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Author: Biodiversidad
Date: 14 January 2010
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Biodiversidad | 14 January 2010 | Biodiversidad - Ene 2010


Maíz transgénico legal: qué está en juego

Hace años es evidente que, en México, las cámaras de diputados y senadores decidieron abrir un paraguas protector para las grandes empresas y sus cómplices en los centros de investigación mediante legislaciones que extreman la vida de las comunidades indígenas contra quienes estas leyes van dirigidas casi con dedicatoria. Es vital entonces entender que la aprobación de la Ley Monsanto o Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados no sólo santifica la siembra de maíz transgénico sino que impide que alguien, con la ley en la mano, pueda cancelar y prohibir tales siembras).
Se trata de un desmantelamiento general de las herramientas legales con que contaba la población mexicana. Pero el ataque es frontal contra los pueblos campesinos indígenas —justamente quienes podrían, con sus saberes ancestrales y su visión agrícola para cuidar el mundo, abrir el panorama futuro de la alimentación mundial y el cambio climático, por lo menos.
Y no es sólo la ley. Son también sus reglamentos y el enorme paquete normativo que incluye una ley de semillas, tan aberrante que pretende barrer con las semillas nativas por no ser homogéneas, y reducir las restantes a unas cuantas variedades que, certificadas, sean el único equipaje (con costo monetario) para tejer una deslavada biodiversidad del maíz nativo, ese vastísimo bien común de la humanidad.
Así, se busca plantar variedades transgénicas en todas las zonas posibles, porque el intento es que las semillas que se siembren en México sean de laboratorio, sean propiedad de un puñado de compañías, cuenten con catálogos de rasgos fijos (algo imposible), estén asociadas a paquetes tecnológicos de agrotóxicos y respondan con las "ventajas" supuestas que las hagan rentables o utilizables por tales compañías, para fines ajenos a la alimentación. Se sembrarán en tierras acaparadas en renta o venta para iniciar una eufémica etapa experimental que tramaron gobiernos, empresas e inversionistas, mientras los intermediarios cobran por convencer a los agricultores socios de que no les tendieron una trampa.

Mientras tanto, en México la Red en Defensa del Maíz lleva casi diez años trabajando por abajo con comunidades, organizaciones, proyectos e individuos que, desde muchos ámbitos, entienden con claridad que sólo podrá defenderse el maíz si se defiende como cultivo en su conjunto, si se defiende el larguísimo plazo de una visión integral que revindica las semillas ancestrales propias que se guardan y se intercambian por canales de confianza. Y que esto pasa por trabajar defendiendo el territorio y por ende el agua, el bosque, los sistemas propios de gobierno y los saberes locales, con el empeño consciente por sembrar alimentos propios con justicia, respeto y autonomía.

La Red siempre ha estado conectada con los que desde las regiones se empeñan por reflexionar juntos y toman su vida en sus manos y no con quienes buscan un cambio en un párrafo o una ventaja más o menos favorecedora en las leyes. Eso pone a la Red aparte de otras campañas que favorecen el cabildeo pero que no tocan el corazón del problema ni se conectan con los colectivos que piensan y defienden la vida desde diversas regiones del país.

Para la Red es claro que los intentos gubernamentales por sembrar maíz transgénico se sitúan en el norte del país porque ahí, desde la Conquista, el sistema impuesto intentó arrasar con todo lo que le estorbaba, se apoderó de cuanta tierra pudo, y diezmó a todos los núcleos de población. Ahora intentan convencer a ejidatarios y agricultores comerciales sin pasado ancestral de siembras propias que los transgénicos son progreso.

En cambio, en estos diez años, el sur y el centro se han vuelto un bastión de defensa, no sólo del maíz sino de la autonomía indígena que lo hace posible, y aunque se intenten estas siembras industriales habrá un núcleo de resistencia frontal.

En la reciente reunión de la Red en Guadalajara a principios de noviembre, se acordó entonces emprender campañas activas y directas de información en ese norte de México, reivindicar los argumentos y la legitimidad acumulados en diez años y no claudicar en esa actitud de construir un largo plazo por abajo —sin componendas legislativas. Tejer relaciones con la ciudad, pero sin la vieja distinción entre productores y consumidores, haciendo ver a la gente de las ciudades que quienes están en aprietos a mediano plazo son los pobres urbanos que ni tienen tierra ni semillas ni saberes para sembrar y que sufren todas las políticas impuestas por un horrendo sistema alimentario internacional, que va por todo, a costa de todo. Biodiversidad


Nuevo llamado ecológico por la emancipación de territorios y pueblos de la energía fósil

A quienes luchan y denuncian las guerras
A quienes cuidan el agua, el clima y los bosques
A quienes vigilan y se oponen el despilfarro económico de los países
A quienes se enfrentan a la corrupción y manipulación de democracias
A quienes resisten a las industrias extractivas
A quienes develan y rechazan las deudas ilegítimas e injustas
A quienes se oponen en contra de los agrotóxicos
A quienes mantienen su vinculo con la tierra y la cuidan
A quienes promueven el transporte alternativo, individual o colectivo
A quienes luchan por la conservación y protegen los bosques
A quienes rechazan los monocultivos
A quienes trabajan por la salud de las personas y la naturaleza
A todos y todas quienes apuestan por la vida del planeta.

El planeta vive una urgencia. La concentración de dióxido de carbono —CO2— en la atmósfera crece más del 3% anual en lugar de decrecer a más de la mitad como debería. Mientras tanto, las comunidades que viven en armonía con la naturaleza y la cuidan están siendo presionadas a extremos insoportables.

Para la producción de energía, principalmente para la industria y el transporte, para el desmesurado consumo de materiales y manufacturas provenientes de petróleo, se contamina la atmósfera, se daña los ríos, se destruye los bosques, se acaba con las bases de subsistencia de comunidades del Sur y se afecta la salud de las personas, los pueblos y la naturaleza.

En el planeta entero, país a país vivimos cada vez con más fuerza y frecuencia, escasez de agua, crisis energética, crisis por la falta de lluvias, crisis social y violencia. En este escenario, el tránsito a una civilización post-petrolera es inevitable. Sin embargo se dilatan las acciones desde los gobiernos. Las cumbres internacionales sobre el clima, a pesar de las espectativas, terminan siendo una farsa, pues se imponen las falsas soluciones como son el mercado de carbono y o tecnologías que pueden afectar aún más el ambiente.

Los gobiernos deben ser coherentes y entender que es imprescindible avanzar con acuerdos mutuamente consentidos de responsabilidades comunes y diferenciadas que protejan el planeta, su clima, su biodiversidad y su gente.

Los esfuerzos más claros frente a los cambios climáticos están en los pueblos y las organizaciones; entre colectivos de hombres y mujeres que alrededor de todo el mundo están comprometidos con la vida y la naturaleza. Estos saberes y esfuerzos, locales, regionales o globales, adquieren más trascendencia cuando se articulan colectivamente.

Nuestras comunidades siguen existiendo, a pesar de que el capitalismo impone un modelo individualista basado en las teorías de la competencia. Las comunidades se expresan con prácticas que corresponde reforzarlas y replicarlas.

Nuestras organizaciones necesitan fortalecer y ratificar sus convicciones con la certeza de que es posible un cambio, superando el pragmatismo que conduce casi siempre a renuncias debilitantes.

Nuestros países siguen avanzando, con participación y presión social, en conquistar nuevos derechos, tales como devolver a la naturaleza su condición de sujeto de derechos, sus defensores actores claves de las políticas pública, así como en el reconocimiento de la deuda ecológica.

Hacia una agenda para el futuro

OILWATCH nació impulsada por la necesidad de desarrollar estrategias globales frente a las actividades petroleras y para apoyar los procesos de resistencia de las comunidades afectadas.

OILWATCH propone una agenda que vaya má allá de las negociaciones internacionales sobre el clima, que sirva de base para avanzar positivamente hacia la constitución de sociedades y territorios libres de petróleo:

En lo tecnológico: trabajar por la transformación del patrón tecnológico hacia uno que nos libere de la dependencia a los hidrocarburos y a los minerales; investigar y crear tecnologías propias que construyan y fortalezcan las soberanías y que respeten los derechos y los ciclos vitales de la naturaleza.

En la energía: respaldar los esfuerzos de los pueblos para emanciparse del petróleo como fuente de energía; construir soberanía energética; reconocer los esfuerzos de las comunidades que con su resistencia están logrando mantener el crudo en el subsuelo; amplificar las propuestas de energías renovables, limpias, descentralizadas, diversas y de bajo impacto.

En la agricultura: fortalecer la producción de alimentos ya no para traficar sino para calmar el hambre; para construir y fortalecer la soberania alimentaria con modelos agrícolas diversos, sustentables, saludables; cultivar a pequeña escala y local, de manera orgánica, basada en la agricultura campesina.

En el transporte: contrarrestar el culto al auto, a la urbanización salvaje, a las carreteras, con el culto a la naturaleza; trabajar por el transporte publico y colectivo y promover los ciclovehículos.

En lo económico: romper con el paradigma del crecimiento ilimitado basado en el mercado y en la renta de la naturaleza; desacelerar en lugar de alentar la aceleración de las economías; favorecer las economías y los mercados locales.

En lo jurídico: avanzar en un sistema jurídico de protección de los derechos de los pueblos que resisten y que son reprimidos y criminalizados; adelantar el camino hacia una doctrina que sustente los derechos de la naturaleza; definir una estrategia para el reconocimiento y resarcimiento de la deuda histórica, social y ecológica; luchar por un sistema jurídico que penalice a nivel internacional los crímenes ambientales.

En lo internacional: determinación de una meta global de países sustentables, respetuosos de la naturaleza y de los derechos humanos y colectivos, de los derechos económicos y sociales, derechos ambientales y del derecho del planeta de continuar existiendo; alterar las relaciones de poder en las relaciones económicas internacionales; reconocer y restituir la deuda histórica, social y ecológica que tiene el Norte industrializado con los pueblos del Sur.

Nuestra agenda inmediata
1. Construir agendas comunes desde las diferentes redes y organizaciones para enfrentar el actual modelo civilizatorio.
2. Trabajar por territorios libres de petróleo y sin actividades destructivas; crear una Alianza de Pueblos y Territorios Liberados.
3. Recuperar los saberes locales en materia de agua, clima y energía y compartirlos entre los pueblos.
4. Reforzar la resistencia a proyectos depredadores de la naturaleza y crear dinámicas colectivas para proteger a los defensores de la naturaleza.
5. Denunciar las falsas soluciones al cambio climático; condenar los mecanismos injustos como el mercado de carbono y el endeudamiento para la adaptación o las tecnologías de manipulación de la naturaleza.

Oilwatch - http:// www.oilwatch.org


Voces indígenas frente al calentamiento global

De los Andes, la Amazonía, las llanuras de la Costa, los Manglares, hacia Copenhague y desde allí hacia nuestros espacios de vida.

El 80% de ecosistemas estratégicos se encuentran en territorios indígenas. Las formas de vida indígenas han sido las garantes del equilibrio necesario a la vida en el planeta. El hombre civilizado ha llevado al planeta en más de 500 años, al colapso, mientras los pueblos originarios hemos vivido en desde hace más de 10 mil años, garantizando la vida de numerosas generaciones.

El modelo económico cuyos cimientos están en el consumo irresponsable y en la explotación desmedida de recursos naturales, se ha mostrado insostenible e inviable. La acumulación de capital está a punto de hacer sucumbir la vida en el planeta. La crisis económica, se agudiza por una crisis de valores, de modelos. En este contexto las voces indígenas se reafirman en su coherencia: respeto a la vida, a la Pacha Mama, al Sumak Kausay.

La humanidad tiene la elección de orientar sus políticas en el marco de los derechos de la naturaleza o de continuar en la espiral del consumo y de la explotación. Ésta es la posición de la Conaie y ha sido el eje fundamental del proyecto político de las nacionalidades y pueblos: garantías a los derechos territoriales pues con ello se fortalecen las iniciativas de protección de ecosistemas fundamentales para la vida y el equilibrio en el planeta.

Los pueblos indígenas a nivel mundial exigimos con firmeza: respeto a nuestros derechos. Nuestros territorios son nuestros espacios de vida y de seguir la tendencia autodestructiva del "hombre civilizado", del primer mundo, nuestros territorios serán también los espacios de vida para la humanidad. Este mensaje debe entenderse. Es la esencia profunda de nuestra oposición a la expansión de la frontera petrolera hacia el centro sur de la Amazonía. No queremos que se extienda y repita la tragedia de la Amazonía norte donde los niveles de contaminación están entre los más altos del planeta.

Al oponernos a la actividad minera en Ecuador, en sitios fundamentales para la vida y la naturaleza, estamos cuidando los derechos de los ecuatorianos y ecuatorianas a vivir en un medio ambienta sano y libre de contaminación. Al exigir medidas de protección, de no privatización de las cuencas hídricas, así como el revertimiento de las concesiones ya hechas y marcadas por irregularidades, estamos defendiendo el derecho humano al agua del Ecuador plurinacional. Al exigir políticas públicas garantes de la plurinacionalidad, buscamos un Ecuador donde todos sus pueblos fortalezcamos nuestras potencialidades para el ejercicio de derechos y la garantía a los mismos, incluidos los de la naturaleza.

La crisis energética no es una casualidad. Es el resultado de la ruptura del ciclo del agua, resultado de la depredación de bosques primarios, de la imposición de monocultivos de especies como el pino, ciprés, teca, que consumen grandes cantidades de agua. Todo esto ha venido siendo advertido por nuestros pueblos. Ésta fue la razón para reivindicar los derechos de la naturaleza en la nueva Constitución. Con este fin exigimos que se incluya los principios de la Pacha Mama y el Sumak Kausay.

Ahora es cuando debemos los ecuatorianos mostrar al mundo que podemos ser ejemplo de coherencia, responsabilidad y respeto a la vida: dejemos el modelo económico de características neoliberales, abandonemos la carrera armamentista, el endeudamiento irracional, y vayamos juntos hacia una propuesta de sociedad y de país de derechos y de derecho. No podemos condicionar el dejar el petróleo bajo el suelo en los territorios de los pueblos en aislamiento al capital internacional orientado hacia un país que se endeuda y que compra armas cada vez más de forma preocupante. La vida de los pueblos en aislamiento debe ser garantizada sin condicionamiento alguno y sus territorios deben ser declarados libres de toda actividad extractiva, sin precio alguno. Debemos ir hacia el respeto irrestricto de los derechos territoriales de las nacionalidades y pueblos; nosotros conservamos los espacios de vida y estamos determinados a seguir haciéndolo.

Que se escuche la voz de nuestros pueblos milenarios pues nuestros sabios y ancestros en sus sueños de Ayahuasca y de la Mama Coca, ya escucharon el llamado de la tierra, de la madre tierra, el llamado de la vida: coherencia, respeto a la palabra, a la vida, a los derechos de la naturaleza, a los de las generaciones futuras.


Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie)

La agricultura
Centro de la discusión de la crisis climática

Copenhague, diciembre 2009. La Vía Campesina y otros grupos ponen la agricultura en primera línea y al centro de las discusiones sobre cambio climático: son portadores de un mensaje de esperanza. Quieren que el mundo sepa que en su continua lucha por la soberanía alimentaria, hay una manera de salir de la crisis climática.
El sistema alimentario mundial actual necesita un cambio profundo. Según nuestros cálculos, la expansión del sistema industrial de alimentos es la principal causa del cambio climático. Por su dependencia de los combustibles fósiles, las exportaciones masivas, la concentración de los mercados, la erosión de los suelos y la expansión de las plantaciones, se generan entre el 44 y el 57% del total mundial de gases con efecto de invernadero (GEI). El sistema industrial de alimentos es completamente incapaz de garantizar la alimentación de las personas y las necesidades de subsistencia en un mundo que se hunde cada vez más en la crisis climática. Ya ha dejado a más de mil millones de personas sin los alimentos suficientes, y cientos de millones de personas más pasarán hambre en los próximos años si el sistema alimentario no se reorganiza.
La consecuencia más devastadora de este sistema industrial de alimentos, sin embargo, es que está destruyendo otros sistemas alimentarios que pueden revertir el cambio climático y satisfacer las necesidades mundiales de alimentos.
Olvidemos los mercados de carbono, la geo-ingeniería y todas las otras falsas soluciones. Ésta es una manera real de salir de la crisis climática:*
» Mediante el uso de prácticas agroecológicas para reconstruir la materia orgánica en los suelos perdida por la agricultura industrial, las emisiones totales de gases con efecto de invernadero pueden reducirse en un 20-35%.
» Descentralizando la ganadería y su integración con la producción agrícola las emisiones totales de gases con efecto de invernadero pueden reducirse en un 5-9%.
» Distribuyendo alimentos principalmente a través de mercados locales en lugar de las cadenas alimentarias transnacionales, las emisiones totales de gases con efecto de invernadero pueden reducirse en un 10-12%.
» Deteniendo el desmonte de tierras y la deforestación para plantaciones, las emisiones totales de gases con efecto de invernadero pueden reducirse en un 15-18%.
Estas sencillas medidas llevarían a una reducción de entre la mitad y las tres cuartas partes de las emisiones globales actuales de GEI.
¿Qué se requiere para lograrlo? Lo que los agricultores y productores de alimentos han estado defendiendo y pidiendo desde hace décadas:
» Descentralización de la producción y la distribución,
» Un apoyo eficaz a prácticas agrícolas basadas en procesos agroecológicos, la biodiversidad y los saberes locales.
» Una profunda reforma agraria

Lo único que detiene estas medidas son razones políticas. El problema es que las corporaciones que se benefician del sistema industrial de alimentos están fijando la agenda política. Es hora de quitar de las manos de los grandes especuladores el destino del planeta y la humanidad para poner en primer lugar a los productores de alimentos del mundo.

* Los antecedentes y las cifras completas están disponibles en los siguientes informes:

GRAIN: Los pequeños agricultores pueden enfriar el planeta: una forma de salir del caos causado por el sistema industrial de alimentos http://www.grain.org/o/?id=95. http://www.grain.org/go/climatecrisisrefs
Vía Campesina: Hechos y datos: campesinas y campesinos enfrían el planeta http://viacampesina.net/downloads/PAPER5/SP/paper5-SP.pdf
GRAIN: Cuidar el suelo. http://www.grain.org/biodiversidad/?id=459
GRAIN: Cambio climático: el fracaso del sistema alimentario transnacional. http://www.grain.org/biodiversidad/?id=455


Comunicado de GRAIN
para la conferencia de prensa conjunta con Vía Campesina

Roma, 16 de noviembre 2009. Desde hace más de un año y medio hemos estado observando atentamente cómo los inversionistas intentan tomar el control de tierras de cultivo en Asia, África y América Latina como respuesta a la crisis alimentaria y financiera. Durante los primeros meses de 2008, los inversionistas justificaron la adquisición de tierras en nombre de la "seguridad alimentaria". Representantes de los Estados del Golfo comenzaron a dar la vuelta al mundo en busca de grandes extensiones de tierras que pudieran adquirir para cultivar arroz para alimentar a su creciente población sin recurrir al comercio internacional. Los coreanos, libios, egipcios y otros países siguieron su ejemplo. En la mayoría de los debates estuvieron directamente involucrados altos representantes de los gobiernos, haciendo presión para que se aprobaran nuevos paquetes de cooperación política, económica y financiera en torno a los contratos con la tierra. Luego, hacia julio de 2008, la crisis financiera se profundizó, y nos dimos cuenta de que junto a los acaparadores de tierras en pos de "seguridad alimentaria" había un grupo completamente distinto de inversionistas que intenta apoderarse de tierras de cultivo en el Sur: fondos de cobertura, grupos de capital privado, bancos de inversión y similares. No están interesados en la seguridad alimentaria: se dieron cuenta de que pueden ganar dinero invirtiendo en agricultura, debido a que la población mundial continúa aumentando, los precios de los alimentos seguirán altos y las tierras agrícolas son muy baratas. Con un poco de tecnología y conocimientos de gestión destinados a estas adquisiciones agrícolas, logran diversificar su cartera, tener cobertura contra la inflación y los rendimientos garantizados —tanto de las cosechas como de la tierra misma.

A la fecha, más de 40 millones de hectáreas han cambiado de manos o están en fase de negociación —20 millones están en África. Se calcula que más de 100 mil millones de dólares se han puesto sobre la mesa para que esto ocurra. A pesar de la facilitación gubernamental aquí o allá, estos acuerdos son firmados y llevados a cabo por empresas privadas, sobre todo, en connivencia con los funcionarios del país anfitrión. Hemos recopilado datos que muestran quienes son los acaparadores de tierras y las operaciones que realizan, pero la mayoría de la información es mantenida en secreto para la opinión pública, por temor a una reacción política. No hay nada en esta carrera por tierras de cultivo en el Sur que sea de interés para las comunidades locales, sea que hablemos de Paquistán, Camboya, Filipinas, Madagascar, Kenia, Sudán, Etiopía o Mali. Muchos de estos países padecen de una enorme inseguridad alimentaria en sí mismos. Estas apropiaciones de tierras están destinadas a acabar con la agricultura a pequeña escala, no a mejorarla. Este nuevo acaparamiento de tierras a nivel mundial es visto por los movimientos sociales como receta que profundizará los conflictos —no sólo por la tierra, sino también por el agua. 

Hoy Roma ofrece una especie de microcosmos de este conflicto. En la FAO, los gobiernos, los organismos internacionales (por ejemplo el Banco Mundial) y las empresas privadas (como Yara, Bunge y Dreyfus) están tratando de decidir lo que ellos denominan códigos de conducta y directrices voluntarias para hacer estas transacciones en que "ambas partes ganan" [win-win]. En realidad su principal preocupación es el dinero. Ellos no quieren que los dólares y los dirhams que pusieron sobre la mesa para adquirir tierras de cultivo se les escapen. Así, armaron una respuesta oportunista: lograr que los contratos sobre tierras "funcionen" mediante el manejo conjunto de los riesgos asociados.

Y sabemos por qué. Después de 50 años de regímenes de modernización agrícola, tales como la Revolución Verde y la biotecnología, y los últimos 30 años de amplios programas de ajuste estructural, tenemos más personas con hambre en el planeta que nunca. Es claro que fracasaron todos estos programas que supuestamente pretendían alimentar al mundo. Por desgracia, el Banco Mundial y otras organizaciones similares han decidido que la mejor opción es seguir adelante, al dinero; avanzar en operaciones de instalación de agronegocios a gran escala en todas partes, especialmente donde aún no han echado raíces, con el fin de solucionar el problema. Ésa es la esencia del paradigma de la apropiación de tierras: ampliar y consolidar el modelo occidental de las grandes cadenas de valor de mercancías. En otras palabras: producción de alimentos controlada por multinacionales y orientada a la exportación. Los movimientos sociales vemos las cosas de manera muy diferente. Para nosotros, todas esas promesas de "que ambas partes ganan" no son realistas. Prometen transparencia y buen gobierno, como si los inversionistas extranjeros fueran a respetar los derechos de las comunidades a la tierra, allí donde los gobiernos locales no lo hacen. Se habla de puestos de trabajo y transferencia de tecnología, cuando estos temas no son el problema (sin mencionar que muy poco de esto puede materializarse). Se utilizan palabras como "voluntario", "miedo" y "podría" en lugar de "garantizado", "seguridad" y "real". Los partidarios del modelo de "ambas partes ganan" están divididos sobre cómo irán a reaccionar en caso de presiones por alimentos en los países de acogida, lo que es un escenario muy probable.

¿Deberían permitir a los países restringir las exportaciones, incluso las de las granjas de los inversionistas extranjeros? ¿Se debe dar prioridad a los supuestos del libre comercio y a los derechos de los inversionistas? Entre los grupos participantes con los que hemos conversado en África o Asia, nadie se toma en serio esta idea de "ambas partes ganan". El actual acaparamiento global de las tierras de cultivo, donde la inversión extranjera toma el control de la tierra y el agua en los países en desarrollo, no tiene nada que ver con el fortalecimiento de la agricultura familiar y los mercados locales, que a nuestro juicio es la única manera de avanzar para lograr sistemas alimentarios que alimenten a la gente. Debemos detenerlo de inmediato. No hay ninguna posibilidad de que "ambas partes ganen", porque quienes impulsan estas inversiones hacen la pregunta equivocada. No se trata de "cómo podemos hacer que estas inversiones funcionen" Se trata de "qué agricultura y qué comida alimentará a la gente sin enfermarla, manteniendo a los campesinos en sus fincas y no en los barrios de la ciudad, permitiendo a las comunidades prosperar y florecer". Una vez que estemos de acuerdo en que la cuestión real es qué agricultura queremos, entonces podemos hablar de la inversión que nos llevará hasta allí.

En GRAIN, estamos muy preocupados por la situación. Creemos que el actual acaparamiento de tierras sólo puede agravar la crisis alimentaria. Impulsa un sistema agrícola orientado a monocultivos de gran escala, con OGM, sustituye a los campesinos por máquinas, utiliza productos químicos y combustibles fósiles. Este sistema agrícola no puede alimentar a todos. Es una agricultura que alimenta las ganancias especulativas para unos pocos y genera más pobreza para el resto. Por supuesto que necesitamos inversión. Pero la inversión la necesitamos hacer en soberanía alimentaria, en un millón de mercados locales y en los cuatro mil millones de habitantes rurales que actualmente producen la mayor parte de los alimentos en que se basan nuestras sociedades y no en algunas mega-granjas controladas por unos pocos mega-terratenientes.


El fracaso de la conferencia de Copenhague
Réquiem por un planeta atestad
o

George Monbiot, The Guardian, 21 de diciembre de 2009. La última vez que colapsaron de este modo unas negociaciones globales fue en Doha, en 2001. Al romperse las charlas en torno al comercio, La Organización Mundial de Comercio (OMC) le aseguró a los delegados que no había nada que temer: se mudarían a México, donde se haría un buen arreglo. Las negociaciones se hundieron en la arena del centro turístico de Cancún, y nunca volvieron a emerger. Tras ocho años de dudas e indecisiones, nada se ha acordado.

Cuando las conversaciones en torno al clima en Copenhague culminaron en fracaso, Yvo de Boer, el hombre que estuvo a cargo del proceso, nos urgió a no preocuparnos: todo se arreglará "en México, de aquí a un año".[1] México es el equivalente diplomático a un tiradero de basura en el Pacífico: ¿el lugar donde las negociaciones fallidas van a morir?

De Boer puede intentar hacernos creer que no es sino una perturbación pasajera pero también sabe lo que ocurre cuando las charlas pierden su momento. Hace un año le pregunté qué era lo que más temía. Y me dijo: "El peor escenario es que la conferencia sea una segunda OMC… Copenhague, para mí, es una fecha límite muy clara que necesitamos cumplir, y si no remontamos ahí, entonces el proceso comenzará a resbalar, y al igual que con las negociaciones de comercio, con cada fecha límite que no cumplamos, nos iremos volviendo como la orquestita que tocaba al momento del hundimiento del Titanic" [2]

Podemos vivir sin un nuevo acuerdo de comercio. No podemos vivir sin un acuerdo climático. Uno de los fracasos de la gente que ha intentado movilizar apoyo a favor de un tratado climático es que ya hicimos el asunto algo muy complicado. Éste es el resumen más simple que pude redactar. Los seres humanos pueden vivir en un rango más amplio de condiciones que cualquier otra especie. Pero el clima de los últimos miles de años ha sido realmente benigno con nosotros. Nos ha permitido desplegarnos por casi todas las regiones del mundo y crecer en circunstancias ecológicas favorables. En la actualidad gozábamos de condiciones óptimas para alojar a siete mil millones de personas.

Un viraje en la temperatura global reduce el rango de lugares que pueden sustentar la vida humana. Durante la última era glaciar, los humanos quedaron confinados a las bajas latitudes. La diferencia en la temperatura global promedio entre ahora y entonces era de cuatro grados centígrados. El calentamiento global tendrá el efecto opuesto: empujará a la gente a latitudes mayores, sobre todo conforme disminuyen las existencias de agua.

La producción de alimentos en las latitudes altas debe crecer tan rápido como disminuye en otros lados, pero eso es poco probable que ocurra. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, "es muy posible que decrezca" el potencial para producir comida "cuando aumente la temperatura 3 grados centígrados". [3] El panel usa la frase "muy posible" para hablar de una probabilidad de más de 90% [4]. A menos que lleguemos a un fuerte acuerdo climático muy pronto, el resultado probable es un aumento de 3 o más grados para fines de siglo.

Incluso en latitudes mayores el área de tierra habitable disminuirá conforme se eleve el nivel del mar. El aumento probable para este siglo —tal vez menos de un metro— amenaza sólo a algunas poblaciones pero el proceso no parará en 2100. Durante el periodo interglacial previo, hace unos 125 mil años, la temperatura global promedio fue de un 1.3 grados mayor que hoy, como resultado de los cambios en la órbita de la tierra alrededor del sol. Un nuevo artículo en la revista Nature muestra que los niveles del mar durante ese periodo fueron de entre 6.6 y 9.4 metros más que hoy [5]. Una vez que subió la temperatura, la expansión del agua marina y el derretimiento de los casquetes de hielo en Groenlandia y el Antártico fue imparable. Me pregunto si el gobierno de Dinamarca, cuyo atroz manejo de la conferencia contribuyó a su fracaso, habría hecho intentos con más empeño si su pueblo supiera que no tendrán país en lo absoluto en unos cuantos cientos de años.

Conforme la gente se vea desplazada de sus hogares por la sequía y el aumento del nivel del mar, y conforme disminuya la producción de alimentos, el planeta será incapaz de sustentar a la población actual. El colapso en el número de humanos no será ni suave ni exento de dolor; conforme la temperatura global promedio suba gradualmente, los eventos asociados con esto llegarán por sorpresa y sin acomodo: sequías repentinas o tormentas súbitas.

Es por eso que los países menos desarrollados, los que serán los más golpeados, hicieron las más fuertes demandas en Copenhague. Ciento dos naciones pobres llamaron a limitar el aumento máximo de la temperatura global no a dos grados sino a 1.5 grados. El negociador en jefe del bloque del G-77 se quejó de que a África se le pidiera "firmar un pacto suicida, un pacto de incineración, con el fin de mantener la dominación económica de unos cuantos países" [6].

La razón inmediata para el fracaso en las pláticas puede resumirse en dos palabras: Barack Obama. El hombre electo para dejar de lado las niñerías resultó tan susceptible al interés propio e inmediato como cualquier otro político. Al igual que hizo George Bush en su enfoque de la guerra de Irak, Obama fue, a espaldas de Naciones Unidas y de casi todos sus miembros, y montó una "coalición de la voluntad" para golpear con un acuerdo que enfureció al resto del mundo. Se presentó este acuerdo entonces a las naciones más pobres sin negociación alguna; o lo firmaban o perdían los fondos de adaptación para ayudarlos a sobrevivir las primeras cuantas décadas de colapso climático.

Los gobiernos británico y estadounidense han culpado al gobierno chino del fracaso en las conversaciones. Es cierto que los chinos se esforzaron por arruinarlas, pero Obama también puso a Pekín en una posición imposible. Exigió concesiones sin ofrecer nada. Tendría que haber sabido la importancia que en la política china tiene salvar la imagen: su diplomacia unilateral fue tanto como exigir una auto-denigración. Supongo que fue una maniobra calculada expresamente para producir intransigencia, por la cual China pudiera ser culpada por el resultado que él buscó.

Por qué haría Obama algo así. Para entender, tendría uno que ver el alivio producido en los círculos demócratas. Impulsar un fuerte programa climático en el Senado, en el cual muchos de sus miembros tienen intereses con la industria energética, habría sido la batalla política de su vida. Pero de nuevo, la ausencia de una efectiva campaña de reforma financiera en Estados Unidos hace cualquier progreso global casi imposible.

Qué sigue. Depende de otros que no jugaron en Copenhague: ustedes. Durante los últimos años gente compasiva, buena, libertaria se sacude la cabeza y se pregunta por qué nadie ha hecho nada. Y sin embargo el número de los que emprenden acciones es patético. Manifestaciones que debieron haber convocado a millones a las calles batallaron por movilizar a unos pocos miles. El resultado es que el costo político del fracaso en Copenhague es cero.

¿Está muy fuerte la música, damas, caballeros? tal vez les gustaría que nuestra orquestita tocara algo más fuerte, para ahogar ese horrible sonido de algo que se hace polvo.
http://www.monbiot.com

Referencias
1. Yvo de Boer, 19 de diciembre de 2009. http://unfccc.int/2860.php
2. Entrevista para el programa "Monbiot Meetdiscussion here: http://www.guardian.co.uk/environment/video/2008/dec/08/monbiot-yvo-de-boer-climate
3. IPCC, 2007. Assessing key vulnerabilities and the risk from climate change. Tabla 19.1. http://www.ipcc.ch/pdf/assessment-report/ar4/wg2/ar4-wg2-chapter19.pdf
4. http://www.ipcc.ch/pdf/supporting-material/uncertainty-guidance-note.pdf
5. Robert E. Kopp et al, 17 de diciembre de 2009. "Probabilistic assessment of sea level during the last interglacial stage". Nature vol 462, pp863-868. doi:10.1038/nature08686
6. http://www.guardian.co.uk/environment/2009/dec/20/copenhagen-obama-brown-climates


Próxima cumbre de cambio climático en Bolivia

Evo Morales, presidente de Bolivia, llamó a realizar una "conferencia mundial de los pueblos sobre el cambio climático y los derechos de la madre tierra". La cita es en Cochabamba entre 20 y 22 de abril, como foro alternativo a la cumbre de Copenhague.

La reunión buscará sentar las bases pa-ra organizar un "referéndum mundial de los pueblos sobre cambio climático", un plan de acción para crear un "tribunal de justicia climática" y "es-trategias de acción y movilización en defensa de la vida frente al cambio climático". Todo esto dijo el mandatario en conferencia de prensa de acuerdo a las agencias ANSA y Prensa Latina.

"Ante el grave peligro que existe para el mundo y los ecosistemas en general, por la contaminación del ambiente y la emisión de gases que ponen en riesgo a poblaciones enteras, es necesario un debate mundial sobre ese tema", puntualizó el estadista.

Morales resaltó que los más afectados por el cambio climático son las poblaciones pobres del planeta, que "verán destruidos sus hogares y fuentes de sobrevivencia, además de ser obligados a migrar y buscar refugio ante la amenaza creciente".

La agenda propone analizar "las causas estructurales y sistémicas" del cambio climático y "medidas de fondo" para posibilitar "el bienestar de toda la humanidad en armonía con la naturaleza".


¿Hambre en el paraíso?

Una nota reciente aparecida en New York Times ("Hunger in the USA at a 14 year high", 17 de noviembre de 2009), afirma que "el número de estadounidenses que vive en hogares donde carecen de un acceso consistente a alimentos adecuados se disparó a 49 millones, la cifra más alta desde que el gobierno comenzó a rastrear lo que llama ‘inseguridad alimentaria’ hace catorce años, informó el Departamento de Agricultura". Según la nota de Jason DeParle, "el incremento de 13 millones es mucho mayor que lo esperado por los más pesimistas observadores y es una señal de alarma de las penurias causadas por los efectos lacerantes de la recesión en los empleos y los salarios".

"Por lo menos un tercio de estos hogares lucha contra lo que los investigadores llaman ‘poca seguridad alimentaria’, que en realidad no es sino que los miembros de las familias no cuentan con dinero suficiente y tienen que brincarse comidas, recortar porciones o de plano no tener para comer en el algún momento del año. Los otros dos tercios tienen suficiente para comer, pero comen alimentos más baratos, menos variados, y dependen de la ayuda que les brinda el gobierno en estampillas alimentarias, o van a las cocinas comunitarias barriales", continúa DeParle.

El número de hogares con "inseguridad alimentaria", aumentó de 323 mil a 506 mil en un año. Lo curioso es que incluso un término eufemista como "inseguridad alimentaria" le levante el pelo a los funcionarios. Tom Vilsack, secretario de Agricultura afirma incluso: es "un llamado a despertar". Será que Estados Unidos siempre se ha preciado de ser el país de las oportunidades y que "inseguridad alimentaria" es casi sinónimo de falta de opciones. "Y aunque los investigadores del Departamento de Agricultura no utilizan el término ‘hambre’, el señor Obama sí lo utilizó. ‘El hambre aumentó significativamente el año pasado’, dijo".

DeParle apunta que la principal razón es que la tasa de desempleos aumentó a 10.2 por ciento, del 7.2 a fines de 2008, que venía de un 4.9 por ciento un año antes, pero que las mismas encuestas pueden estar subestimando "el número de estadounidenses que batalla para obtener alimentos adecuados. Las estampillas de comida ya se expandieron a niveles nunca alcanzados. Hoy son 36 millones de estadounidenses que recurren a ellos: "un 40 por ciento más que hace dos años".

Obviamente los conservadores, como el analista del Heritage Foundation, Robert Rector, atacan diciendo que "pocas de estas personas están hambrientas". E insiste: Cuando se pierden empleos, se restringen en el tipo de comida que compran. Y es una lástima, pero eso está muy lejos de una crisis de hambre". Pero James Weill, director del Food Research and Action Center, responde categórico que "muchas personas pasan hambre verdadera, se brincan comidas. Otros tienen suficiente para comer sólo porque van a las cocinas comunitarias o utilizan las estampillas. Estamos hablando de hogares que pasan hambre".


La amenazante invasión de la soja [soya]

El célebre investigador Lester Brown, de Earth Policy Institute, acaba de publicar un breve perfil de la tremenda invasión de soja que hoy amenaza la Amazonía. Para Brown, aunque hace 3 mil años fueron los campesinos de China oriental quienes domesticaron la soja, hoy son Brasil y Argentina donde más se ha expandido, invadiendo zonas de selva. El recuento de Lester Brown se remonta a 1765, cuando se plantó la primera soja o soya en América del Norte. "Hoy la soja ocupa más tierra de cultivo en Estados Unidos que el trigo".

Dice Brown: "Después de casi dos siglos de su introducción en Estados Unidos la soja languidecía como cultivo curioso. Luego, en los cincuenta, conforme Europa y Japón se recobraban de la guerra y el crecimiento económico tomaba impulso en Estados Unidos, la demanda de carne, leche y huevos, subió. Pero con pocos pastos nuevos para sustentar los rebaños para carne y productos lácteos, los granjeros recurrieron a los granos para producir no sólo más carne de res y leche sino también puerco, pollo y huevos. El consumo de carne, 44 millones de toneladas en 1950, había ya comenzado a trepar y llegaría a los 280 millones de toneladas de 2009, un poco más de seis veces lo de entonces".

Brown narra que "el aumento dependió, en parte, del descubrimiento, hecho por los nutricionistas de animales, de que combinar una parte de soja con cuatro partes de grano aumentaría dramáticamente la eficiencia con que el ganado y las aves de corral convierten el grano en proteína animal". El mercado generado para la soja desde mediados de siglo veinte creció muy rápido y su producción estalló después de la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos. "Para 1960 era casi lo triple que en China. Hacia 1970 Estados Unidos producía tres cuartas partes de la soja mundial y daba cuenta de casi todas las exportaciones. Hacia 1995 el área de tierra estadounidense plantada con soja, se expandía tanto que eclipsó al trigo".

"Cuando los precios de los granos y la soja a nivel mundial treparon a mediados de los setenta, Estados Unidos —en un esfuerzo por frenar la inflación de los precios de los alimentos producidos en el país— implantó un embargo a las exportaciones de soja", dice el informe de Earth Policy. "Japón, entonces el principal importador del mundo, se puso muy pronto a buscar otro abastecedor. Y Brasil buscaba nuevos cultivos para exportar. El resto es historia. En 2009, el área de Brasil plantada con soja excedió la de todos los granos combinados".

"Más o menos al mismo tiempo", continúa el informe, "la soja logró implantarse en Argentina, donde escenificó el arrebato de tierras más espectacular de todos. Hoy, en Argentina más del doble de tierra produce soja que cualquier otro grano. Es muy raro el caso de que un solo cultivo domine de tal modo la agricultura de un país como lo hace la soja en Argentina. Juntos, Estados Unidos, Brasil y Argentina producen cuatros quintas partes del cultivo de soja mundial y dan cuenta de 90 por ciento de las exportaciones.

"Durante las últimas décadas del siglo pasado, Japón era el importador principal, con cerca de 5 millones de toneladas anuales. En 1995, China era esencialmente autosuficiente en soja, y producía y consumía más o menos 13 millones de toneladas de soja anuales. Luego, el incremento en los ingresos permitió a muchos de los 1300 millones de personas en China trepar por la cadena alimenticia y consumir más carne, leche, huevos y pescado de granja. Para 2009 China consumía 55 millones de toneladas de soja, de los cuales se importaron 41 millones de toneladas, es decir 75 por ciento de su consumo rampante.

"Hoy, la mitad de todas las exportaciones va a China, el país que dio al mundo la soja. Una mezcla de soja con grano en los piensos animales hizo posible que el consumo de carne de los chinos creciera al doble que en Estados Unidos. Desde 1950 la cosecha mundial de soja creció de 17 millones a 250 millones de toneladas, un aumento de más de catorce veces. Esto contrasta con el crecimiento en la cosecha mundial de grano que creció menos de cuatro veces. La soja es el segundo cultivo en Estados Unidos después del maíz, y domina totalmente la agricultura de Brasil y Argentina.

"¿Adónde se van los 250 millones de toneladas de soja? Una décima parte es consumida directamente como alimento —tofu, sustitutos de la carne, salsa de soya y otros productos. Casi una quinta parte se extracta como aceite, para convertirse en uno de los principales aceites de mesa. El resto, más o menos 70 por ciento de la cosecha, termina como alimento de soja que consume el ganado y las aves de corral.

"Así que aunque la soja esté por todas partes, es virtualmente invisible, incrustada en los productos de cárnicos y aves. Casi toda la cosecha mundial termina en los refrigeradores convertida en productos como leche, huevos, queso, pollo, jamón, carne de res y helados.

"Satisfacer la demanda global de soja, creciendo en el monto de 6 millones de toneladas anuales, implica un reto. La soja es una leguminosa, y fija el nitrógeno atmosférico en el suelo —lo que significa que no es tan responsivo a los fertilizantes como, digamos, el maíz, que tiene un apetito voraz de nitrógeno. Pero como la planta de la soja utiliza una fracción sustancial de su energía metabólica para fijar nitrógeno, tiene menos energía para dedicarse a producir su semilla. Esto hace muy difícil aumentar los rendimientos.

"En contraste con los aumentos impresionantes en los rendimientos en granos, los científicos han tenido relativamente poco éxito en aumentar los rendimientos de la soja. A partir de 1950, los rendimientos de maíz en Estados Unidos se han cuadruplicado, mientras que los de la soja apenas si se duplicaron. Aunque el área estadounidense dedicada al maíz se ha mantenido esencialmente sin cambios desde 1950, el área dedicada a la soja se expandió cinco veces. Los agricultores obtienen más soja, sobre todo porque plantan más soja. He aquí el dilema: cómo satisfacer la demanda en continua expansión de soja sin desmontar gran parte de la selva amazónica que cuando se seca se torna vulnerable al fuego.

"La Amazonía está siendo desmontada por los cultivadores de soja y por los rancheros, que expanden los hatos nacionales de ganado vacuno de Brasil. En muchas ocasiones, los sojeros le compran tierra a los ganaderos, que ya desmontaron la tierra y metieron pastizal unos cuantos años, siempre empujando la frontera hacia el interior de la selva amazónica".

En un recuento tan exhaustivo, se extraña una investigación sobre las conexiones políticas que han permitido la proliferación de la soja por todo el Cono Sur, en Brasil y Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay (con terratenientes propensos a tomar las armas como Branko Marinkovich en la Media Luna de la Santa Cruz boliviana, o los enredos supuestamente rebeldes de "masivas manifestaciones" de la clase sojera pudiente argentina con los Grobocopatel a la cabeza), que han soñado abierta o disimuladamente con una República de la Soja, una que se independice de sus respectivos países y constituya un gobierno terrateniente, de derecha y criollo. Y los Grobo le proponen a Venezuela, Colombia, Paraguay, Uruguay y a Brasil, asociaciones que profundicen el modelo "sojero": "pool de siembra, biotecnología, marginación, monocultivo, concentración, ganancias financieras, agroquímicos, fertilizantes, tercerización" —un nuevo modelo de agronegocios que es "caballo de Troya para la reproducción de todo el sistema biotecnológico del capitalismo global", como dice Diego Ghersi en un documento que retrata otras miradas de la invasión sojera (ver "La expansión sudamericana de Grobocopatel", Prensa Mercosur, 15 de agosto de 2008).

No obstante, el recuento de Lester Brown apunta bien al entendimiento panorámico de la selva amazónica y sus ecosistemas complementarios como "una de las más ricas concentraciones de diversidad biológica de plantas y animales en el mundo. También recicla la lluvia de las regiones costeras hacia el interior continental, garantizando un abasto adecuado de agua para la agricultura del interior. Es un enorme almacén de carbono. Cada una de estas tres contribuciones es obviamente de gran importancia. Pero es la liberación del carbono, conforme progresa la deforestación la que más directamente afecta al mundo entero".

El informe de Lester Brown acierta en señalar que "la destrucción continua de la selva brasileña liberará cantidades masivas de carbono a la atmósfera, lo que contribuirá a extremar el cambio climático", pero tendríamos que remachar la idea de que no es sólo en Brasil sino en toda la Amazonía y sus ecosistemas complementarios de Argentina, Paraguay y Uruguay y que no sólo se trata de una demanda mundial de alimentos (en particular carne, huevos, leche) lo que dispara esta deforestación para plantar más y más soja, sino también y con mucha fuerza el auge inventado en pos de combustibles agroindustriales, lo que entraña los riesgos enormes de la soja en el Cono Sur y el mundo: sobre todo su diseño transgénico, buscando afinidades industriales, diferentes de la alimentación humana con que el cultivo de soja comenzó en China 3 mil años atrás.

Ver http://www.earthpolicy.org

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