| Incluso ante la crítica generalizada de los estragos
ecológicos y las amenazas para la salud que supone, la agricultura industrial está
siendo impuesta cada vez con más fuerza a través de todo el mundo, y especialmente en
años recientes con el empuje de la ingeniería genética. Los funcionarios de las
industrias y de los gobiernos usan la táctica de crear alarma sobre la explosión
demográfica para que se acepte una agricultura más intensificada y dependiente de los
productos químicos. La agricultura, según esta concepción, consiste en que los
exportadores más grandes del mundo de productos agrícolas, como los Estados Unidos y la
Unión Europea, produzcan industrialmente una reducida variedad de cultivos. Muchos
países dependerían de los mercados internacionales para abastecerse de alimentos, lo que
debilitaría la seguridad alimentaria local y causaría desintegración social.
Mientras tanto, los defensores de los sistemas de cultivo biodiversos y
sustentables afirman que éstos son mucho más productivos de lo que se suele reconocer y
que ofrecen una estrategia distinta para la intensificación con una sustentabilidad mucho
más larga. Sostienen también que los sistemas de producción y distribución que tienen
su base en el plano local están en mejores condiciones de proteger la biodiversidad
natural, la salud y el bienestar de las comunidades que los han creado. En el presente
artículo se examinan los argumentos en favor de los sistemas de cultivo locales
tradicionales1 del Sur2 que
ofrecen una alternativa realista al modelo industrial.
La agricultura industrial evalúa la productividad en función de los
rendimientos comparativos de unos pocos productos agrícolas muy concretos. Sin embargo,
desde la producción agrícola sustentable la productividad se define como la capacidad de
abastecer de alimentos y otros productos de calidad que se adaptan a las realidades
sociales y culturales, en forma estable y cantidad suficiente. Ateniéndonos a la
definición que acabamos de dar, hay tres elementos que son fundamentales para mejorar la
productividad sustentable de un sistema agrícola:
la biodiversidad del agroecosistema
el manejo integrado de recursos
el conocimiento local tradicional
La agricultura industrial rehuyó el modelo integrado que había
servido a los agricultores desde que comenzó la agricultura. En su lugar, optaron por un
método mecánico y simplificado que hizo estragos en el medio ambiente y en la vida de
los pueblos. En el centro de estas estrategias dirigidas por el Norte para modernizar
la agricultura se encuentra una concepción mecánica de la naturaleza que domina el
pensamiento científico desde la mitad del siglo XVII y hace hincapié en el pensamiento
lineal y la objetividad científica. Según este paradigma reduccionista la manera
de entender los fenómenos es descomponerlos en las diversas partes que los forman y se
los considera poco más que la suma de éstas.
El pensamiento reduccionista está en la raíz del estilo de
agricultura industrial que impulsó la Revolución Verde y fue lo que fomentó el
pensamiento jerárquico y arrogante en las estructuras de la investigación oficial
contemporánea: los científicos saben más que los agricultores, las variedades de alto
rendimiento (HYV)3 producidas en los laboratorios son mejores
que las locales y el sistema moderno de monocultivos supera a los métodos
integrados. Hace muy poco, en 1992, Norman Borlaug, cerebro de la Revolución Verde,
afirmó que "los especialistas en el desarrollo ... deben dejar de `fantasear' las
virtudes de la agricultura tradicional en el Tercer Mundo".
La productividad de la agricultura industrial se mide en función de
los rendimientos netos de determinados cultivos y ciertas partes de la planta. Se
sustituyen ecosistemas diversos y muy productivos por monocultivos, como el trigo en la
India o el eucalipto por todo el Sur. Se modifican genéticamente plantas y animales para
que aumente el volumen neto de determinados productos, como los granos en el trigo o la
leche en las vacas. Normalmente estas soluciones mágicas solo desplazan el
problema, que luego se manifiesta de diferente forma.
Durante la segunda mitad de este siglo ha ido creciendo el número de
científicos que ponen en tela de juicio el método científico. Los físicos modernos ven
la red material no como un simple sistema mecánico sino más bien como una compleja red
de relaciones. Se considera que el sistema es mucho más que la suma de sus partes. En la
agricultura, esto significa considerar la producción como la suma de los componentes del
agroecosistema y las relaciones complementarias que existen entre ellos, que deben incluir
a los humanos y su realidad social. Cuando se aborda el tema de la productividad del
agroecosistema desde una perspectiva sistémica, es necesario dar una definición más
amplia de la productividad, que abarque los siguientes elementos:
La producción total de recursos para el sustento de la familia
del agricultor, entre los que figuran los cultivos, los animales y los alimentos
silvestres, el combustible, los elementos medicinales, la vestimenta, los materiales de
construcción y la biomasa total.
La seguridad alimentaria, que significa que durante todo el año
y en el futuro se disponga de alimentos en cantidad suficiente y de buen valor nutritivo,
lo que puede complementarse con intercambios, salarios o acceso al mercado.
Un agroecosistema con capacidad de recuperación gracias a la
conservación de los recursos naturales y el uso sustentable, así como a la eficiencia en
el manejo interno de los nutrientes, el agua, el suelo y los recursos genéticos.
Los aspectos sociales, económicos y culturales de la comunidad
como un todo que forma parte del manejo y la estabilidad del ecosistema.
La biodiversidad aumenta la
productividad
En vez de reducir la biodiversidad, los sistemas tradicionales la
mantienen para tener garantizado durante todo el año el acceso a todo tipo de productos
que son esenciales para el sustento local. El rendimiento neto de los productos
específicos ocupa un segundo lugar en lo que respecta a garantizar la seguridad
alimentaria y la productividad a largo plazo. La población del Valle del Henwal, en la
India, dispone de 142 tipos de especies de uso alimentario, y en una sola aldea se
cultivan hasta 126 variedades de arroz. Cuando se les preguntó a las campesinas de Malawi
por qué cultivan tantas variedades de porotos, dieron una serie de razones entre las que
figuran muchos aspectos relacionados con necesidades y expectativas cotidianas: la
seguridad alimentaria mediante la diversidad, la garantía contra las malas cosechas
debido a la presión biótica y la no-biótica, la variedad de la dieta y diferentes
necesidades domésticas como el grado de aceptación en el mercado, el tiempo de cocción,
la maduración temprana y la calidad de la hoja. En el Cuadro 1 se puede ver que
hay muchas estrategias basadas en la diversidad biológica para aumentar la productividad
del agroecosistema, tanto en lo que se refiere a la disponibilidad del producto como al
aumento de la seguridad alimentaria.
Los sistemas agroforestales, como los perdurables y productivos
cafetales bajo sombra que existen en América Latina, desempeñan un papel fundamental en
las estrategias de conservación y utilización que siguen los agricultores (véase el
recuadro). El manejo que se emplea en las tierras secas de Zimbabwe entraña complejos
sistemas de rotación y asociación de cultivos. Esta estrategia aumenta la seguridad
alimentaria porque garantiza el éxito de algunos de los cultivos aunque se fracase en
otros, y además diversifica las opciones para la comercialización.
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El café: reconstituyente de la diversidad
biológica
Los cafetales tradicionales son bosques altamente estructurados,
gestionados por los agricultores. Normalmente están constituidos
por cuatro capas: en lo alto, árboles de follaje denso proporcionan
material orgánico que sirve para el reciclaje de nutrientes, el
control de la temperatura del microclima y el aumento del caudal
de agua. Esta capa suele estar formada, entre otras especies, por
leguminosas que juegan un papel en la fijación del nitrógeno. Se
puede hacer una segunda capa con árboles frutales -bananos, cítricos,
aguacateros- para tener una fuente de ingresos secundaria. Los cafetos
en sí constituyen la tercera capa. El espacio que quede en el suelo
puede utilizarse para alternar el cultivo de tubérculos como la
yautía, la malanga o el ñame. El control de la erosión inherente
a estos sistemas protege los cursos de agua y favorece el desarrollo
de especies acuáticas que son importantes fuentes de proteínas.
Además del ingreso periódico proveniente del café, estos sistemas
complejos e integrados proporcionan a la familia del agricultor
alimentos, combustible, materiales para la construcción, plantas
medicinales, dinero y otros elementos durante todo el año. Estos
bosques de café pueden durar décadas y necesitan poco mantenimiento,
el fertilizante químico se emplea poco o nada, muestran gran resistencia
a las fluctuaciones en el abastecimiento de agua y casi no tienen
problemas importantes en relación con enfermedades o plagas. Pueden
contener hasta cuarenta especies diferentes de árboles, tienen más
poblaciones de insectos que las zonas de bosque circundantes y cumplen
funciones importantes como refugio de fauna silvestre y aves migratorias.
Sin embargo, entre 1970 y 1990 la mitad de la superficie dedicada al
cultivo de café en el norte de América Latina fue reconvertida a plantaciones de
producción agroindustrial, a base de productos químicos, en su mayor parte monocultivo
sembrados al sol. ¿Por qué? Para aumentar la producción neta de granos de café. En
estos cafetales modernos, los productos químicos representan el 25% de los costos,
y el gasto de producción mayor lo constituye la mano de obra que no trabaja en la
cosecha. Las diferencias en la producción neta de granos pueden ser hasta de 4 a 1, pero
un estudio el costo de producción de un quilo de café cultivado al sol era de U$S 1.24
dólares, mientras que el del producido tradicionalmente era de US$ 0.85.
En América latina, la USAID (US Agency for International Development)
desempeñó un papel importante en dicha transición, en la que gastó U$S 181 millones
desde 1981 para lograr que los pequeños productores usaran las variedades de alto
rendimiento (HYV), aumentaran las aplicaciones de productos químicos y eliminaran la
sombra.
En los últimos años, la industrialización de la producción de café
ha recibido severas críticas debido, principalmente, a la erosión masiva, la
disminución en la disponibilidad de agua, el envenenamiento con sustancias químicas, la
destrucción de la biodiversidad, el acortamiento de los ciclos productivos del cafeto y
la disminución de la seguridad familiar. Los gobiernos deberían hacer frente a los
costos ambientales y sociales relacionados con este tipo de producción, que las
economías locales pagan al subvencionarlos indirectamente. El prestigioso National
Research Council de los Estados Unidos admite que "los cafetos sembrados bajo
sombra producen menos anualmente, pero la sombra agrega muchos años a la vida útil de
las plantas". Muchos pequeños y medianos productores de café están retomando
el cultivo diversificado a la sombra para reducir el empleo de insumos externos, los
riesgos y la pérdida de recursos naturales. En este proceso, algunos obtienen ingresos
mucho más altos en los mercados especializados de productos orgánicos.
FUENTE: Shade Coffee: A Disappearing Refuge for Biodiversity,
BioScience 46(8), 1996.
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Las consecuencias negativas resultantes de la Revolución Verde por
favorecer el monocultivo de variedades de alto rendimiento (HYV) están ampliamente
documentadas. La pérdida de diversidad genética que esto ocasionó, hizo que
desaparecieran muchas variedades adaptadas localmente y quedaran destruidos sistemas
agrícolas ancestrales, productivos y sustentables. Por ejemplo, no se prestó casi
atención a los alimentos básicos adaptados localmente, como el mijo en Africa y el
amaranto en América.
| CUADRO 1: Los sistemas locales basados en la
biodiversidad producen más |
| LUGAR |
EXPERIENCIA |
FUENTE |
| Africa |
Un estudio preliminar demostró que los rendimientos en hojas
de las hortalizas de hoja indígenas pueden ser iguales a las exóticas. El mismo estudio
demostró que las hortalizas indígenas eran tan nutritivas, o más, que las exóticas. |
J. Chweya, en actas del seminario CTA/IPGRI,
1992, Nairobi. |
| Bangladesh |
Experimentos en pequeños arrozales familiares con uso
intensivo y diversificado de los diques del arroz para el cultivo de hortalizas y árboles
condujo a incrementos de la disponibilidad de residuos de los cultivos y abono para el
manejo de la fertilidad, y de los ingresos familiares. |
K. Camp et al., ILEIA Newsletter 12(2),
1996. |
| Africa, Asia y América Latina |
Un análisis de proyectos en 20 países del Sur (1.93
millones de familias que cultivan 4,1 millones de hectáreas) tras la transición a una
agricultura basada en la biodiversidad con pocos insumos externos, indicó que los
rendimientos del trigo, el maíz y el sorgo-mijo duplicaron los de la agricultura de altos
insumos externos. |
J. Pretty, Regenerating Agriculture, EARTHSCAN,
Londres, 1995. |
| India |
El método de cultivo baranaja (doce semillas)
practicado tradicionalmente en el Himalaya central produce más alimentos que los
monocultivos de soja que fomentan las instituciones agrícolas. |
V. Shiva, ILEIA Newsletter 12(3), 1996. |
| India |
Un huerto familiar de 3/4 de bigha (1.214 m2)
con más de 40 especies proporciona el 50% del ingreso anual del establecimiento en
cualquier momento, aunque la familia tenga 5,5 bighas de banano y 4,5 bighas de cultivos
comerciales de maní y trigo. |
J. N. Sutariya, Honey Bee (India) 7(4), 1996. |
| México |
El alto grado de diversidad biológica del método chinampa,
sistema de cultivo en plataformas elevadas creado por los aztecas, explican en parte la
alta productividad. |
P. Torres Lima et al., Agriculture & Human
Values, 11(1), 1994. |
| Sureste de Asia |
La rotación de cultivos aumenta la productividad porque saca
provecho de las variables del medio ambiente haciéndolas corresponder con las de los
cultivos (ej. el control de malezas). Entre los cereales, cuanto mayor es la diferencia de
días que los cultivos necesitan para madurar, mayor es el beneficio que se obtiene:
aumento del rendimiento de 20-80%. |
G. G. Marten, Traditional Agriculture in Southeast Asia,
Westview Press, Londres, 1986. |
La propaganda de la Revolución Verde llevó a la casi mítica creencia
de que los rendimientos agrícolas solo podían aumentar utilizando variedades creadas en
los laboratorios. Sin embargo, incluso antes de que salieran las primeras variedades de
`superarroz' de los laboratorios del Instituto Internacional de Investigaciones sobre el
Arroz (IRRI), con sede en Filipinas, un científico indio de renombre internacional había
documentado la existencia de variedades seleccionadas y mejoradas localmente. Los datos
sobre el rendimiento de éstas igualan y hasta superan a las tan aplaudidas variedades de
alto rendimiento. Una investigación más reciente sobre la recuperación de las
variedades locales de maíz, que llevó a cabo en Brasil el Proyecto de Tecnologías
Alternativas (PTA), una red local de ONGs, con el apoyo del EMBRAPA, organismo nacional de
investigaciones agrícolas, demostró que las variedades locales obtenidas por selección
podían igualar o superar a las variedades de gran rendimiento con costos de producción
inferiores.
Pese a la introducción masiva -y a menudo forzada- de las variedades
de alto rendimiento en el Sur, muchas veces los agricultores se opusieron a sembrarlas. En
los casos en que las presiones del gobierno y el mercado vencieron esa resistencia, muchos
agricultores siguieron usando sus variedades tradicionales, al menos, para el consumo de
la familia y la comunidad. En Zimbabwe, a pesar de la introducción a gran escala de
híbridos, los campesinos siguen cultivando las variedades de polinización abierta que
están mejor adaptadas a las condiciones locales. A través de estudios realizados por el
Centro Internacional de la Papa (CIP) y el Centro Internacional para Mejoramiento del
Maíz y el Trigo (CIMMYT) se ha demostrado que hasta los campesinos más pobres y aislados
no adoptan las recomendaciones técnicas si éstas no se ajustan a las condiciones
naturales y socioeconómicas concretas en las cuales trabajan.
La comunidad científica occidental por fin ha reconocido esta realidad
y ha descubierto las múltiples funciones de los componentes de un agroecosistema y
las relaciones sinérgicas que existen entre ellos. Muchos organismos vivos que no tienen
importancia comercial sirven como polinizadores, dispersadores de semillas, reductores de
materia orgánica y agentes para el control de plagas y enfermedades. Dentro de esta
diversidad ecosistémica la diversidad genética de las variedades agrícolas tiene un
efecto amortiguador que estabiliza o mejora la productividad a largo plazo. Lo que han
demostrado las comunidades agrícolas locales, ahora merece el reconocimiento oficial: que
los sistemas integrados tienen gran estabilidad y resistencia gracias a la diversidad
estructural.
Un aspecto que la Revolución Verde y sus pretensiones de aumentar la
producción neta de alimentos pasó por alto fue la calidad nutritiva del producto. En el
sur de Asia, ha aumentado la ingesta neta de calorías pero la de hierro y la de otros
nutrientes esenciales ha disminuido. Esto se atribuye directamente al hecho de que las
variedades de arroz, trigo y maíz de la Revolución Verde normalmente contienen pocos
oligoelementos esenciales como los minerales y las vitaminas. Las comunidades ya no tienen
acceso a las frutas, hortalizas, legumbres y variedades locales de cereales de las que
tradicionalmente sacaban los micronutrientes esenciales para sus dietas. La mala salud, la
lentitud mental y motriz de muchos niños que se padece en algunos países del Sur, se han
vinculado, entre otros factores, a las carencias de hierro, zinc y vitamina A. Mientras
tanto, hay estudios que muestran que los cultivos procedentes de una agricultura más
diversificada, realizados en suelos abonados orgánicamente tienen entre un 20 y un 30%
más de micronutrientes que los que proceden de una agricultura que se basa en productos
químicos.
La estabilidad agroecosistémica con la consecuente reducción de
riesgos y la seguridad alimentaria y de sustento para las comunidades es prácticamente
imposible de lograr en los campos dedicados al monocultivo y los ecosistemas de poca
diversidad que fomentan los institutos de investigación y los servicios de extensión de
las transnacionales. Como dijo el Dr. Fetein Abay, del Mekelle University College de
Etiopía, "la seguridad alimentaria no debería fomentarse solamente con el
objetivo de aumentar la productividad: tiene que ir unida al manejo sustentable y la
conservación de la diversidad biológica".
El manejo integrado de los recursos
La industrialización de la agricultura se ha caracterizado por un
enfoque parcial de la producción, que se centra principalmente en características
agronómicas aisladas. Si surgen problemas por plagas o enfermedades, las soluciones
consisten en introducir los agentes químicos más poderosos que existen o seleccionar
algunos genes para desarrollar una resistencia vertical. La misma estrategia se aplica al
control de malezas, la fertilización, el manejo del suelo, etcétera.
Aplicar métodos mágicos para solucionar problemas aislados
tiende a reducir la actividad general del agroecosistema, a la vez que se externalizan los
costos económicos, ambientales y de salud. T. T. Chang, que fue un genetista importante
del IRRI declaró que "Han sido ampliamente documentadas las enormes pérdidas en
las cosechas de maíz, trigo y arroz sufridas desde principios de la década de 1970
debido a los graves daños causados por enfermedades y plagas como consecuencia de la
uniformidad de las variedades". En Filipinas, se ha relacionado directamente el
uso de plaguicidas con la reducida productividad del arroz cuando se cuentan como costos
de producción los costos de salud que van asociados. Aunque la agricultura siempre será,
por definición, una intervención humana en la naturaleza, la agricultura industrializada
moderna destruye el equilibrio del ecosistema, a veces de modo irreparable. Las
comunidades locales manejan los nutrientes, el agua y la lucha contra las plagas y
enfermedades con mucha más eficacia.
La mayoría de los métodos agrícolas creados por las comunidades
tienen como objetivo lograr una estabilidad que conduzca a una producción sostenida, y la
conservación de los recursos a través de un uso sustentable. Al aumentar lo más posible
la diversidad biológica gestionando de forma integrada los cultivos, la vegetación
perenne, la fauna del suelo, y el ganado y la fauna silvestre, las relaciones complejas y
sinérgicas aumentan la resistencia total del agroecosistema. Muchos de los métodos
empleados, como la rotación de cultivos, los abonos verdes, el manejo de residuos
orgánicos y los sistemas de labranza cumplen múltiples funciones para la mejora del
suelo y su contenido de nutrientes. Cuando se integran en el sistema de cultivo los abonos
verdes, la mayor diversidad biológica del campo se convierte en un elemento que forma
parte integral del manejo del suelo, las plagas, las malezas, los nutrientes y el agua.
Algunos sistemas localmente adaptados han sido probados durante cientos
y miles de años. El trabajo invertido en la mayoría de las técnicas utilizadas cumple
múltiples propósitos. En Bolivia, los estanques para captación de agua, de reciente
reintroducción, han fomentado la diversificación de los cultivos, la mejora de la
nutrición y una mejora de la situación económica de la comunidad. En el sureste de
Asia, el antiguo sistema de cultivar el arroz en terrazas sigue proporcionando variedad de
alimentos y otros productos para el sustento de las familias campesinas. En Perú, los
campos de cultivo incas llamados waruwaru, que han sido restablecidos, aumentan la
calidad y la fertilidad del suelo, reducen los problemas de plagas, gestionan la
disponibilidad del agua, elevan en un 40% los rendimientos de la papa y aumentan los
beneficios económicos de los agricultores.
Las comunidades agrícolas también usan múltiples componentes
bióticos para aumentar la estabilidad y la productividad. En la parte occidental de Java,
el tradicional Kebuntalun aumenta la producción total y cumple múltiples
funciones al alternar el cultivo de productos agrícolas y árboles. La eficiencia de la
utilización de recursos en los sistemas de cultivo integrados significa que la ganadería
tradicional del Sahel supera a la de Estados Unidos y Australia bajo las mismas
condiciones climáticas. En el cuadro 2 se dan otros ejemplos de cómo el manejo de los
recursos de manera integrada favorece el incremento de la productividad.
| CUADRO 2: Aumento de productividad por el
manejo integrado de los recursos |
| LUGAR |
EXPERIENCIA |
FUENTE |
| Bangladesh |
Una mayor diversificación de los arrozales, por ej.
utilizando los diques como canteros elevados o para el cultivo de árboles, aumenta las
fuentes de combustible, la productividad y el ingreso. |
K. Kampet al., ILEIA Newsletter 12(2),
1996. |
| Burkina Faso |
La cubierta orgánica aumenta la fertilidad del suelo y
conserva la humedad. En un estudio llevado a cabo entre 49 familias de la provincia de
Samatenga, se comprobó que en los campos con cubierta orgánica los cultivos
aumentaron la producción en un 36%. |
M. Slingerland, IKDM, 4(2), 1996. |
| China |
Las terrazas y los camposrepresa son técnicas tradicionales
y sustentables con pocos insumos externos para impedir la erosión y almacenar agua. Los
campos dispuestos en terrazas producen 30-50% más que las pendientes; los campos-represa
3-5 veces más. |
Xia Quan et al., IKDM, 4(2), 1996. |
| Honduras |
La asociación de maíz y el poroto aterciopelado en laderas
produjo maíz con aproximadamente un 30% menos de costo que los establecimientos modernos
con uso intensivo de insumos externos (tractores, híbridos y productos químicos). |
F. Shaxson y otros,ODI/NRP 19, 1997. |
| India |
Para luchar contra una maleza perenne (Cyterus), que es
difícil de eliminar incluso con herbicidas, se usan cerdos. Los cerdos cavan y comen los
tubérculos por los que se reproduce dicha maleza en los arrozales en barbecho. Los
animales aumentaron su peso y la producción de leche. Unos 25-30 animales pueden sacar
los tubérculos de 4.000 m2 en un día. |
ILEIA Newsletter 12(2), 1996. |
| Africa subsahariana |
El aumento de los residuos y la cubierta vegetal que resultan
de los mayores rendimientos puede generar una espiral ascendente de mejora de la
productividad del suelo. |
F. Shaxson et al., ODI/NRP 19, 1997. |
Hay cada vez más evidencia de que la agricultura industrial agrava los
problemas demográficos con su modo de aumentar los rendimientos. Al reducirse el empleo,
se desplazan las comunidades rurales, que van a sumarse al número de pobres rurales y
recién urbanizados. Hay estudios recientes que demuestran que puede lograrse una
intensificación sustentable aunque aumente la presión demográfica. El crecimiento de la
población es compensado con una mayor oferta de trabajo, lo que a su vez fomenta una
mejor utilización de los recursos en el plano local. Hace siglos, la cultura maya de
Yucatán, México, alcanzó densidades de población mucho más grandes que las que
soporta hoy la misma zona, en parte por el desarrollo de huertos familiares biodiversos e
intensivos y el ordenamiento forestal, sistemas que comprendían una compleja selección
genética4. La población del distrito de Machakos, Kenia, se
quintuplicó desde la década de 1930 y se ha asociado este fenómeno con el incremento de
la productividad y la cubierta forestal, y la mejora de la conservación de los recursos
de la tierra y del agua. En Kano, Nigeria, el crecimiento demográfico condujo a una
intensificación productiva y sustentable (véase recuadro).
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La agricultura integrada aumenta la producción
Se ha discutido mucho si la agricultura podrá sostener
la población creciente de la semiárida Africa occidental sin dañar
el ambiente ni pasar a la agricultura de alto insumos externos.
Preocupa especialmente la competencia por los escasos recursos entre
agricultores y pastores. Sin embargo, la zona densamente poblada
de Kano, en el norte de Nigeria, ha soportado un cultivo intensivo
durante muchos años sin que la tierra haya sufrido un empobrecimiento.
El sistema agrícola local de Kano se basa en los cultivos, el ganado y
los productos forestales. Pero a medida que aumentó la superficie dedicada al cultivo
disminuyeron los períodos de barbecho, menguó la fertilidad del suelo y se redujeron las
tierras para el pastoreo. La transición desde unas explotaciones ganaderas o agrícolas
aisladas a una integración entre la ganadería y la agricultura se produjo cuando el
aumento de la población proporcionó más mano de obra. La pérdida de fertilidad del
suelo se superó empleando más trabajadores para el reciclado de nutrientes. Se recogen
los residuos de los cultivos de leguminosas, que sirven de forraje para el ganado, y se
transporta el abono a los campos para fertilizarlos. De este modo, se ha intensificado y
aumentado la producción pese al crecimiento de la presión demográfica.
Fuente: Frances Harris, 1996, IIED Gatekeepers Series Nº 59,
Londres.
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Este enfoque integrado y multidimensional de la agricultura gana
creciente credibilidad entre los 'expertos' del sector oficial. Instituciones como el
Banco Mundial y el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR,
por su sigla en inglés) han incorporado algunas estrategias de manejo integrado de
plagas, malezas, agua y nutrientes.
Los sistemas de conocimiento y
la biodiversidad
Uno de los errores evidentes de la investigación agrícola moderna ha
sido despreciar casi por completo el conocimiento tradicional sobre los sistemas de
cultivo. Al conocimiento local se lo ha mirado por encima del hombro y pasado por alto en
su mayor parte. Las mujeres agricultores -que en muchos lugares son la mayoría-
normalmente son las que más saben sobre los cultivos locales y la microadaptación
agroecosistémica, y además a menudo controlan los vínculos entre la producción
agrícola y la economía familiar. Sin embargo, la agronomía y los programas de
desarrollo, bajo dominio masculino, suelen no hacer caso de las agricultoras, cuyo
conocimiento se valora frecuentemente como no científico, y mas bien como primitivo
o intuitivo.
Sólo recientemente la investigación reduccionista aplicada ha llegado
a reconocer que los métodos tradicionales de cultivo son muy complejos y apropiados. Los
científicos del sector oficial, frente a las pruebas irrefutables, finalmente han salido
a valorar las maneras tradicionales de procurarse el sustento, resultado del manejo
inteligente de los recursos que las comunidades locales han llevado a cabo a lo largo de
muchas generaciones. Ahora se reconoce que ese conocimiento tradicional ofrece aportes
importantes sobre cómo manejar agroecosistemas complejos.
Lo que la ciencia occidental no ha entendido todavía -y tal vez no
pueda hacerlo, por las limitaciones conceptuales que le son inherentes- es que muchas
comunidades locales tradicionales han elaborado cosmovisiones por las cuales la naturaleza
y los humanos son considerados partes de un todo. Para los indígenas que habitan la selva
del norte del Amazonas no existe el concepto de vivir en armonía con la naturaleza: la
naturaleza es considerada una extensión de la naturaleza humana y cualquier daño que se
le haga repercutirá en la propia vida de la persona. Muchas comunidades locales andinas
descendientes de los incas expresan esto con el concepto de crianza recíproca. Los
humanos cuidan de todos los aspectos del medio ambiente, el cual a su vez cuida de ellos. Cultura
y naturaleza son indivisibles y se nutren mutuamente.
El desarrollo agrícola tradicional local se basa en la
microadaptación agroecosistémica. Cultivos, árboles, especies silvestres y animales
siguen ritmos complejos según las condiciones edafológicas, hídricas, climatológicas,
topográficas y socioculturales. Esto tiene consecuencias directas para el desarrollo
tecnológico, que normalmente se configura de acuerdo a las realidades locales. Muchos
intentos de extensión de tecnologías externas han fracasado porque las familias
campesinas tienden a no adoptar técnicas aisladas. Los agricultores siempre han
manifestado gran curiosidad por la innovación técnica y las nuevas semillas -sean
tradicionales, mejoradas o las variedades de alto rendimiento (HYV)- pero la integración
se hace cuidadosamente para no perturbar la capacidad de adaptación del sistema. Los
agricultores se sienten a gusto cuando dominan la innovación y sienten que les pertenece.
El rechazo de la nueva tecnología puede no tener nada que ver con las características
intrínsecas de ésta, sino más bien con la prudencia socioeconómica ante las presiones
externas -como las políticas estatales, la extensión empresarial y la integración a los
mercados- que se consideran perturbadoras.
Nuevas prioridades
La evidencia recogida en esta revisión de una pequeña parte de la
literatura disponible, tanto del sector formal como del informal, demuestra claramente que
un manejo del agroecosistema basado en la biodiversidad es el método más apropiado para
aumentar al máximo la productividad agrícola total y garantizar la seguridad
alimentaria. El éxito probado de una gestión integrada basada en la biodiversidad brinda
argumentos importantes para contrarrestar a los especialistas del sector oficial y las
empresas trasnacionales, los cuales insisten en nuevas soluciones mágicas para el
desarrollo agrícola. Hace falta que más científicos y técnicos agrícolas se unan a
los agricultores para construir puentes participativos que partan del conocimiento y la
tecnología tradicional, base de unos sistemas productivos que tienen la sanción positiva
del tiempo.
Hay muchos ejemplos que demuestran que las familias que cultivan la
mayor variedad de cultivos y tienen sistemas integrados tienen más seguridad alimentaria
que las que han aumentado la superficie donde plantan variedades modernas con insumos
externos. Como dice Sakiavan Oosterhout, del Centro de Investigación Agrícola de
Zimbabwe, "no hay duda de que la diversidad de cultivos afecta la seguridad
alimentaria familiar de manera importante". La seguridad alimentaria debe seguir
basándose en la producción y la distribución descentralizada y no en mercados
internacionales inestables y no reglamentados.
Hay cuatro aspectos a los que se debe dar prioridad al definir futuras
líneas de actuación en materia de política pública:
La conservación y el uso sustentable de la biodiversidad son
inherentes a los sistemas agrícolas de las comunidades tradicionales y deben constituir
la base de las políticas en materia de agricultura y seguridad alimentaria.
La investigación agrícola debe evolucionar a través de
estrategias participativas a partir de los agricultores, mediante las que los científicos
y los técnicos pasan a ser co-partícipes en el aprendizaje.
Deben ponerse a disposición de las comunidades agrícolas
locales y sus organizaciones los medios que les permitan controlar, conservar, documentar
y mejorar sus recursos y su conocimiento.
Son necesarios, tanto en el plano local como en el
internacional, mecanismos jurídicos eficaces que protejan los sistemas agrícolas locales
y el conocimiento asociado, afirmando y devolviendo a las comunidades el control de sus
recursos y el derecho a ellos.
Existen múltiples evidencias sobre la viabilidad técnica, biológica,
económica, social y cultural de alimentar a la gente de manera sustentable mediante
sistemas agrícolas basados en la biodiversidad. Lo que falta es la voluntad política de
actuar.
Se puede solicitar a GRAIN una versión más larga de este
artículo, incluyendo la lista completa de bibliografía consultada (solamente disponible
en inglés). Este trabajo está basado en una investigación que lleva a cabo actualmente
Nelson Alvarez, quien recibirá con agrado comentarios y/o otros ejemplos que demuestren
cómo la biodiversidad agrícola aumenta la productividad.
Notas:
1. Las palabras local y tradicional crean cierta
confusión; aquí las usamos juntas o por separado para referirnos a los sistemas
agrícolas que se basan principalmente en las técnicas y el conocimiento originados en
cada localidad. La palabra "tradicional" no necesariamente se refiere a
sistemas muy antiguos y la empleamos para diferenciar entre los sistemas agrícolas
basados en la comunidad de la tecnología agrícola vertical que promueven las
instituciones de investigación oficial contemporáneas.
2. La mayoría de los argumentos que se discuten en el
presente artículo son aplicables también a la agricultura de Europa y América del
Norte, pero los contextos particulares de éstas quedan fuera del ámbito de este
artículo.
3. La expresión "variedades de alto
rendimiento" (HYV por su sigla en inglés) que se usa comúnmente, es una
definición que induce a error porque sólo dan grandes rendimientos si se las cultiva
junto con insumos químicos caros y dañinos para el medio ambiente, como fertilizantes y
plaguicidas. Algunos emplean, en su lugar, la expresión "variedades de altos
insumos" (HIV).
4. Aunque los sistemas agrícolas mayas dieron muy
buenos resultados, actualmente se debate acerca de la posible decadencia de esa
civilización, a la que algunos arqueólogos atribuyen un centralismo por el cual, en el
último período, se procedió a una vasta deforestación.
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