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La tierra forma parte de nosotros mismos, no
la vemos como algo descartable... Una cultura, para desarrollarse,
tiene que tener su medio. Creo que es necesario poder mantenernos
en el campo para ser eso que somos.
Julián Cabrera, productor rural uruguayo.
Nuestro sustento está basado en la diversidad biológica
que --junto con nosotros, los humanos-- conforma la vida de este planeta.
Son los alimentos que comemos: cultivos, frutas, animales, peces, raíces
y cortezas; las plantas medicinales que nos curan; los árboles y tantas
otras plantas que nos aportan materiales para vestirnos, cobijarnos y
cantidad de otros servicios; y los incontables microorganismos en la base
de todas las cadenas de vida. Aún en la actualidad el 60% de la humanidad
cultiva y recolecta para el autoconsumo, y un 80% utiliza plantas medicinales
para el cuidado de su salud.
Esa diversidad de vida que nos sustenta ha ido evolucionando
--mejor, interevolucionando-con nosotros desde hace miles de años. Es
a través del trabajo inteligente de mujeres y hombres que hemos llegado
a tener variedades de los cultivos alimenticios y razas de animales domésticos
adaptadas desde los desiertos hasta las fronteras árticas, desde el nivel
del mar hasta más de 4000 metros de altura. En la medida que hemos adaptado
variedades y razas se ha desarrollado agricultura en una inmensa gama
de nichos ecológicos. Las distintas culturas desarrollaron metodologías
para seleccionar y mejorar cultivos y razas, haciéndolas resistentes a
las condiciones geográficas más diversas. También lograron incorporar
a sus variedades resistencia a una enorme variedad de plagas y enfermedades.
Desde el comienzo del asentamiento humano en núcleos
más o menos estables --villas, pueblos y luego ciudades-- esa microadaptación
agroecosistémica estuvo en la base del desarrollo social. Todo ser vivo
de utilidad humana tiene un conocimiento que le hemos asociado. Perdemos
adaptabilidad al medio cuando desaparece una especie o una raza a través
de la extinción biológica. Pero también perdemos la utilidad de la diversidad
biológica cuando se pierde el conocimiento a ella asociada, lo que llamamos
erosión cultural.
Erosión genética, pérdida de diversidad
En la actualidad nos enfrentamos a enormes presiones
que pretenden imponer la uniformidad en vez de la diversidad, uniformidad
tanto biológica como cultural. Cuando perdemos especies se llama pérdida
de biodiversidad. No se trata sólo de la pérdida más llamativa de ballenas,
delfines y tigres, sino también de esos animales, plantas y árboles que
tradicionalmente han aportado al sustento de nuestras comunidades.
De forma menos visible vivimos una dramática erosión
genética para la agricultura, la pérdida de la diversidad en la multiplicidad
de características expresadas por los cultivos, árboles y animales que
nos sustentan. Diversidad que nos ha protegido tradicionalmente de los
avatares bióticos y abióticos, y que, de gran importancia hoy en día,
ha permitido la existencia de la diversidad cultural y tecnológica característica
de las comunidades rurales. La FAO calcula en un 75% la pérdida a nivel
global de la diversidad en los cultivos durante el siglo que recién terminó.
En el sur de Italia entre el 1950 y el 1980 desaparecieron casi todas
las variedades tradicionales de trigo, lentejas, garbanzos, cebollas,
tomates y berenjenas, y hasta un 71% de las variedades de trigo. En Korea
del Sur la pérdida fue más dramática: de 5000 variedades de 57 especies
de cultivos, se perdieron 82% solamente en ocho años (entre 1985 y 1993).
Más cercano, en México únicamente se conservan 20% de las variedades de
maíz identificadas en 1930. Mas allá de fantasías jurásicas, una vez que
una variedad se extingue, es para siempre, y con ella se pierde la inteligencia
humana aplicada a su desarrollo, adaptación y usos.
La industrialización de la agricultura
Tradicionalmente el ser humano ha considerado los elementos
de la naturaleza como un don ante los cuales hay que tener una actitud
de agradecimiento y reverencia. Según la cosmovisión de muchísimos pueblos
originarios no existe escisión entre lo humano, el mundo natural, las
plantas y los animales, formando todo un continuo en el cual nuestras
necesidades son atendidas a la vez que nosotros tenemos que cuidar de
los demás 'seres' que nos acompañan. En la medida que en algunas culturas
prepotentes las relaciones sociales se vuelven más complejas y autoritarias,
y surgen grupos sociales desvinculados del quehacer agrícola, se introduce
un distanciamiento de la naturaleza que lleva al hombre a sustituir relaciones
de complementariedad por otras de control o dominación. El pensamiento
y las estructuras jerárquicas y excluyentes predominan en las relaciones
económicas y políticas que los países dominantes imponen a través de una
globalización homogeneizadora que aumenta la desigualdad, la pobreza y
la devastación de los recursos del planeta.
Con el afianzamiento de la racionalidad científica occidental
se impuso en el siglo 19 la idea de que a la naturaleza había que someterla,
modificarla a imagen y semejanza de un imaginario obsesionado con las
jerarquías, la fragmentación y el materialismo. Esta manera de entender
la agricultura facilitó la hegemonía de una producción agroindustrial
basada en el uso abusivo y masivo de los abonos sintéticos, los agrotóxicos,
los monocultivos, semillas híbridas de estrecha base genética, y la dependencia
en la mecanización y el uso masivo del riego. En la actualidad mucho se
lleva documentado sobre los problemas ambientales, de salud y sociales
derivados de lo que partir de los años 60 se ha llamado la Revolución
Verde, justificada por la necesidad de aumentar la producción de alimentos,
en un mundo donde ha aumentado el número neto de hambrientos. La industrialización
de la agricultura no ha podido vencer el hambre, a pesar de aumentos netos
de productividad, porque:
* Al conver tirse la tierra en otro bien de consumo
y permitirse la acumulación de su propiedad en forma ilimitada desaparecen
los establecimientos familiares, probadadamente más rentables, y la
base de seguridad alimentaria.
* Los pequeños agricultores no tienen poder de negociación
frente a los proveedores de insumos ni tampoco frente a los vendedores
de alimentos, y ven reducidas o desaparecer sus ganancias.
* La tecnología dominante destruye las bases de la
producción agraria al degradar el suelo y otros recursos naturales y
aumentar los problemas de malezas y plagas, reduciendo eventualmente
los rendimientos1.
El deterioro de los agroecosistemas y la salud son costos
que la agroindustria no encara, sino que externaliza a la sociedad toda.
Estos cambios han llevado también a la destrucción masiva de la vida rural
en todo el mundo, la pérdida de la cultura del agro y su sustitución por
la dependencia económica, tecnológica y cultural ante las transnacionales
de la agricultura y la alimentación.
Segunda 'revolución verde'
Desde mediados de los años 1980 presenciamos tres procesos
paralelos que han agudizado el distanciamiento de una agricultura bajo
control de los agricultores y en sintonía con la naturaleza, proceso que
ya se agudizó bajo la llamada Revolución Verde de los años sesenta y setenta.
1. La consolidación del control de la cadena
alimenticia por las empresas agroindustriales transnacionales.
Una de las premisas para consolidar el control ha sido
la destrucción de la capacidad de autoabastecimiento de muchos países.
De hecho, se pretende sustituir el concepto mismo de soberanía alimentaria
por una supuesta seguridad alimentaria regida por los caprichos de la
economía internacional de libre mercado. Ese 'libre mercado' está cada
vez más bajo el control de un puñado de compañías gigantes libres del
control democrático. La consolidación/ concentración de las empresas transnacionales
ha ocurrido a dos niveles. En primer lugar las grandes empresas han comprado
las empresas nacionales, y también las internacionales de menor tamaño.
Además, se da una vigorosa integración de los sectores semilleros, agroquímicos
y farmacéuticos, lo cual consolida el control.
2. La legalización de la privatización
de la vida a través de los derechos de propiedad intelectual (DPI).
Una de las estrategias base de las transnacionales para
garantizar sus ingresos ha sido la utilización abusiva de los DPI, especialmente
las patentes. Como las transnacionales se concentran cada vez mas en una
reducida gama de productos agrícolas que requieren grandes inversiones,
utilizan las patentes para garantizar sus ganancias. Eso ha sido así en
el caso de la ingeniería genética, para la cual los elementos biológicos
constituyen la materia prima. Así se ha logrado que muchos países, empezando
por los Estados Unidos de Norteamérica, acepten el establecimiento de
propiedad privada sobre los componentes básicos de la vida, y en algunos
casos hasta de plantas y animales. A través de la firma del tratado sobre
los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con
el Comercio (ADPIC, o mejor conocido como TRIPS, según siglas en inglés),
obligatoria para todos los países integrantes de la OMC, de los derechos
de los fitomejoradores promovidos por la Unión Internacional para la Protección
de las Variedades Vegetales (UPOV, según siglas en inglés), y presiones
de comercio bilaterales, muchos países se ven forzados, a veces en contra
de tradiciones culturales ancestrales, a aceptar la privatización de la
vida.
Esto ha dado lugar a lo que llamamos la biopiratería
moderna: si antes se llevaron las plantas y los árboles para los jardines
botánicos, y más recientemente las semillas para los bancos de germoplasma
bajo control del Nor te, hoy se patentan genes, microorganismos y componentes
activos de la flora y fauna del Sur. La inmensa mayoría de las patentes
están bajo el control del Norte, y las más significativas de las transnacionales.
Se conocen, por ejemplo, patentes sobre la congorosa, planta de uso extenso
en la Argentina. Un caso ilustrativo es la creación por parte de la compañía
Monsanto de la soja resistente al herbicida con base en glifosato --el
principal ingrediente del herbicida Round Up, su producto estrella-- justo
cuando la patente del herbicida estaba por caducar.
3. El despliegue masivo de cultivos transgénicos.
La gran industria agroalimentaria y farmacéutica apuesta
al control sobre los procesos biológicos --y la materia prima de la vida--
para producir cada vez una menor cantidad de productos homogéneos para
el mercado global. Cuando las críticas ante la industrialización masiva
de la agricultura, la contaminación por agrotóxicos y la destrucción de
medio natural se ha hecho inevitable, se propone una nueva Revolución
Verde, basada en los cultivos transgénicos. De nuevo se nos prometen soluciones
mágicas para los problemas del hambre, la salud y medioambientales. Pero
como dijo Alber t Einstein, nunca se puede solucionar un problema con
la misma racionalidad que originó el problema. Con los cultivos transgénicos
de reducen aún más la diversidad genética, las estrategias para el combate
de plagas y enfermedades, la independencia de los productores y la capacidad
de microadaptación agroecosistemática. Nos dirigimos a un mundo rural
cada vez mas adaptado a la tecnología, cuando debería ser al revés.
La consecuente pérdida de adaptabilidad puede, en un
futuro no muy lejano, dar lugar a una pérdida neta en la capacidad de
satisfacer las necesidades humanas. Nunca antes se había llevado a cabo
una experimentación tan amplia a campo abierto y con la sociedad entera.
Mientras se expande el cultivo y uso de los transgénicos, van llegando
informes científicos que, por un lado, cuestionan la efectividad y rentabilidad
agronómica de los mismos (ver tabla) y, por otro lado, confirman problemas
en torno a la salud humana, animal y el medio natural.
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LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS NO SON MÁS PRODUCTIVOS
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| Resultados de los estudios |
Fuente |
| La mayoría de los agricultores estadounidenses
que siembran cultivos transgénicos no obtienen mejores cosechas
que los que usan semillas convencionales, y además utilizan las
mismas cantidades de plaguicidas. |
Agencia Reuters,
citando a New Scientist,
julio 8, 1999 |
| El algodón normal es un poco más rentable
(US$ 0.02) que el algodón Bt, según resultados de un estudio comparativo
de 720 campos; datos del 1999. |
Universidad de Carolina del Norte
http://www. cropsci.ncsu.edu |
| En un estudio comparativo de 365 campos
en EEUU la soja convencional mostró una ganancia para el agricultor
de US$1.25 por acre (0.4 hectárea) sobre la soja transgénica. |
2000 Progressive Farmer, Inc.,
agosto 2000 |
| En un estudio de dos año en Canadá
sobre los agricultores que utilizaron semillas de colza transgénica
con resistencia a herbicida, se encontró que solamente en el 60%
de los casos se obtuvieron rendimientos superiores a los de la
agricultura convencional. |
The Montreal Gazette,
Canadá, enero 14, 1999.
http://www.montrealgazette.com/ |
| Durante la temporada de 1998 un estudio
comparativo en más de 8,000 campos de ocho Estados de EEUU, demostró
que las variedades de soja RoundUp Ready tuvieron rendimientos,
en promedio, un 4% menor que las variedades no transgénicas. |
«Performance of Transgenetic
Soybeans Northern US»,
Depto. de Agronomía,
UWMadison, 1999 |
| Investigadores en EEUU confirman que
la soja de Monsanto resistente al herbicida glifosato no rinde
bien en climas calientes, al abrirse los tallos y provocar pérdidas
de hasta 40%. |
Universidad de Georgia,
publicado en New Scientist,
noviembre 20, 1999 |
| Compilado por GRAIN a
partir de diversas fuentes, agosto 2000. |
Opciones biodiversas y sustentables
Entendemos la necesidad del productor de tener un saldo
positivo en sus cuentas al final del año, y por lo tanto muchas de las
opciones que siguen necesitan respuestas no sólo a nivel del campo, sino
de política pública. No se le puede seguir exigiendo al sector rural que
subvencione al resto de la sociedad. A continuación apuntamos algunos
elementos que pueden aportar a un mundo rural más productivo, estable
y rentable.
* Es necesario tender una mirada desde el conjunto
de la sociedad al mediano y largo plazo. En el pasado existió un sentido
de responsabilidad ante las generaciones futuras que no debemos perder.
¿Cuál es el valor de una especie que se extingue, una raza de ganado
que desaparece? ¿Cuánto vale una la pérdida en una hectárea de varios
centímetros de suelo fértil? ¿Son recuperables los acuíferos contaminados?
Si lo son ¿a qué costo? ¿Podemos darnos el lujo de perder en un par
de generaciones el conocimiento que nuestros mayores tardaron siglos
en desarrollar? Solamente desde un esfuerzo sincero por contestar estas
y otras preguntas similares serán posibles darnos cuenta del costo de
lo que se pierde ante la actual industrialización/homogeneización del
agro.
* Hay que valorar los elementos que dan lugar a una
agricultura sustentable: integrada dentro de la diversidad de rubros
en la cual se potencian los ciclos internos del manejo de nutrientes,
agua y energía, dinámica en la constante evolución de una tecnología
localmente apropiada y producto de una investigación participativa,
y socialmente responsable y culturalmente sensitiva.
* Una agricultura basada en la biodiversidad puede
ser más rentable cuando se evalúan los costos sociales de la agricultura
convencional en su totalidad. Una mayor diversidad biológica le otorga
estabilidad al agroecosistema a través del ciclo de producción y año
tras año. Contrariamente a lo que se pretende hacer creer, es una agricultura
altamente sofisticada que requiere un alto grado de conocimiento especializado.
Dentro de esa biodiversidad, la variedad genética ofrece una mayor estabilidad
agronómica y económica al productor local.
* La familia rural es la que está en mejor condición
de evaluar cuales son las prioridades en cuanto a la investigación agrícola,
la cual debe ser par ticipativa, localmente adaptada, y a partir del
respeto y reconocimiento del saber tradicional como la base de una agricultura
sustentable. Evolución del saber y el hacer agrícola, en vez de revoluciones
desestabilizantes y destructivas.
* Es necesario cuestionar la produción para los mercados
de agroexportación como alternativa principal, y no para mercados internos.
Los agricultores se beneficiarían del desarrollo de procesos y estructuras
organizativas propias, dentro de políticas públicas.
* Está probado que cuando el agricultor maneja una
agricultura a escala humana, dentro de parámetros locales de productividad,
se logra el mayor rendimiento por unidad. Tener a la familia y la comunidad
agrícola como el eje de la cultura del agro, para que en la expresión
de una diversidad evolutiva maximice los servicios que se le prestan
al conjunto de la sociedad: alimentos, otros rubros productivos, mantenimiento
del paisaje rural, diversidad cultural.
* Una producción biodiversa está en mejor posición
de proveer calidad y cantidad para los mercados locales, nacionales
y regionales dentro de una economía en que prime la rentabilidad agraria.
La familia agrícola necesita que sus números cuadren, y una diversidad
de rubros deberían aportan seguridad alimentaria y una mayor estabilidad
en los ingresos.
* Seguridad alimentaria local, es decir, alimentos
en cantidad y calidad suficiente, de acuerdo a las costumbres, para
todos a través del año. Soberanía alimentaria a escala regional y nacional,
para no estar sujetos a los vaivenes y caprichos del libre mercado y
geopolíticas internacionales.
En vez de nuevas revoluciones/rupturas, proponemos una
evolución adaptada a las necesidades locales, que brinde bienes y ser
vicios en forma equitativa y sustentable a un mundo cada vez más integrado.
Una evolución agroecosistémica, biológica y cultural.
Nota:
1. Peter Rosset, Joseph Collins,
Frances Moore Lapp, ''Lecciones de la revolución verde: ¿Tecnología nueva
para acabar el hambre?", Revista del Sur, tema monográfico 'Agricultura
sustentable: el verdadero milagro', núm. 105/106, julio/agosto 2000, Montevideo.
http://www.revistadelsur.org.uy
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