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Ecuador: La verdadera riqueza y la verdadera pobreza en el ámbito campesino andino

Edwin Chancusig y Fernanda Vallejo (Fundación Heifer-Ecuador) | 19 julio 2011 | Biodiversidad - Jul 2011

La agricultura moderna, a pesar de sus pretensiones y arrogancia, no es sino un proceso de ensayo y error-acierto, como tantas otras formas que existen y han existido en nuestra larga historia humana. Tiene, no obstante, dos defectos gravísimos: el primero es desconocer el enorme acumulado de experiencias probadas durante miles de años; el segundo es que no produce saberes, ni siquiera conocimientos, tan sólo mercancías que comercializa antes de evaluar los terribles daños que pueden provocar sus productos.

En la región andina del Ecuador, los indígenas de las comunidades han optado por afirmar sus saberes y recuperar los que estaban perdiendo por la fuerza de tanta colonización espiritual. En ese proceso, se juntan con frecuencia para compartir reflexiones sobre lo que van logrando, cómo lo están haciendo, a qué abuelos preguntaron para entender mejor lo que se debe hacer y en qué momento es apropiado. Pero además, se propusieron medir los cambios que consiguen. De ese proceso tan rico, de muchos comuneros y comuneras, quisiéramos compartir lo que Segundo Álvarez, de la Comunidad Sablog Chico en Guamote-Chimborazo, Bernardo Guzñay de la comuna Achullay San Agustín, y Piedad Guamán de la comuna San Martín Alto, han contado y medido en su parcela, desde que optaron por vivir con dignidad y no abandonar su chakra.

Son fragmentos de encuentros con las tres comunidades y de reflexiones con miembros de la organización de segundo grado Jatun Ayllu de Guamote (FOIJAG) que aglutina a 16 comunidades, a partir del trabajo que Heifer-Ecuador tiene en esas regiones. La responsabilidad de quienes figuramos como autores, en realidad fue la de sistematizar y darle forma final al texto que presentamos.

“Kevincito”: La Chakra de la familia Álvarez. Sabloc Chico, pertenece al Cantón Guamote, provincia Chimborazo, en los Andes del Ecuador. Está ubicada entre los 3300 y 3500 msnm. El tiempo de lluvias inicia en septiembre, se intensifica en enero, febrero y diciembre, y disminuye en mayo y junio. Para julio empiezan los meses secos y se prolongan hasta agosto. Aquí viven120 familias, en su mayoría se dedican a la agricultura y crianza de animales, además del comercio y el trabajo temporal en ciudades.

En la chakra se encuentran cultivos de papas, melloco, oca, mashua, zanahoria blanca, habas, quinua, maíz, fréjol, hortalizas, frutales, pastos y forrajes, sembrados en terrazas para evitar la erosión. Además, la familia cría una vaca, dos cerdos, cinco borregos, cuyes y gallinas.

Hasta hace unos años, Segundo había renunciado a toda la tradición agrícola con que contaba. Dejó de creer que la chakra es como la familia, que los cultivos se casan para estar bien, para no estar solos; también olvidó que la “ashpa mamita” siente frío, que no hay que dejarla desnuda y con hambre. Así, entre olvido y olvido, se olvidó que el fruto de su trabajo era primero para su familia, su comunidad y su tierra.

Poco a poco, se dedicó a sembrar sólo papas, comprando la semilla, la fertilidad y los “remedios” en el almacén de insumos. Esto le permitió salir a trabajar para otros, y con lo que vendía y trabajaba fuera, compraba la comida que ya no producía; cada vez pasaba más tiempo lejos de su familia y su comuna. Segundo confiesa que sufría mucho, para que alcanzara la plata se trataba muy mal y extrañaba a sus hijos, su esposa y su comuna.

Durante una asamblea comunal donde se hablaba de la crianza de la chakra, de la fuerza de los saberes propios, de lo importante que era mantenerlos para recuperar una vida digna, descubrió que afortunadamente no lo había perdido todo. Que su esposa seguía, aunque sea poquito, criando la chakra. Desde entonces, se interesó, participó, aprendió y probó. Ahora, comparte sus logros con otras familias.

Hace 5 años, la chakra de la familia Álvarez tenía el suelo desprotegido y en franca erosión, apenas si había una docena de plantas, no tenía frutales ni hierbas medicinales, casi todo lo ocupaba el cultivo de papa, al que debía aplicar cada vez más agroquímicos; habían desaparecido las lombrices y no producía materia orgánica. De a poco, fue llenando su chakra de árboles y arbustos nativos, el suelo ya no se erosiona y mantiene humedad; las lombrices han retornado.

Como algunas personas creen que este esfuerzo es bonito, pero no muy realista “porque no da para vivir”, Segundo y su esposa, sacaron algunas cuentas:

1. Sus animales les proporcionan 28 quintales de estiércol al mes, cada quintal cuesta dos dólares, de modo que se ahorran 56 dólares mensuales.

2. Ahora ya no sólo producen papa comercial, tienen 30 especies diferentes de cultivos y además han recuperado 28 variedades de papas. Antes cosechaban 10 quintales de papa por cada quintal de semilla; ahora, entre 20 y 25.

3. Las 700 plantas que ahora tienen en cercas y linderos, producen:

* 21 quintales de materia orgánica al año, es decir, 42 dólares más de ahorro en abonos.

* 87.5 cargas de leña, que le abastecen por tres meses y se venden a 3 dólares cada una, de modo que se ahorran 263 dólares en leña.

* Con la poda obtienen 10 mil esquejes/año, que se venden 0.5 centavos cada uno. Generalmente venden la mitad, así que obtienen 2mil 500 dólares al año.

Contaron también lo que les produce la venta de sus cuyes, sus frutales, su quínoa y sus plantas medicinales. Con eso costean los estudios de sus hijos y su ropa.

Para esta familia, todo eso es muy bueno, pero hay cosas mejores: están juntos, están sanos y bien alimentados, ya no se exponen a productos tóxicos; las heladas y sequías ya no los devastan como antes, su chakra es más abrigada; las aves han regresado: 2 colores de colibrí, gorriones, jilgueros, tórtolas, mirlos, que además de alegrarles la vida, les ayudan con las plagas. Han recuperado las semillas nativas, saberes, cultura, tradiciones, costumbres, fiestas, rituales, señas, comidas y recetas. Ahora reciben visitas de comunidades cercanas y de otras provincias, aquí se comparte los saberes y conocimientos.

Retornando al camino de las semillas. La semilla es el corazón de la vida en la comunidad de Sablog Chico, por ello cuando ocurre la cosecha y posteriormente la selección, la semilla es escogida con mucho cuidado y paciencia. Se escogen los mejores ejemplares para la siguiente siembra (que sean bonitas, sin gusanos, sin heridas, de varios colores o variedades y de tamaño mediano).

De generación en generación ha caminado la semilla entre los comuneros de este lugar. Es herencia de los abuelos, quienes han encomendado el cuidado y crianza a sus hijos y nietos. Así, se mantiene la semilla año tras año en la familia, y cuando por alguna razón (sequías, heladas, daños) se pierden, entonces se recurre a los vecinos y comunidades aledañas como Sablog San Francisco y Sablog San José para intercambiar las semillas de varios cultivos.

Para asemillarse, en el caso de querer incrementar la diversidad en la chakra (especialmente en las siembras grandes), los comuneros de Sablog Chico acuden a la feria semanal de Cajabamba los domingos y a la feria de Guamote los días jueves. No hace mucho acudían a la parroquia Licto a cambiar papas por maíz, y a la feria de Tzalarón, en donde prevalece el trueque. La familia de Segundo Álvarez pudo intercambiar, compartir y recibir semillas de cultivos nativos, con más de diez familias en comunidades de varias provincias de la región interandina.

Formas de almacenamiento de las semillas. Las semillas no son sólo recursos, son saberes y sabidurías, que en torno suyo han sido puestos a circular. En Sablog Chico y otras comunidades, recuperar el camino de las semillas, ha significado también recuperar los modos de escogerla, guardarla y garantizar el alimento. Ahora es un saber nuevamente vivo.

La papa destinada para semilla debe madurar en la tierra y su cáscara no debe desprenderse. Para conservar buena la semilla y hacerla brotar, se expone al sol durante un día, luego se hace un lecho con paja de páramo o “piguil” y se le coloca encima, se le cubre con ceniza y nuevamente se coloca una capa de paja. Sólo de esta forma brotará a los 8 o 15 días. De lo contrario se pudre y no brota. Para este procedimiento se escoge una esquina de la casa en donde haya muy poco viento. El mismo tratamiento se puede aplicar para otros tubérculos como oca, mashua o melloco. En cambio, los granos de maíz, fréjol, arveja, deben ser secados al sol y almacenados en sacos, para posteriormente se colocados en un lugar seco y seguro.

Compartir la semilla, compartir de la esperanza. Así como Segundo Alvarez, Bernardo Guzñay es un comunero que siempre está dispuesto a compartir sus saberes y es lo que le ha dado fuerza y argumentos en su comunidad para impulsar una forma de vida autónoma y soberana en Achullay San Agustín, Chimborazo.

Bernardo Guzñay recibió de su organización, medio saco de semillas nativas de diferentes especies y variedades locales, que fueron establecidas en su chakra y luego puestas circular en su comunidad y en otras comunidades. El compromiso inicial fue devolver el triple de lo recibido y compartirlo a otras familias. La familia Gusñay ha entregado el doble (medio saco que recibió y medio saco de lo comprometido), con la firme decisión de continuar compartiendo las semillas, pero también con la esperanza de que un cambio de vida es posible.

Recuperando la localidad de la economía. Piedad Guamán, por su parte, además de haber mantenido su forma ancestral de crianza de la diversidad, decidió participar de la feria local de productos, que le pone en contacto directo con consumidores de sectores populares urbanos. Para salir a la feria los días jueves en el Cantón Guamote, tuesta y muele habas, maíz, quínoa, cebada y trigo el día anterior, con la ayuda de su hija mayor y en algunos casos su esposo (Pedro Yupanqui). A Piedad le gusta vender, cada semana va adquiriendo más clientes, no tiene que estar gritando. Ahora ya tiene clientes, porque conocen la calidad y el sabor de las harinas y granos. Según comenta obtiene 242 dólares semanales, muchísimo más que un salario mínimo vital.

Estas historias, son parte de la comprobación de resultados y efectos en la vida de las familias, que han compartido en las asambleas y con ello se ha ido generando una valoración y una conciencia, un sentido de seguridad y autoestima, y crea una necesidad de réplica y ampliación hacia nuevas familias en miras a lograr el desarrollo de una economía solidaria sostenida en la comunidad.

Agroquímicos en la producción: dónde está la verdadera pobreza. Guamote presenta los indicadores de pobreza más dramáticos de la Sierra ecuatoriana. Durante décadas, tanto el Estado como las agencias de cooperación, realizaron una cruzada de inserción de los indígenas al mercado y de incremento de la productividad para mejorar sus condiciones de vida. Los resultados fueron menos que modestos en relación a los indicadores, pero escalofriantes respecto a lo que implantaron en el territorio. Reflexionando sobre esto en la organización, algunos comuneros se pusieron a sacar cuentas. No son exactas pero pudieron dimensionar cuánta riqueza salía de sus empobrecidos bolsillos:

En Guamote, las familias disponen de un promedio de 2.5 hectáreas de terreno. Para la producción de papas dedican una hectárea y utilizan, en la medida de sus presupuestos, las recomendaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias, que suponen un costo promedio de 636 dólares.

El Cantón tiene 150 comunidades, considerando que cada comunidad tiene un promedio de 50 familias, se estimaría que existen 7 mil 500 familias y como cada familia dedica una hectárea a la producción de papas, son 7 mil 500 hectáreas, exclusivas para esta producción. ¡Según sus cuentas, en Guamote se gastan anualmente 4 millones 770 mil 300 dólares!

Compañeros de la organización comentaron que el presupuesto de inversión del gobierno local es de 300 mil dólares, de modo que lo que se gasta en agroquímicos serviría para 15 años de presupuesto.

Historias que construyen resistencia y subvierten el orden. De este y muchos modos las comunidades persisten y continúan a contrapelo de políticas de Estado, decisiones de desarrollo ajenas, extorsiones y despojos permanentes. Se asientan en el cotidiano, tejen y retejen identidades, hablan de cómo, para qué y para quién se hace la agricultura, y con ello diseñan modos distintos de vida.

Desde lo cotidiano trastocan el orden único de una “agricultura” y de un modelo de desarrollo. Se insubordinan frente al aislamiento, los conocimientos monopolizados, la individualización, la producción de mercancías en lugar de alimento, la dependencia energética, la dependencia tecnológica; frente al trabajo y consumo enajenados.

Ocurre la progresiva restitución de las decisiones que garantizan la vida. Qué producir, cómo producir y para quién producir. Organizan la agenda de lucha y la reivindicación de campesinos e indígenas y se restituyen a sí mismos un protagonismo histórico en la transformación de la realidad. Para ello no necesitan sino mirar lo que ocurre con sus familias, las hacedoras del cambio.

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