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Voces de África

Mamadou Cissokho e Ibrahim Coulibaly | 16 April 2011 | Biodiversidad - Abr 2011

Déjennos trabajar y alimentaremos a África

Mamadou Cissokho

Hubo un tiempo en que los Estados africanos apoyaban a sus campesinos. Y luego vino un tiempo de sequía para los Estados, que se vieron endeudados. Entonces, fueron puestos bajo la tutela del FMI y el Banco Mundial. “Privaticen, liberalicen, abran bien grandes sus fronteras”, nos dijeron, dándonos a entender claramente que, a partir de este momento, la gestión de los asuntos económicos de nuestros países ya no nos incumbía. Fue en ese momento que el Estado desapareció: no más asesoramiento, no más créditos, nada más para nosotros, los campesinos. Al mismo tiempo, Europa se hundía bajo los excedentes agrícolas. ¿Y qué fue lo que pasó? Inundaron con ellos nuestros países. Nosotros, los campesinos, sin subvenciones, sin ayudas, de repente tuvimos productos demasiado caros frente a la competencia desleal de los productos de los campesinos europeos, que tienen muchas subvenciones. Despojados de medios de subsistencia, los campesinos fueron barridos a las ciudades para engrosar las filas de los miserables. Entonces, para que los habitantes de las ciudades no se rebelaran, se justificó con bajos precios la entrada masiva de productos agrícolas. Pero al mismo tiempo mataban a los campesinos locales.

Después nos inundaron con expertos, para ayudarnos. Nos dijeron que no éramos competitivos porque seguíamos usando la daba (la azada). Pero no hubo nadie que nos diera nada. Y sin sostén, sin apoyo, nos quedamos por completo librados a nuestra suerte. Los programas de reajustes estructurales rompieron la confianza entre el Estado y los campesinos, que sin embargo suministraban la mayor parte del Producto Interno Bruto. Nosotros pensamos: si ya no hay Estado, si ya no quedan estructuras que nos apoyen, tenemos que cuidarnos solos. Fue en este contexto que nacieron las organizaciones de productores agrícolas tal como las conocemos hoy. Los movimientos de los campesinos indignados por su situación, se originaron en los poblados, y llegaron a nivel nacional. En aquella época, el estatus de campesinos estaba tan devalorado que si le preguntaban a un campesino qué oficio tenía, contestaba: “no tengo oficio”: así de intenso era su sentimiento de no ser nada.

Hemos remontado muchos obstáculos con tal de mejorar nuestra situación. Pero tenemos que seguir luchando por sobrevivir. Ahora el reto es combatir el acaparamiento de nuestras propias tierras a manos de países extranjeros y empresas privadas. Estas tierras son malbaratadas por nuestras autoridades, muy a menudo  por la presión de los más altos responsables del país. Intentamos presionar a nuestros dirigentes locales para que dejen de vender nuestras tierras al mejor postor. Pero en Senegal, el movimiento campesino que lucha contra el acaparamiento de las tierras sigue siendo demasiado débil, sobre todo porque falta información. Hemos exigido que nos reconozcan el derecho de las familias a explotar las tierras que ocupan, que los espacios de sabana de cada poblado, sean reconocidos como propiedad de la comunidad, que los demás espacios que rodean el pueblo se consideren bienes comunitarios administrados entre todos nosotros.

Entonces nos dicen: si eso sucede, no vendrán los inversionistas, porque no se sentirán seguros. Así que, para atraer inversionistas, ¿debemos no ser nadie en nuestras tierras? Si un inversionista viene a nuestra casa, debe gozar de absoluta seguridad. ¿Por qué todos pueden tener seguridades y nosotros no? ¿Por qué los campesinos no tienen ninguna garantía? Nadie se preocupa por nosotros; si tenemos problemas, vamos a la mezquita o a la iglesia a rezar. Nada más. Pero la economía debería ser justa para todos, no sólo para los inversionistas extranjeros. ¿Cómo alimentar a África? Nosotros, los campesinos, lo sabemos muy bien: simplemente déjennos trabajar, sin ponernos trabas a cada momento como la OMC, el Banco Mundial, el FMI, la liquidación de nuestras tierras, las semillas transgénicas, y todos esos expertos que nos fastidian.

 

Traducción: Amandine Semat

Mamadou Cissokho, es presidente honorario de la Red de las Organizaciones Campesinas y de Productores de África del Oeste (ROPPA)

 

El acaparamiento de tierras en Mali

Ibrahim Coulibaly

El acaparamiento de tierras es un problema que se ha acelerado desde la crisis alimentaria de 2008. Se ha convertido en un problema muy grave en Mali, donde, en pocos años, hemos visto casi 700 mil hectáreas cedidas por el gobierno a empresas extranjeras, Estados extranjeros o a los llamados inversionistas nacionales.

Lo que tenemos que entender, es que esta tendencia hacia el acaparamiento de tierras juega a la derecha en la línea de las políticas neoliberales, ya que quieren hacer creer a la gente que los campesinos no pueden darnos de comer. Ése fue el mensaje de los gobiernos después de la crisis alimentaria: que tenemos que aumentar la producción de alimentos. Pero si eso fuese cierto, creo que fueron esas mismas políticas, aplicadas en nuestros países durante los últimos 30 años por el Banco Mundial y el FMI, que no permitieron alimentar a nuestros países. Y no vamos a resolver el problema de la alimentación al entregarle tierras a los intereses extranjeros. Sobre todo porque la crisis alimentaria ha demostrado que los países que dependían del mercado para su suministro de alimentos quedaron muy vulnerables. Así que realmente era el momento para fortalecer la agricultura local, invertir en la agricultura familiar, con el fin de producir más, o mejor aún, alimentar a nuestros países.

En su lugar, se decidió entregar tierras a Estados que tienen problemas de suministro de alimentos. Cuando un Estado como Libia, que no tiene agua y cuyas tierras son totalmente improductivas, llega a tener más de 100 mil hectáreas de tierras agrícolas en Mali, no es para producir alimentos para los malienses, eso es obvio. Entonces ¿por qué el Estado de Mali cede nuestras tierras más productivas y mejor irrigadas a intereses extranjeros o a países que las necesitan para producir sus alimentos? Eso es lo que denunciamos.

Una cosa que queda clara es que todo esto se debe a la pérdida de control sobre la formulación de políticas y su aplicación a nivel nacional. En otras palabras, todas las ideas que dan forma a las políticas de nuestro Estado son dictadas desde el exterior.

Daré un ejemplo. Fue el propio presidente de la República, quien decidió asignar tierras a la región conocida Office du Niger, lo cual es para nosotros totalmente anacrónico. No es el papel o el trabajo de un jefe de Estado ceder tierras agrícolas. Y hay normas para la adecuada gestión de estas tierras que “pertenecen”, por así decirlo, al Estado de Mali. Hay un decreto, casi una ley, que define cómo administrar estas tierras.

Pero ahora estas reglas fueron dejadas de lado, porque el presidente de la República, ante la insistencia del Banco Mundial, ha creado un Consejo Presidencial para la Inversión. ¿Qué es este Consejo Presidencial para la Inversión? Es un mecanismo que se puso en marcha con el fin de acelerar el proceso de inversión en nuestros países. Tenemos uno en Mali, muchos países africanos tienen uno, son una creación del Banco Mundial. Y ¿qué hacen? Nuestros jefes de Estado básicamente contratan gerentes muy jóvenes, licenciados recién salidos de universidades estadounidenses que viven en un planeta completamente diferente, que no saben nada acerca de las realidades de nuestros países y que sólo han realizado estudios de administración o afines. Son reclutados y se convierten en asesores presidenciales de inversión.

Así que cualquiera que venga con dinero, incluso si se trata de dinero de la droga, mientras que traiga dinero, le despliegan la  alfombra roja. Eso es sumamente peligroso. Creemos que mañana será posible que el dinero de la droga tome el poder en nuestro país porque nadie está buscando o tratando de entender quién entra. Tan pronto como llega el dinero, las puertas se abren de par en par y se entregan las tierras de cultivo muy fácilmente, sin transparencia.

No podemos aceptar esto. Especialmente porque se trata de problemas relacionados con la tierra. Y hay muchos seres humanos que viven en estas tierras. Estamos hablando de miles de pueblos, millones de personas que siempre han existido: pastores, campesinos, pescadores que se encuentran en estos territorios desde hace milenios. Ellos tienen derechos. Nadie puede negarles sus derechos.

Es por eso que nos hemos movilizado. Hicimos una gran movilización el 22 de noviembre de 2010 para demostrar que no vamos a aceptar esto, nunca vamos a aceptar esto.

Para mí, no hay otro término. La apropiación de tierras es bandolerismo de Estado. Tenemos que tratarlos como bandidos porque tratan de apoderarse o tomar el único recurso que les queda a los pobres y dárselo a los que ya tienen demasiado, los que ya son extremadamente ricos. Y eso es inaceptable.

Entrevista con Ibrahim Coulibaly, miembro de CNOP, Mali, Foro Social TV, Le Temps, 9 de febrero 2011

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