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Fundamentos
Sabido es que la cultura peruana se desarrolla en dos grandes áreas
que geográficamente, climática e hidrológicamente son bien diferenciadas. Una que es de
topografía mayormente plana, bajo riego (riego por gravedad), de cultivos (monocultivo)
de fuerte vinculación al mercado, no expuesta a riegos climáticos ni a una diversidad
edáfica. Por lo que las producciones y/o productividades de los cultivos son fáciles de
planificar y asegurar las cosechas; los factores de producción son manejables si es que
se dispone de capital de inversión necesario para adquirir los recursos tecnológicos
(insumos, maquinaria, etc.). Esta área agrícola corresponde a menos de una cuarta parte
del área agrícola total del país y se halla ubicada en la costa y en algunos valles
interandinos.
El otro sector de la cultura que corresponde a las tres cuartas partes
del total del área agrícola del Perú se caracteriza por tener una topografía muy
quebrada, desarrollar una agricultura de secano (riego por lluvia), estar orientada
fundamentalmente a lograr la seguridad alimentaria familiar y comunal (autoconsumo), pero
manteniendo una vinculación con el mercado, al que contribuye con algo más del 60% de
alimentos para el consumo nacional, sin que éste la haya podido subordinar, es decir, que
esta agricultura "entra y sale del mercado cuando desea". Esta agricultura está
en la zona altoandina y es de pequeñas áreas (chacras) y expuesta a muchos riesgos,
debido a la variabilidad climática que existe. Sin embargo, estos riesgos son disminuidos
o atenuados por la rica diversidad de especies y de variedades de cultivos (policultivos)
que desarrollan. En esta agricultura los factores naturales de producción no son
controlables, de allí que las proyecciones de volúmenes de cosechas a obtener no tengan
la seguridad requerida por todo proyecto de inversión que busque una acumulación de
capital.
La seguridad de cosechas en esta cultura altoandina está determinada
por muchos factores, entre los que podemos señalar:
La diversidad de cultivos, que existen en cada chacra. A mayor
diversidad hay menores riesgos de pérdidas de cosechas.
El uso de las complementariedades agroclimáticas. Mientras
mayores sean las posibilidades de acceso a la diversidad de pisos ecológicos y/o microclimas,
mayor será la seguridad de obtener cosechas, de tal modo que la consideración del
tamaño del ámbito territorial donde se tejen las complementariedades intercomunales es
muy importante.
Las relaciones intercomunales, expresadas en la diversidad de
ayudas mutuas (a través de las yuntas, semillas, mingas, etc.) contribuyen a la
obtención de una mayor suficiencia productiva en la comunidad.
La cultura agraria que posee la comunidad, expresada en el uso
de las semillas, de los suelos, en determinar los momentos de las siembras, de los
aporques, etc., es muy importante tenerla en cuenta, por que ella se ha forjado en un
permanente diálogo con el clima, con los suelos y con los cultivos en la comunidad; y es
la que ha hecho posible mantener la biodiversidad y la producción de alimentos en la
región andina.
Las particularidades que tiene la agricultura campesina andina, por
estar ubicada en un territorio con una densa diversidad ecológica la hacen muy peculiar,
muy propia de las comunidades y muy diferente a las agriculturas de otras regiones del
planeta.
Cuando decimos la estrategia del proyecto nos referimos a
aquella agricultura de monocultivo (de una variedad o de dos variedades) y de fuerte
vinculación al mercado que, en estos últimos tiempos, la mayoría de instituciones han
promocionado, buscando aumentar productividades y mayores rentabilidades económicas para
la comunidad.
El inconveniente de esta estrategia es que trabaja con una propuesta
muy débil en diversidad de alternativas (semillas, organización, conocimiento
tecnológico, etc.) que la limita en la posibilidad de "jugar" (adecuarse) con
la diversidad y con la variabilidad ecológica que existe en la región. Por otro lado, es
una propuesta que privilegia a la productividad y al mercado, sin considerar la capacidad
económica y de negociación que tiene el campesino; no tiene en cuenta tampoco en el
momento en que llegaría a éste y la posibilidad de que se convierta en víctima; y aún
más, no considera la evolución que tendría su dieta alimenticia que hoy se sustenta en
una diversidad de alimentos, producto de la diversidad de cultivos que mantiene la
comunidad.
Analizando desde su propia perspectiva consideramos que estos son,
entre otros, algunos aspectos centrales que hacen poco viable la estrategia de aquellos
proyectos que apuntan a la homogeneidad de la agricultura, a la productividad-mercado y a
la monetarización de la agricultura campesina.
Sin embargo, la estrategia campesina tiene otro rostro, se desarrolla
en términos de mucha elasticidad en torno al clima, al mercado y a la diversidad de los
suelos. Su modo de ser lo encontramos en los testimonios de los campesinos cuando nos
conversan de sus semillas.
La "prueba" y el "acostumbramiento"
de la semilla es una práctica y a la vez una sabiduría campesina vital cuando la
comunidad trata de incorporar o "hacerse" de una semilla nueva para las chacras;
proceden con mucha paciencia y cariño mirando que clase de semilla (especie o variedad)
es la más adecuada para los diferentes tipos de suelos que hay en la chacra; tienen en
cuenta también el lugar de donde pueden conseguirla, porque no toda semilla, ni de
cualquier lugar de procedencia es la más adecuada; como que cada lugar tiene también sus
lugares, de complementariedad (de "diálogo" y de "apoyo"), que en
este caso no es climática, sino de "asemillamiento".
Doña Trinidad Ferández de la comunidad de Pata Pata del distrito
Cajamarca dice: "Los maíces de Sorochuco son muy demorones, se levantan mucho,
demoran en choclear. Los maices de Chetilla son los que se acostumbran más aquí. En
cambio, los frejoles de Sorochuco se acostumbran; algunos dan mejor que los de acá, los
chiclayos y zapallos no se acostumbran, puede ser por falta de agua, porque los sembramos
juntos con el maíz el 1º de diciembre
".
Don Ermes Pretel de la comunidad de Amanchaloc de la provincia de
Contumazá comenta: "Las semillas tienen su terreno, su sitio, en cualquiera no
crecen, y cuando se siembra seguido (la misma semilla y en el mismo terreno) se saben
cansar. Entonces para que las semillas no se cansen las pasamos de un terreno a
otro".
Don Domidel Sangay de la comunidad de Cashapampa, del distrito de
Cajamarca, nos conversa sobre las preferencias de terreno que tienen las semillas: "Los
suelos son muy diferentes y las semillas buscan sus suelos donde dan mejor. La papa en
terreno polvoso no da igual que en terreno mitoso, en terreno mitoso da más arenosa, más
rica, más graneada, y en terreno polvoso da media aguachenta, no da rica. Según el suelo
es su sabor".
Don Carlos Aguilar de la comunidad de Quivillán de la provincia de
Contumazá, refiriéndose a cómo las semillas van cambiando de gusto (sabor) según el
terreno donde son sembradas nos dice: "A las semillas las pasamos de un terreno a
otro, así vamos probando por que la misma semilla cambia de gusto, en un terreno puede
ser desabrida y en otro más gustosa; o en el caso de la alverja, en un terreno sale dura
y en otro cocinadora. No es fácil tener semilla por tener o sembrar por sembrar, hay que
saber qué quiere la barriga, el tiempo, las visitas, porque todos comemos aunque sea
poquito".
A través de los testimonios vamos comprobando que el trabajo con la
agricultura campesina andina y sus semillas, es complicado y muy delicado, requiere de
mucha minuciosidad y en la observación de las múltiples relaciones que establecen, que
no son relaciones físicas, toscas y de ligerezas en los cálculos de volúmenes de
producciones.
El modo como la comunidad campesina (las familias) busca sus semillas y
cómo se "asemilla" es otro aspecto importante en la agricultura
altoandina.
Don Carlos Aguilar otra vez nos conversa y dice: "Cuando no
tengo algunas semillas y veo que alguien tiene, la consigo de a poquitos
la voy
sembrando medio escondido; "pal" primer año me da algo, pero para el siguiente
puede dar harto y así hasta que me vuelvo a asemillar".
Igualmente, don Alcibiades Sangay de la comunidad de Cashapampa
comenta: "Si queremos asemillarnos de alguna semilla, por ejemplo la que tiene
algún vecino, nos vamos a la minguita. En caso de cebada u otras semillas nos dan nuestro
jornalito y esas semillas las sembramos y "pal" siguiente año tenemos
más".
La institución
1. Selecciona una o dos variedades de semillas orientadas sólo a
obtener producciones.
2. Trabaja con volúmenes grandes de semillas.
3. Alienta la monoproducción (monocultivo).
4. No existe la elasticidad que exige la diversidad y variabilidad
climática y edáfica, por ser muy pobre el stock de diversidad de semillas que maneja.
5. Las semillas se difunden por la velocidad que imprime la
institución.
6. Privilegia la producción para el mercado.
7. Hay una o dos especies (o variedades) para todos los tipos de
suelos. |
La comunidad
1. Selecciona (consigue) una diversidad de semillas para
"asemillarse".
2. Considera pequeñas cantidades de semillas.
3. Cría la diversidad de producciones (policultivos).
4. Hay mucha elasticidad como respuesta a la diversidad y variabilidad
climática y edáfica, por ser amplio el stock de diversidad de semillas que tiene.
5. Las semillas caminan al ritmo del tiempo (clima, lluvias), de la
chacra y de los servicios y de parentesco de las familias.
6. La prioridad de las producciones es la seguridad alimentaria
familiar y comunal, luego el mercado.
7. Para cada tipo de suelo se consigue(n) la(s) semilla(s) que le
corresponde. |
A la intensa diversidad y variabilidad ecológica que muestra el
territorio andino hay una respuesta campesina de diálogo que se expresa en la diversidad
de cultivos que la comunidad mantiene en las chacras, permitiéndole tener una gran
plasticidad agrícola para acomodarse a las circunstancias climáticas o al variado
régimen de lluvias. Don Juan Castillo de la comunidad de Salcot de la provincia de
Contumazá señala que no todas las semillas tienen el mismo comportamientoo todo el
tiempo (todos los años), es decir, que según el año prosperan mucho mejor algunos
cultivos que otros. Cada año "tiene sus cultivos", de tal manera que el
comportamiento de las semillas (cultivos) es muy fluctuante; no tienen el camino de una
evolución lineal de incrementos de volúmenes de cosechas.
También don Fabiano Misahuamán de la comunidad de Agomarca, distrito
de Cajamarca, refiriéndose a la mezcla de cultivos en su chacra manifiesta: "Las
semillas nunca deben estar solas (no sembrar una sola variedad), ellas se acompañan. Yo
siembro habas, alverjas, rayas de quinua, coyo, aparecen los ajos, las caiguas, el
culantro, los zapallos, todo está allí".
Refiriéndonos a la relación semillamercado, la estrategia campesina
también tiene su propio modo de "mirar". Doña Aurora Aquino de la comunidad
Cashapampa manifiesta: "La semilla se cuida, se guarda, no se vende, ni se da, no
se deja desparramar o "votar por votar". Es muy diferente el comportamiento
de aquellos agricultores ligados al mercado, todo venden y todo compran del mercado, que
muchas veces no se conoce ni siquiera la procedencia de las semillas, menos los
"gustos" que pueden tener éstas por tal o cual suelo. El mercado, al tener
otros intereses, a las semillas las ve como un recurso más de producción que tiene que
germinar crecer y producir solamente. Muy distante está de la visión campesina, que lo
hacemos notar en la conversación que nos hace don Bernabé Sangay de la comunidad de
Cashapampa: "Las semillas y los animales son como los humanos
, se cansan, se
aburren
, se van, se desaparecen cuando quieren, son andariegas
también
quieren suelo bueno o nuevo,
clima abrigadito y sino, no se acostumbran. Por
ejemplo: maíz de Sorochuco aquí no se acostumbra, tengo que traer de San Marcos".
Cajamarca, 10 de abril 1999.
Señores:
Amigos de la Tierra,
Montevideo - Uruguay
De mi especial consideración:
Reciban muchos saludos y a la vez les comunico haber recibido la
Revista Nº 18 sobre: Biodiversidad, Sustento y Culturas. A nombre de nuestro Programa
Radial «Tierra Andina» y sus miles de oyentes, muchísimas gracias. Los temas que
contiene esta Revista siempre los leo con mucha atención y agrado; por que me permite
tener información seria y fresca sobre la Biodiversidad, patrimonio de la naturaleza.
Compartimos sus inquietudes, por considerar que están muy cerca de la
conservación y defensa de nuestras culturas originarias de América, quienes ven con
mucha preocupación al «Desarrollo»; y después de cincuenta años de haber saboreado el
«desarrollo», mejor hemos optado por continuar caminando al paso de la llama, fiel
compañía del hombre andino.
Los vientos soplan por todo lados: del norte, del sur, del este y del
oeste, trayendo y llevando la energía y el saber de nuestros ancestros criadores de
nuestra biodiversidad, probada en miles de años que la historia agraria reporta.
En esta oportunidad, en nuestra modesta inquietud andina, quisiera
compartir con ustedes la separata siguiente: «Las semillas: Aportes a una propuesta desde
una vision campesina andina», escrita por los amigos que se mencionan en el mismo
documento. Esperamos sus opiniones; gracias y será hasta pronto.
Atentamente,
José A. Terrones
TIERRA ANDINA |
El aprovisionamiento de semillas por el campesino no es el de comprar
dónde y cómo sea, como tampoco es una actividad física de ubicación del lugar y de
transportarlo; es una actividad muy paciente y delicada porque significa el
establecirniento de muchas sintonías (diálogos): así la semilla tiene que sintonizarse
con el "tiempo" (lluvias, clima), con el terreno (en que terrenos se adecua
mejor), con los animales (en que puede servir para los animales), con el hombre o con la
familia campesina (semilla de maíz para mote, para cancha, para chochoca, etc.); es por
ello que en la chacra campesina hay muchas variedades de maíz, de frejoles, de papas, de
quinuas, de coyos etc., para poder estar a tono con todos los requerimientos. De esta
manera las semillas son las armonizadoras de la chacra, porque con ellas se expresan y se
satisfacen las necesidades de los acompañantes de ésta, por eso son exigentes y no
desean "criarse" solas.
Podemos decir, por lo tanto, que en la agricultura campesina andina el
juego recíproco de las diversidades ayuda a mantener las dinamicidades de los diferentes
procesos productivos; pues a una mayor diversidad y variabilidad ecológica del territorio
debe corresponderse también con una mayor diversidad, en este caso, de semillas
(cultivos). Que distantes están aquellas propuestas que se sustenten en la promoción de
una o dos especies (o variedades) de cultivos, pretendidamente válidas para los
diferentes microclimas, diferentes tipos de suelos, diferentes requerimientos de cada
chacra y de cada familia. Las propuestas homogeneizadoras no tienen ninguna salida viable
para un territorio como el andino, que posee una densa heterogeneidad en lo ecológico, en
lo social y cultural.
El acompañamiento: un camino de múltiples sintonías
Con las características que tiene la agricultura campesina andina: el
estar en un diálogo permanente con los riesgos que emanan de la naturaleza misma de los
Andes, ser uno de los soportes vitales de la biodiversidad en el planeta, ser un
componente fundamental en la producción nacional de alimentos y constituirse a estas
alturas del tiempo como una alternativa muy preciada en el pensamiento de la agricultura
de los "Equilibrios de los Agroecosistemas", podemos decir que todo acercamiento
a ella debe realizarse en términos de respeto y de mucho cuidado, buscando vitalizar y no
alterar sus sistemas de conocimiento, sus sistemas agrícolas y sus modos muy propios en
la utilización de la diversidad de las complementariedades agroclimáticas.
Un comportamiento dinamizador de las potencialidades de la comunidad,
que es muy distante a uno de intervención en la comunidad para transformar las realidades
agrarias comunales, es el horizonte que debe guiar a toda propuesta que busque enriquecer
el autosostenimiento de la comunidad, colocándola en una mejor forma de vinculación no
subordinada al mercado. A este modo de mirar y de estar en la comunidad es lo que llamamos
el acompañamiento, que es un camino no lineal, ni de aceleraciones impulsadas
desde fuera, es más bien el camino de la diversidad de sintonías que tienen la
comunidad, que tiene cada chacra y cada familia. El acompañamiento es el estar y el
caminar junto con la comunidad y/o la familia, insertarse en los ritmos de
vida de la chacra y de la comunidad, cuidando que lo que venga de fuera sea para ayudar a
vigorizar las crianzas de estas sintonías.
En tal sentido y refiriéndonos al caso de las semillas son evidentes
los contrastes entre lo que proponen y realizan muchas instituciones con los modos de
trato y consideración que tiene la comunidad.
Estos son algunos de los aspectos que muestran los desencuentros entre
lo que se propone y hace la institución y lo que la comunidad vienen haciendo por siempre
y que le permite mantener un perfil importante en la agricultura nacional. Se notan dos
preocupaciones radicalmente diferentes, una que nace de fuera e interviene en la comunidad
buscando transformarla y vincularla (subordinarla) al mercado; y la otra que brota y está
enraizada en la comunidad, que es dialogante con todas las circunstancias de la naturaleza
(clima, suelo, heladas, lluvias, etc.), que busca la autosuficiencia alimentarla en la
cosecha de la diversidad de sus producciones, y que llega al mercado (su presencia es
importante) cuando lo considera necesario, el mercado no le angustia. Las opciones son
claras, se interviene en la comunidad reduciendo y limitando la plasticidad de su
comportamiento frente a los riesgos de la naturaleza y del mercado o se inserta (el
proyecto) en los ritmos y en el quehacer de la comunidad, buscando vigorizar todas sus
alternativas que por siempre ha venido desarrollando.
Cajamarca, diciembre 1998.
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