| La actual preocupación por la biodiversidad se centra
en el rápido ritmo de la erosión genética. Hay desacuerdo sobre muchos puntos,
incluyendo el tipo de acciones humanas sobre las que recae el mayor grado de
responsabilidad por la erosión de la diversidad, así como en torno a las soluciones
recomendadas. Cada vez se hace más evidente que el valor fundamental de la diversidad
biológica depende tanto de su dimensión biológica (la fachada genética, que encarna
millones de años de evolución) como de su dimensión cultural (la multiplicidad de
prácticas de mejoramiento de variedades tradicionales de plantas y cultivos a manos de
agricultores locales). Para algunos, la diversidad genética y la diversidad cultural
están ligadas en forma tan inextricable que la creación de bancos de genes y de memorias
son dos aspectos inseparables de una misma estrategia.
En el sentido biológico, la biodiversidad se define como el stock
natural de material genético (como el capital de material genético presente en un
ecosistema natural) en un ecosistema. Pero la "biodiversidad" trasciende
ampliamente el terreno científico. Es también un ejemplo de coproducción tecnológica,
científica y social. Podemos concebir la biodiversidad como potenciadora de una red
transnacional que abarca diversos ámbitos en términos de actores, prácticas, culturas e
intereses. La identidad de cada uno de los actores afecta la red y es afectada por ella.
Los nodos dominantes de la red están ocupados por instituciones internacionales, ONGs,
jardines botánicos, compañías farmacéuticas y "expertos" científicos. Las
"verdades" producidas por ellos pueden provocar resistencia, por ejemplo, de
movimientos sociales, o ser recreadas por estos para servir a otros fines. Desde la
perspectiva dominante, el objetivo es crear una red estable para el movimiento de objetos,
recursos, conocimiento y materiales sobre la base de una construcción simplificada cuyo
mejor resumen es tal vez el lema del biólogo Daniel Janzen sobre la biodiversidad: "tienes
que conocerla para utilizarla, y tienes que utilizarla para salvarla". Si
observamos la red resultante, es posible distinguir cuatro enfoques principales: la
perspectiva globalocéntrica, el discurso de la soberanía nacional, el de las ONGs
progresistas y los enfoques desde los movimientos sociales.
La perspectiva globalocéntrica
y el discurso de la soberanía nacional
La visión dominante que surge de la red pone el énfasis en el manejo
de recursos. Esta visión emana de instituciones dominantes como el Banco Mundial y las
grandes ONGs ambientalistas del Norte y es apoyada por los países industrializados. Se
basa en una representación particular de las amenazas a la biodiversidad y pone el
énfasis en los síntomas y los remedios puntuales y no en las causas subyacentes.
También propone mecanismos apropiados para el manejo de la biodiversidad, incluyendo
conservación in situ y ex situ y planificación nacional de la
biodiversidad. Contempla los derechos de propiedad intelectual como mecanismo principal
para compensar la utilización de la biodiversidad con fines económicos. Además promueve
la bioprospección, una práctica bastante problemática que tiene efectos graves sobre
los pequeños agricultores y los pueblos indígenas, incluyendo la pérdida de los
derechos sobre sus propias plantas y conocimientos. El Convenio sobre Diversidad
Biológica (CDB) subyace como sostén de la arquitectura básica de la red.
Algunos gobiernos del Tercer Mundo desafían la perspectiva
globalocéntrica dominante, sin cuestionarla a fondo, procurando renegociar los términos
de los tratados y estrategias referidos a la biodiversidad. Las posiciones adoptadas por
esos gobiernos varían mucho, pero todos tienden a resaltar la cuestión de la soberanía,
especialmente en foros internacionales como el CDB.
Algunos países se oponen enérgicamente a las políticas impulsadas
por las naciones industrializadas, tales como ciertos aspectos de los derechos de
propiedad intelectual; otros apelan a los países ricos, en particular Estados Unidos,
para negociar puntos clave como la transferencia de tecnología y los protocolos de
bioseguridad.
El enfoque de las ONGs progresistas
y la perspectiva de los movimientos sociales
Quien verdaderamente desafía ese enfoque centrado en el manejo de
recursos son las ONGs progresistas y los movimientos sociales, que ven la perspectiva
globalocéntrica como una forma de bioimperialismo y promueven en cambio la biodemocracia.
Al reformular las amenazas que pesan sobre la biodiversidad (desplazando el énfasis hacia
la destrucción del hábitat por proyectos de megadesarrollo, la agricultura impulsada por
el capital y una ciencia reduccionista y los hábitos de consumo del Norte), la
biodemocracia pretende desplazar la atención del Sur al Norte como origen de la crisis de
la diversidad. Sus defensores proponen una redefinición radical de la producción,
apartándola de la lógica de la uniformidad hacia la lógica de la diversidad. La
biodemocracia se articula alrededor de una serie de premisas basadas en el control local
de los recursos naturales y el apoyo a prácticas fundadas en la lógica de la diversidad,
incluyendo el reconocimiento del cimiento cultural de la diversidad biológica. Los grupos
progresistas se oponen a los derechos de propiedad intelectual sobre la biodiversidad y
abogan por derechos colectivos que reconozcan el valor intrínseco y el carácter
compartido del saber y los recursos. Esta visión cuestiona, por lo tanto, las
construcciones más preciadas de la modernidad, como la ciencia positivista, la ley del
mercado y la propiedad individual. Las ONGs que defienden esta posición constituyen
subredes a nivel nacional y transnacional de las cuales aún no se tiene un conocimiento
muy desarrollado.
Un segundo desafío a la perspectiva globalocéntrica es el elaborado
por movimientos sociales que explícitamente construyen una estrategia política para la
defensa del territorio, la cultura y la identidad. Este enfoque tiene muchos puntos en
común con el de las ONGs progresistas, pero se distingue conceptual y políticamente de
esta perspectiva y desempeña un papel diferente en la red de la biodiversidad. Los
activistas de esos movimientos utilizan el interés general por la biodiversidad como un
canal para defender todo su proyecto de vida, y no sólo los recursos genéticos. En
muchos casos la preocupación por la biodiversidad ha derivado de luchas más amplias por
el control del territorio. En América Latina ha habido una serie de experiencias valiosas
en ese sentido, principalmente vinculadas a la demarcación de territorios colectivos en
países como Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia y Brasil. A continuación se relata la
experiencia de uno de esos movimientos, poniendo de relieve el concepto amplio de
biodiversidad que este ha elaborado.
La experiencia colombiana
El surgimiento de movimientos sociales para la defensa de los recursos
naturales es anterior a la cuestión de la biodiversidad. Sin embargo en los últimos
años una serie de movimientos sociales, especial pero no exclusivamente en áreas de
selva tropical, han encarado frontalmente la cuestión de la biodiversidad. Tal es el caso
del movimiento social de las comunidades ribereñas negras en las selvas del Pacífico
colombiano, muy ricas en diversidad.
El surgimiento de ese movimiento tuvo lugar en un contexto complejo.
Entre los acontecimientos significativos a nivel nacional debe considerarse la apertura de
la economía colombiana a los mercados mundiales en 1990 y una reforma sustancial de la
constitución del país en 1991, que concedió a las comunidades negras de la región del
Pacífico derechos colectivos sobre los territorios que ocupaban tradicionalmente. A nivel
internacional, las zonas de selva húmeda tropical ocupaban un primer plano debido a su
importancia como principales generadores de la biodiversidad del planeta. La emergencia de
identidades étnicas colectivas en el Pacífico colombiano y regiones similares refleja
por lo tanto un movimiento histórico doble: la aparición de lo biológico como problema
global y la explosión de las identidades culturales étnicas 1.
El movimiento social de las comunidades negras que se ha desarrollado
en la región incluye, entre otros actores locales, una red de más de 140 organizaciones
locales conocida como Proceso de Comunidades Negras (PCN). El PCN pone el énfasis en el
control social del territorio como condición previa para la supervivencia y el
fortalecimiento de la cultura y la biodiversidad. En las comunidades ribereñas, los
activistas y las comunidades trabajaron juntos para entender el significado de la nueva
constitución y elaborar conceptos de territorio, desarrollo, prácticas de producción
tradicionales y uso de los recursos naturales. Ese proceso condujo a la redacción de un
proyecto de ley sobre derechos culturales y territoriales prevista por la constitución de
1991 (Ley 70, aprobada en 1993), y al apuntalamiento de una serie de principios
político-organizativos relacionados con la identidad, el territorio, la autonomía y el
desarrollo alternativo.
Debido a su riqueza en recursos naturales, la costas colombianas sobre
el Pacífico se encuentran en la mira de los establishment nacionales e
internacionales del desarrollo. Los activistas han tratado de insertarse en las
discusiones relacionadas con la biodiversidad a todo nivel. Uno de los foros más
importantes ha sido la participación activa de las comunidades ribereñas y los
activistas del PCN en el Proyecto Biopacífico (PBP), de carácter gubernamental, que
aceptó a los movimientos negros e indígenas como interlocutores fundamentales. La
creciente transnacionalización del movimiento a través de su participación en foros
oficiales como el CDB y en movimientos de oposición como la Acción Global de los Pueblos
contra el Libre Comercio, basada en Ginebra, es cada vez más importante. Al mismo tiempo,
algunos activistas del PCN se han presentado como candidatos en elecciones locales,
mientras que continúan organizándose a nivel local y nacional, y buscando financiación
para la demarcación territorial. Paralelamente ha habido un notable aumento de la
violencia en la región, en parte explícitamente dirigida contra los activistas y las
comunidades con el objeto de hacerlos desistir de sus demandas territoriales. Esas
tensiones están asociadas con la intensificación general del desarrollo, el capitalismo
y la modernidad en la región.
Los activistas del PCN han ido elaborando gradualmente un marco
conceptual de ecología política a través de su interacción con las comunidades, el
Estado, las ONGs y el sector académico. Dentro de ese marco, el territorio es visto como
un espacio fundamental y multidimensional para la creación y recreación de las
prácticas ecológicas, económicas y culturales de las comunidades. El territorio es
visto en términos de las articulaciones entre patrones de asentamiento, espacio y
prácticas simbólicas, y el uso de los recursos. Una de las contribuciones importantes
del PBP consistió en investigar los sistemas de producción tradicionales de las
comunidades ribereñas. Esos sistemas están orientados más hacia el consumo local que
hacia el mercado, y por esa razón generalmente son sustentables. Las prácticas se
caracterizan por la explotación de baja intensidad, el uso itinerante de espacios
productivos en áreas ecológicas extensas y diferentes, actividades agrícolas y
extractivas diversas, prácticas de trabajo basadas en la familia y el parentesco y la
horticultura. En las cuencas de muchos ríos esos sistemas no sólo se encuentran en
situación grave de tensión, debido principalmente a la creciente presión de las
actividades extractivistas, sino que son cada vez más inviables, por lo que requieren
estrategias económicas y tecnológicas nuevas que también generarán recursos para la
conservación.
Los activistas han introducido una serie de innovaciones conceptuales
importantes. La primera es la definición de la biodiversidad como "territorio
más cultura". En estrecha relación con esta conceptualización está la visión
de toda el área de la selva húmeda del Pacífico como una "región-territorio de
grupos étnicos", es decir una unidad ecológica y cultural amalgamada por las
prácticas cotidianas de las comunidades. La región-territorio se concibe asimismo en
términos de "corredores de vida" que unen a las comunidades, sus actividades y
el medio ambiente natural. Los corredores de vida pueden conectar ecosistemas de manglares
o extenderse desde el medio de un río hasta el interior de la selva. Algunos se
constituyen en torno a actividades particulares, como la minería de oro tradicional o la
recolección de conchas por las mujeres en las zonas de manglares. La región-territorio
es una categoría de administración que apunta a la construcción de modelos alternativos
de vida y de sociedad. Es un intento de explicar la diversidad biológica desde el
interior de la lógica eco-cultural del Pacífico. El territorio, en cambio, es visto como
el espacio activamente utilizado para satisfacer las necesidades de la comunidad. Para una
comunidad ribereña determinada, el área de apropiación efectiva de recursos tiene
dimensiones longitudinales y horizontales que en ocasiones abarcan varios paisajes y
cuencas fluviales diferentes. El territorio es la encarnación del proyecto de vida de una
comunidad.
La región-territorio, por otra parte, es concebida como una construcción
política para la defensa de los territorios y su sustentabilidad. No se puede
concebir la sustentabilidad en términos de retazos o actividades singulares, o solamente
en términos económicos: debe responder al carácter multidimensional de las prácticas
de apropiación efectiva del ecosistema. Así, se puede decir que la región-territorio
articula el proyecto de vida de las comunidades con el proyecto político
del movimiento social. Del mismo modo, la definición de biodiversidad incluye principios
locales de autonomía, conocimiento, identidad y economía. La naturaleza no es "algo
que está ahí afuera" sino que está profundamente arraigada en la práctica
colectiva de seres humanos que se sienten conectados con ella en forma integral. En esa
concepción, la visión reduccionista de la biodiversidad en términos de recursos
genéticos que deben ser protegidos mediante derechos de propiedad intelectual resulta
insostenible.
La lucha por el territorio es sobre todo una lucha cultural por la
autonomía y la autodeterminación. El fortalecimiento y la transformación de sistemas de
producción tradicionales y economías locales, la necesidad de insistir en el proceso de
titulación colectiva y el trabajo para fortalecer las organizaciones y desarrollar formas
de gobernabilidad territorial son componentes importantes de una estrategia general
centrada en la región. A pesar que los intereses primordiales del establishment
conservacionista del país son los recursos genéticos y la protección del hábitat, y no
las demandas eco-culturales del movimiento, los activistas del PCN han encontrado
convergencias parciales con las estrategias de esos otros actores.
Según se desprende de las entrevistas realizadas por el autor, para
buena parte del personal del PBP y los activistas del PCN la experiencia compartida de
cinco años ha sido dura, tensa y frustrante, pero en general positiva. El PBP y el PCN
han elaborado una visión compleja de las fuerzas socioeconómicas, culturales y
políticas que conforman el área del Pacífico y han demostrado ampliamente que los
sistemas tradicionales tienen un impacto mucho menor sobre la biodiversidad.
El contexto más general
El ejemplo del movimiento social de las comunidades negras en Colombia
y movimientos similares en otras partes del mundo, habla de un conjunto de preocupaciones
fundamentales, de las que apenas se tiene una pobre comprensión, referidas a la novel
intersección del conocimiento genético con las fuerzas de la globalización. En el
contexto tanto de la biodiversidad como de la agricultura transgénica, las patentes y la
tecnología genética son utilizadas para consolidar el poder sobre la alimentación y la
naturaleza. La tecnología genética está fuertemente asociada con el progreso y la
supervivencia. Empresas y organizaciones internacionales como la Organización Mundial del
Comercio desempeñan un papel clave en la propagación de esas concepciones avasallantes.
El caso colombiano muestra otras formas de encarar la conservación y la producción de
alimentos que no se basan en genes y patentes. Los activistas afirman que la lucha en
torno a los genes en realidad enfrenta entre sí a distintos antecedentes culturales, a
comprensiones opuestas de la alimentación y la naturaleza y, finalmente, a preocupaciones
divergentes frente a la globalización, la autonomía cultural y los modelos económicos.
Los discursos sobre la biodiversidad tienden a resaltar la línea
divisoria que separa a la cultura euro-norteamericana de otras culturas. Según esta, los
pueblos indígenas y los agricultores sólo pueden materializar la riqueza de sus recursos
a través de la biotecnología, el mercado y la propiedad intelectual; pero para muchas
sociedades indígenas y campesinas, los genes y los derechos de propiedad intelectual son
categorías o conceptos que no tienen sentido. Las categorías localmente significativas,
incluyendo el parentesco, la reciprocidad, los bienes en común y formas no
mercantilizadas de compensación no se traducen con facilidad a los conceptos occidentales
de genes, personas y propiedad individual.
Los movimientos sociales afirman, sin embargo, que quizás haya espacio
para introducir interpretaciones diferentes sobre conceptos generalmente aceptados, como
sería el caso de incorporar la idea de propiedad cultural colectiva y otros productos de
la vida colectiva en los debates acerca de la propiedad intelectual. Un cambio de este
tipo podría volver a arraigar la propiedad en el entramado de la cultura.
Los movimientos sociales también destacan el saber y la innovación.
En muchas comunidades campesinas surgen innovaciones dentro de la tradición. Las
economías comunitarias están basadas en un lugar (aunque no estén limitadas a su
lugar), y con frecuencia incluyen el reconocimiento de bienes comunes compuestos de
tierras, recursos materiales, conocimientos, ancestros, espíritus, etcétera. Al
imponerle a los sistemas campesinos el lenguaje de la propiedad intelectual, los
beneficios de las innovaciones de la comunidad quedan a disposición de los capitales
foráneos. Es por eso que es necesario proteger espacios comunitarios fuera del mercado, a
fin de preservar un lugar para la innovación local y el disfrute local de los resultados.
El conflicto entre la racionalidad económica y la racionalidad ecológica ocupa un lugar
central en el debate sobre la biodiversidad, que debe ser resuelto políticamente. De otro
modo, las estrategias de conservación no serán sino la comercialización de la
biodiversidad. ¿Será posible reivindicar una racionalidad productiva ecológica
posteconómica? Los movimientos sociales claramente abogan por economías ecológicas, y
sus visiones, análisis y experiencias podrían ofrecernos algunas respuestas. Se niegan a
reducir sus reclamos territoriales y ecológicos a los términos exclusivos del mercado, y
eso es una lección importante para cualquier estrategia de conservación de la
biodiversidad.
Conclusiones
La biodiversidad y otras intervenciones tecnocientíficas como la
agricultura transgénica, constituyen poderosas redes a través de las cuales se
cuestionan y negocian conceptos, políticas y, por último, culturas y ecologías. Los
nuevos enfoques que circulan por esas redes sobre estos temas, tienen una presencia cada
vez mayor en las estrategias de movimientos sociales en muchas partes del mundo. A pesar
de las fuerzas adversas que se les oponen, esos movimientos podrían constituir una
verdadera defensa de paisajes sociales y biofísicos, bajo formas no mediadas por el
reductivismo genético que caracteriza a las tendencias dominantes. Los movimientos
muestran que es posible organizar la vida, el trabajo, la naturaleza y la cultura en
formas diferentes a los modelos dominantes de cultura y de economía.
Fuentes:
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Starn, (eds.), Between Resistance and Revolution, New Brunswick, Rutgers University
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Diversidad? Estado, Capital y Movimientos Sociales en el Pacífico Colombiano,
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* GRAIN (1998), «Patenting Life: Progress or Piracy?» Global
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* GRAIN (1995), «Towards a Biodiversity Community Rights Regime», Seedling
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* GAIA/GRAIN (1998), «Intellectual Property Rights and Biodiversity:
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* J. Martínez Alier (1996), "Merchandising Biodiversity", en
Capitalism, Nature, Socialism (1), p. 37-54.
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* M. Strathern (1998), «Cultural Property and the Anthropologist»,
trabajo presentado en Mt. Holyoke College, 8 de diciembre de 1998.
* Red del Tercer Mundo y Research Foundation for Science, Technology
and the Environment (1994), Resource Kit for Building a Movement for the Protection of
Biodiversity and People's Intellectual Rights, Kuala Lampur/Dehra Dun, Red del Tercer
Mundo y RFSTE.
Este artículo ha sido tomado de la revista "Seedling"
de junio de 1999. Una versión más larga de este artículo, titulada
"Whose Knowledge, Whose Nature? Biodiversity Conservation
and Social Movements' Political Ecology", se publicó en el número
de abril de 1999 del periódico electrónico Journal of Political Ecology.
Por comentarios y más información diríjase al autor.
Para comunicarse con el Proceso de Comunidades Negras, por favor
contactar con:
Libia Gruesco y Carlos Rosero, e-mail:
libia@colnet.com.co
Kalishe@ latinmail.com
panconga@hotmail.com
Nota:
1. La región de la costa del Pacífico de
Colombia cubre un área muy vasta (70,000 km2 aproximadamente) que se extiende
desde Panamá hasta Ecuador y desde la cordillera occidental de los Andes hasta el
océano. Es una región de selva húmeda única, con una diversidad biológica que se
cuenta entre las mayores del mundo. Alrededor del 60% de los 900,000 habitantes de la
región (800,000 afrocolombianos, alrededor de 50,000 indígenas embera, waunana y otros,
y colonizadores mestizos) viven en los pocos pueblos grandes, mientras que el resto reside
en los márgenes de los más de 240 ríos, que en su mayoría corren de los Andes hacia el
Pacífico. Las poblaciones negras e indígenas han mantenido prácticas materiales y
culturales diferenciadas.
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