Biodiversidad 84 / 2015-2

Es un hecho que a las sociedades humanas y a la naturaleza toda nos tienen envenenadas desde el cultivo industrial que lo acapara todo (de la tierra a las semillas pasando por los insumos químicos) hasta los alimentos procesados que tanto se promueven con los tratados de libre comercio y sus enormes supermercado, pero también con las tiendas de conveniencia que invaden los territorios del comercio independiente para imponer una disponibilidad única que engorda a la gente y la hace diabética pese a desnutrirla y dejarla en inseguridad alimentaria. ¿Cómo es posible todo esto junto? Desde los rincones más apartados de nuestro continente se alzan las voces que impugnan ese envenenamiento (sobre todo la devastación agrotóxica, como el glifosato, silencioso asesino de los pueblos, de nuestra agua, de nuestra querídisima tierra).

 

Es un hecho que a las sociedades humanas y a la naturaleza toda nos tienen envenenadas desde el cultivo industrial que lo acapara todo (de la tierra a las semillas pasando por los insumos químicos) hasta los alimentos procesados que tanto se promueven con los tratados de libre comercio y sus enormes supermercados, pero también con las tiendas de conveniencia que invaden los territorios del comercio independiente para imponer una disponibilidad única que engorda a la gente y la hace diabética pese a desnutrirla y dejarla en inseguridad alimentaria. ¿Cómo es posible todo esto junto? Desde los rincones más apartados de nuestro continente se alzan las voces que impugnan ese envenenamiento (sobre todo la devastación agrotóxica, como el glifosato, silencioso asesino de los pueblos, de nuestra agua, de nuestra querídisima tierra).

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Editorial

Biodiversidad | 05 mayo 2015 | Biodiversidad 84 / 2015-2

La fotografía nos muestra la fumigación con maquinaria especializada a flor de tierra, de un campo de monocultivo, obviamente industrial, de piña. Tal vez a alguna gente urbana, poco propensa a enterarse, la foto le parezca incluso grandiosa, por la maravilla de la tecnología. En realidad, cada fumigación que ocurre en el planeta va recrudeciendo la situación de nuestros entornos, de la gente y los animales y plantas, del aire, del agua, del futuro.

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Hace varios años que las compañías transnacionales de alimentos entendieron que los mercados primordiales para su crecimiento están en el Sur global. Para incrementar sus ganancias necesitan “hurgar en la pirámide”, como lo pone una corporación, es decir desarrollar y vender productos destinados especialmente a los millones de pobres en el mundo. Gente que se mantiene con alimentos locales producidos por ellos mismos y mediante mercados informales que les  proveen de un sustento propio.

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Los peores presagios se confirmaron y fueron, como siempre han sido, los pueblos afectados por las fumigaciones masivas los primeros en dar el alerta. Desde los campesinos colombianos afectados por las fumigaciones masivas contra las “plantaciones ilegales” por el Plan Colombia hasta los pueblos fumigados en toda la “República Unida de la Soja”, impúdicamente bautizada así por Syngenta, se han escuchado durante las últimas dos décadas sus reclamos por todas las vías posibles: cientos de movilizaciones, resistencia en las comunidades, acciones legales, acampes, piquetes y miles de expresiones de creatividad que aun en las peores situaciones los pueblos saben expresar dieron testimonio de una resistencia que ha marcado a fuego estas décadas.

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Por la prohibición inmediata del glifosato en Argentina. Y hacia el cambio a un sistema agroalimentario ambientalmente sostenible, que no enferme ni mate, diverso y socialmente inclusivo.

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El pasado 5 de marzo, mujeres del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) y Via Campesina Brasil detuvieron la primer liberación comercial de árboles transgénicos en América Latina. Cerca de mil mujeres ocuparon una planta de FuturaGene en Itapetininga, estado de São Paulo, arrancando plántulas de eucaliptos transgénicos de esa empresa, propiedad de la transnacional brasilera Suzano Papel e Celulosa, una de las diez mayores productoras globales de celulosa.

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La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) convocó el pasado 20 de marzo del 2015 en su sede en Washington DC a una audiencia pública sobre el tema del derecho humano al agua potable en zonas rurales de Costa Rica. Se presentó el caso de las comunidades de Siquirres de Limón, zona Caribe Norte de Costa Rica, quienes tienen el agua para consumo humano contaminada con plaguicidas. Este caso se utilizó como ejemplo pues expone las graves consecuencias que ha traído la expansión descontrolada del monocultivo de piña en el país y el favorecimiento realizado del Estado a la agroindustria trasnacional en vez de respaldar a las comunidades locales.

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La decisión viola leyes nacionales y protocolos internacionales. Ésta es la primera aprobación de liberación comercial de árboles genéticamente modificados en América Latina. Las organizaciones brasileñas están considerando la posibilidad de apelar a la justicia para impedir la liberación de árboles transgénicos pues se está violando la legislación nacional.

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Plan Campesino del Movimiento de los Pequeños Agricultores, MPA, se convierte en programa de gobierno en Río Grande del Sur, Brasil y podría ganar ámbito nacional | México. Territorios: porque queremos seguir siendo lo que somos | Rumbo al VI Congreso de CLOC-VC. Entrevista con Pancha Rodríguez | VI Congreso Continental de CLOC-Vía Campesina | Ecuador: Un código de despojo | Ecuador: Borrando con el codo decisiones dignas.

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Este mes en la sección de Mitos presentamos el caso de las fumigaciones con glifosato, como manera de erradicar cosechas “ilegales”. Después de dos décadas de fumigaciones hay muchas críticas sobre su eficacia, sus métodos y sus efectos sociales y ambientales. La Organización Mundial de la Salud OMS acaba de calificar el glifosato como potencialmente cancerígeno (en consecuencia reclasificado como sustancia 2 A).

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