vamos a analizar juntos las leyes que se modificaron de 1992 al 2000, y nos pusimos entre todos con una dinámica de talleres muy rica, porque alcanzamos a ver la perversión, alcanzamos a ver la confusión que desataban. Sí es una práctica constante que tenemos que realizar colectivamente, y en todos lados lo estamos haciendo.

Algo común de ese ataque legal es que individualiza todo. La apuesta es cómo generamos la contraparte colectiva a ese ataque individualizante que te hace sentir solo cuando lees y oyes del ataque, te sientes solo de repente, aunque sabes que tienes a tu comunidad.

Alcanzo a ver la privatización de las semillas en México como una antesala de la agroindustria y de la proletarización del campesinado. Es como meternos a pagarle a otro, ya ni siquiera es un salario, es un pago. Es una confusión muy novedosa, muy tremenda. Lo que quieren es apropiarse del trabajo campesino, dominarlo y controlarlo para sus intereses. Ya ni siquiera buscan apropiarse del territorio porque de alguna manera van utilizar el trabajo y el territorio (de quien sea) para sus propios fines.

Como que alcanzo a ver esa perversidad en general, no la puedo describir tan a detalle pero la veo, y lo que noto es que es tan difícil proletarizar al campesinado que tienen que inventar cincuenta mil leyes, estrategias y todo y no acaban. Buscan por un lado y buscan por el otro, pero en realidad es muy complicado porque el campesino siempre mantiene su estrategia fuera de los cauces.

Allá en la zona en donde estamos, todas las familias tienen campesinos libres y a la vez gente sometida a la agroindustria en muchos términos, a la maquila agroindustrial. Tal proletarización planteada es tan difícil de perpetrar porque pasa por la salud, por la corrupción de la comunidad, por las quejas y las demandas y las denuncias por daños medioambientales, por el control del trabajo.

Con todo esto el trabajo campesino se vuelve cada día más pesado, por el contexto que lo abruma, legal, ambiental, etcétera.

Allí en la región convive la agroindustria con un campesinado combativo, militante, incluso que es consultado por gente de todo el país, que va y se acerca a abrevar de ese campesinado, pero que está completamente rodeado de agroindustria.

Además la familia nunca está completa. La mitad trabaja en compañías, están rodeados de agroindustria, de plantas de Monsanto y todo tipo de empresas. Hay quienes le han metido al cultivo de maguey, que rentan o producen agave para el tequila y terminan siendo trabajadores de esa industria.

Cuáles son las estrategias campesinas frente a todo este ataque, porque muchas veces si en las comunidades son menos los campesinos prácticos  y los militantes comprometidos, con una carga mayor de trabajo, tenemos una gran preocupación: ahí es donde se les va metiendo el control de la semilla y la agroindustria.

Ramón Vera Herrera (GRAIN). Coincido plenamente con José Godoy, en el detalle de la deshabilitación que han emprendido las corporaciones y el sistema internacional. Todo lo que son los tratados y las organizaciones de comercio e inversión. Quizá contribuir resaltando una insistencia de Camila: por un lado es integral el ataque, pero por otro lado los hilos para entender esa integralidad están desarmados.

Hay un modelo para armar que tenemos que descifrar. Me parece entonces muy importante poder sistematizar y sistematizar porque lo que quieren es que no entendamos, pero no sólo porque no sea inteligible, sino porque esta desarmado el esquema: hay partes que están en la ley UPOV, hay partes que están en los tratados de libre comercio, hay partes que están en los reglamentos de leyes, hay similitudes entre leyes. Supuestamente nosotros aquí en México todavía no tenemos UPOV-91 y desde 2007 tenemos una ley de semillas que prácticamente es UPOV-91.

Todas estas confusiones y desarmados, la dispersión de los lugares donde encontrar las cosas para entender cómo defendernos configuran una total dispersión, de tal manera que cuando te llega el golpe no estás viendo.

Miro a las ONG que quieren renegociar el Tratado de Libre Comercio. Aquí en México hay muchas que quieren hacerlo y van así todas cuadraditas en su argumentación de 1994, queriendo enfrentarse al monstruo pensando que ahora a lo mejor hasta llegan al poder, que van a poder lograrlo, cuando en realidad tendríamos que estar mucho más claros en los argumentos para decir justamente: no hay mejor ley que la que no existe.

El TLC tendríamos que desecharlo.

Trump sí ha sido muy hábil en este juego. Aparentemente se iba a deshacer del libre comercio. Nunca lo dijo así, dijo que no iba a ser el libre comercio como antes. Y no. Ahora los bilaterales se multiplican por todo el planeta. Ya ni siquiera hablan de tratados de libre comercio, sino de los famosos TBIs (tratados bilaterales de inversión), pero en realidad, sí hay que insistir: no son ya tratados de libre comercio —nunca lo fueron, pero ahora ya se quitaron la careta—, son tratados de entrega paulatina de la soberanía, y esos tratados de entrega paulatina de la soberanía tienen además, como bien decía Camila, cláusulas progresivas de modificación, que las hacen potencialmente muy nocivas, porque nunca sabes lo que estás firmando. Estás firmando comprometerte también a lo que sigue y a lo que sigue y a lo que sigue, de tal manera que tarde o temprano ya doblaste las manos.

Emanuel González Ortega (UCCS). Quiero comentar en todo este contexto de leyes y de la realidad de los pueblos y las comunidades y sus territorios, cómo ha sido la labor de la UCCS desde este rinconcito. Con toda la humildad y las limitaciones de materiales y recursos que hay. Hemos buscado dar información a las comunidades y pueblos que así lo solicitan en cuanto a la detección de transgenes, y que la información sirva como herramienta de acción y de movilización, pero también nos cuestionamos el sentido de entrar en la dinámica de las detecciones.

Quiero explicar muy rápido algunos de los casos que nos hemos encontrado —por ejemplo en Oaxaca, en el sur de México, y en algunas comunidades del Estado de México— una vez que encuentran que sus variedades o alguna de las muestras que se enviaron al laboratorio están contaminadas, buscamos entender con ellos lo que implican los transgenes en las variedades de maíz, en sentido amplio, en la pérdida de recursos, de información, de biodiversidad, y en última instancia de territorio.

Nos hemos encontrado con una sabiduría inmensa. El caso particular de alguna región de Oaxaca es que en tres etapas de estudios de comunidades localizadas al principio algunas muestras de maíz tenían transgenes. La gente empezó a cuestionarse. Es gente y son organizaciones o comunidades preocupadas por sus semillas, que se cuestionaban qué es lo que estaba pasando. Posteriormente nos dieron otras muestras para analizar y resultaba que las muestras diferentes, pertenecientes a la misma variedad estaban limpias. En este diálogo que fuimos compartiendo, nos comentaban que éstas eran semillas que tenían más guardadas porque las había heredado especialmente el abuelo o la abuela. Entonces el proceso genera reflexión, movilización y concientización.

Francisca Rodríguez (CLOC). Cuáles son las políticas agrarias de cada uno de nuestros gobiernos. Nos vamos a encontrar que las políticas agrarias son las mismas, que los programas son los mismos. Los gobiernos dirigen sus políticas agrarias al exterminio de la agricultura campesina, para generar el espacio para la gran agricultura. Tenemos ministerios que son para la gran agricultura y algunos departamentos que son para la agricultura campesina, y lo que nos entregan son migajas para tenernos entretenidos, pero todo el paquete tecnológico de las empresas viene a través de las políticas de gobierno.

En Chile que fue el que hizo cabeza, el país del éxito, en donde se ha experimentado todo (y que exporta programas que están presentes en diferentes países), la resistencia de los campesinos no aparece por ningún lado salvo la voz del pueblo mapuche defendiendo los territorios.

Tiene que ver con que no se trata solamente de la expulsión del campo. Se intenta dejar sin efectividad a las organizaciones campesinas, son los procesos de cooptación de las organizaciones, y creo que es muy importante entrarle el diente a eso, porque se nos va la vida defendiendo.

Tenemos que poner a los gobiernos en su centro, cuál es la responsabilidad de los gobiernos, cuál es la capacidad del capital de presionar a nuestros gobiernos, de incidir sobre los gobiernos, promoviendo las políticas que requieren. Por un lado hacen las políticas agrícolas y por otro nos mantienen en este debate de leyes que tienen que ver con nuestro territorio, no solamente una ley de biodiversidad, una ley de bosques, afectando lo que son nuestros territorios.

Yo creo que lo que pasó en Brasil es terrible, porque había habido algunas pequeñas aperturas en función de las políticas que se estaban instalando en Brasil. Pero los gobiernos te dan hoy y mañana te lo quitan. La presidenta Bachelet quitó la ley de semillas porque estaba en campaña, ahora en su programa, para “proteger las semillas campesinas”, quieren hacer un catastro de las semillas campesinas y después del catastro van a hacer un registro de estas semillas.

Evangelina Robles (Colectivo por la Autonomía). De pronto así de la nada, los últimos años se empezó a llenar cada día, cada semana, de una nueva agroindustria. Es impresionante. Dejas de ir quince días a un lugar y al siguiente viaje ya ves un nuevo invernadero, un nuevo cerro que deforestaron para poner agave, un albergue para jornaleros en otro lugar. Viajé a Chetumal y vi lo mismo, o en Guanajuato donde fue la asamblea de la Red en Defensa del Maíz.

Y nos ponemos a revisar, otra vez, las políticas públicas. Y dice Sagarpa: “tenemos que ordenar el territorio para ser más productivos, México tiene una capacidad de ser competitivo contra otros países del norte porque tenemos la tierra, tenemos el clima, tenemos mano de obra barata, tenemos todo, entonces hay que ordenar todo, para producir más y mejor”.

Pero revisando lo que ellos priorizan, en Jalisco son ocho cultivos, ocho productos que no sirven de alimento en realidad: las “berries” [las bayas], la papa para las papas fritas empaquetadas, el agave para el tequila, el aguacate, la hortaliza de exportación, nada se queda local. Esto es en Jalisco, pero así está todo el país. Son ocho grandes regiones que ya definieron. Entonces tenemos que revisar cuáles son las políticas agrarias, la propiedad de la tierra y su uso, pero también el ordenamiento territorial para los términos de la producción.

Luego en México hay un boom del turismo en lugares que no eran turísticos. Nuestro municipio, que en Jalisco era el menos turístico, ahora cada vez veo más gente de fuera y todo está muy cambiado. Entonces la producción, los servicios, son para los que vienen de afuera, no para la gente que vive ahí.

Las empresas agroindustriales del sur de Jalisco que ocupan más de diez mil hectáreas dan muchísimos empleos, pero tampoco hay números de cuántos de esos empleos son esclavos, porque los hay. En 2013 por lo menos se logró que fuera público que había 273 personas en situación de esclavitud, pero sabemos que hay más, hay muchos desaparecidos también. Si engarzamos todo esto podemos entender hacia dónde va el ataque completo.

Cuando se habla de las leyes, me preocupo mucho porque no sé por dónde las vamos a parar. Realmente estoy muy preocupada. Ya veníamos diciendo desde hace muchos años que para que haya un ejército de abogados en las comunidades, no podemos dedicarnos a ser campesinos. Tendríamos que ser abogados, ingenieros y biólogos interdisciplinarios y así armar las estrategias de defensa jurídica. Y eso no nos va a llevar a nada, porque ellos tienen su plan de acción, es internacional, no es nacional. Lo reviso y digo, no tiene ningún sentido, no es lo que queremos.

Los transgénicos en México no han pasado de manera aplastante, no los han podido aprobar legalmente porque todo mundo dice (hasta los pequeños agroindustriales en Sinaloa) “bueno, si lo pensamos, decimos no”. “Yo no entiendo”, me decían, “si hacen daño a la salud o al medio ambiente”, pero si los pongo en escala de qué se vende mejor, pues los transgénicos están al último de la lista, porque nadie me va a comprar eso para comer, lo que más se vende es lo orgánico, está de moda”.

Es algo tan obvio. No queremos comer transgénicos. No queremos ver quemados los bosques. Ahora cuando tenemos oportunidad de hablar con gente de la ciudad que no está enterada y les hablas un poquito del tema, todo el mundo se preocupa. Entonces me sigo haciendo la pregunta ¿podemos desenmarañarlo, mostrarlo?

Sí ayuda, porque da más visibilidad, hacer más resistencia, pero de verdad sigo con la duda de cómo los vamos a parar, porque como cada vez están más tejidos, se están haciendo expertos en desmantelar los territorios, en desmantelar la resistencia y la organización comunitaria.

La gente que resiste en el sur de Jalisco son personas que tienen al menos unos 70 años en la resistencia, pero no es que se estén cansando, sino que cada vez son menos. Los hijos están más marginados en su propio territorio, acaban siendo jornaleros en sus propias tierras, como aquellos que son camareros de los hoteles que están en sus propias playas. Eso está sucediendo y es resistencia que se está yendo para fuera, aunque no quisieran. Esos jornaleros ven a sus papás en la lucha y no dicen nada, pero tampoco pueden hacer nada.

Y luego en mucho de los casos los están haciendo adictos a las drogas; allá en los invernaderos de Jalisco los obligan a consumir drogas para aguantar el clima, les dicen que es para que aguanten, pero en realidad los enganchan, para que trabajen más, ya no les pagan horas extras, llega el sábado y les cobran cuántas “dosis” tomaron en la semana. Eso también está desmantelando la resistencia, no sé cómo sea en otros lados.

Octavio Sánchez (Anafae). El otro día un compañero campesino decía algo muy importante para la lucha, decía que las semillas tienen memoria. Entonces la memoria de las semillas transgénicas es la memoria de las semillas transgénicas y los venenos que le han echado, y la de la semilla campesina es la memoria de su manejo, de su trato. Las semillas tienen memoria.

Camila Montecinos (GRAIN). Reaccionando un poco a lo que dice Eva, yo también creo que la estrategia legal es muy limitada, porque justamente muchas veces es pedagógica. Te permite denunciar, permite demostrar los intereses de las leyes, pero lo más probable es que sigan adelante. En determinadas circunstancias, en determinados lugares, países, sí es posible parar determinadas leyes, y esas peleas hay que darlas, incluso aunque se pierdan, porque sirven para concientizar, pero también porque si logramos parar alguna ley es mejorcito que no pararla.

El objetivo principal es que la gente se dé cuenta de las trampas que hay en esas leyes, porque normalmente las presentan muy bonitas o hacen esas supuestas consultas “ciudadanas” para legitimarlas y son trampas. La idea es que la gente tenga los ojos abiertos y se de cuenta que no hay una ley UPOV buena, no existe, es imposible.

Es más que nada un trabajo educativo para no involucrarse y entramparse en las estrategias legales del capital. En realidad la defensa está por otro lado. La defensa va un poco por ahí con lo que dijo Octavio: que haya tal actividad en torno a las semillas que sea incontrolable. Nuestra única posibilidad hoy es convertirnos en incontrolables y eso tiene que ser masivo, consciente, permanente.

En relación a las drogas. Creo que más y más se nos viene encima la necesidad urgente de tener un análisis político del problema de las drogas, porque hasta el momento el análisis que tenemos es que es un problema social y un problema político y es una estrategia de contrainsurgencia. No es una estrategia criminal solamente, para ganar dinero (que también es): también es una estrategia de contrainsurgencia, de despojo territorial.

Ramón Vera Herrera (GRAIN). Cuando este camino, llamémosle jurídico, lo tomamos como fin se vuelve un espejismo tremendo, porque no tenemos los hilos para resolverlo. Lo ponemos en manos de otros y eso es no sólo inoperante sino fragmentador. Me parece que es muy importante reivindicar el camino de lo jurídico como pedagógico, como han estado diciendo, pero también estratégico. No estratégico en que mientras ponemos una demanda, seguimos movilizando, eso también, pero también estratégico en poder constatar cómo operan las corporaciones, qué están pensando los gobiernos. Y las sentencias a las demandas nos lo muestran.

Las sentencias contienen una serie de opiniones que son joyas de lo que realmente piensan de los pueblos y donde se desnudan de una manera muy tremenda. Los juicios desatan respuestas enloquecidas por parte del Estado para contrarrestar los juicios. A partir de esas sentencias entendemos qué miran de cómo procedemos y qué piensan de la gente, de los pueblos, de las comunidades.

Ellos nunca piensan, por ejemplo, que la consulta sea a los pueblos, sino que es una prerrogativa individual, pero que los individuos se pueden asociar y entonces como se asocian, entonces la consideramos “colectiva”, pero la consulta es individual. Eso no lo dicen en ningún lado salvo en una sentencia.

Carlos Vicente (GRAIN). Parte de lo que necesitamos en esta batalla cultural es quitarle el manto de verdad que tiene un montón de palabras. Hoy hablamos de la democracia, de la producción de alimentos, un montón de cosas que no son para eso, la misma agricultura industrial. En Argentina una sección del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria acaba de prohibirle a sus técnicos decir agrotóxicos, sólo pueden decir fitosanitario. Y en unas charlas de prácticas agrícolas, un grupo de chicos llegó con un cartel diciendo “son agrotóxicos”, y ahí empezaron las charlas. Quitarle a esas palabras el uso mentiroso es esencial, porque la gente sigue pensando que votar es suficiente para tener democracia, que necesitamos a las corporaciones para comer. Necesitamos hacer una fuerte labor educativa para que la gente se sume al rechazo.

Germán Vélez (Grupo Semillas). En Colombia, cualquiera que vea una atrocidad quiere demandar rápido y espera a que tumbemos la norma y bueno se acabó.

Las demandas judiciales nos han servido más bien para sensibilizar, movilizar a la gente, mostrar que hay otros caminos que hay que recorrer también, pero sobre todo las dificultades que tiene el camino por la inoperancia de nuestros sistemas judiciales.

Hace diez años, nosotros demandamos los primeros transgénicos que se liberaron de maíz y todavía no hay una sentencia. Al final vemos que cuando todo esté consumado, quizás ya van a decir sí o no. Independientemente de eso, todo el proceso nos ha enseñado que hay que seguir resoplándoles en el oído para demostrar que ellos no tienen el camino solos.

Sobre todo, lo que hemos logrado es avanzar en que los campesinos o la sociedad han empezado a ver que hay que desjudicializar el debate. Que no es el camino principal y que hay que tenerlo como una de las múltiples estrategias, pero no la única ni la principal.

El camino es como lo que dicen Eva y Camila, cómo fortalecer la resistencia. No permitir que las semillas no sigan caminando con la gente y con el control de la gente. Ahí es donde está la gran fortaleza y es lo que también tiene loco a este modelo. No es tan fácil homogenizar a todo el mundo a que sólo utilicen sus semillas certificadas.

Hay zonas donde han arrasado con todo y no hay mucho que hacer, pero donde hay resistencia campesina, articulación, organización, ahí sí se ha podido avanzar muy fuerte en que no entren o en que frenemos su avance tan rápido. También tenemos que repensar nuestras estrategias y mirarlas en su justa medida.

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